domingo, 22 de marzo de 2009

EL INTERIOR CRÍTICO


Nos pasamos la vida enjuiciando todo lo que nos rodea, y a todos los que se nos acercan.
Enjuiciamos bajo una única visión, nuestra "lupa de la vida".
Lupa que es producto de nuestras propias experiencias, de nuesta forma de evaluar todo aquello que nos pasa o que ya nos pasó.
El cerebro más antiguo, llamado límbico, se encarga gracias a este tipo de juicio evaluativo continuado de ayudarnos en la tarea de la supervivencia.
El problema nos viene cuando perdemos la capacidad de gestionar conscientemente este sistema enjuiciativo.
Y nos sentimos, como si de una patología se tratara, con el derecho absoluto a criticar todo lo que a nuestro alrededor esté pasando, a generar prejuicios, en la mayoría de las ocasiones bajo el control de las emociones subjetivas que ponene etiqueta de lo que debe y no debe de ser, de lo que se debe y no se ddebe de hacer , de sentirnos con el derecho adquirido por nosotros mismos de opinar y criticar todo eso que los demás deciden para su vida.

Esto me viene a la mente hoy porque en este largo fin de semana he visto multiples declaraciones televisivas, en clave de política, o de religión, o de cotilleo, o de ..., que estaban basadas exclusivamente en el punto de vista " único ", del que las comentaba, expresadas además de forma que se permitían cancelar las alternativas validas que otros pensamientos podían tener con el mismo derecho y legitimidad.

Así NO se CreA
Así NO se CrecE

Esto me recuerda una parábola a modo de cuento que mi amigo y socio, Juan Mateo, recogió en su fantástico libro " Cuentos que mi jefe nunca me contó ".

Decía así :

Un viejecito salió de viaje con su nieto al que llevaba montado en un burro.
Al pasar por el primer pueblo la gente al verles comentó :
" Mirad ese chico maleducado: montado en el burro mientras el pobre viejecito va andando ".
Al escucharlo el niño le dijo a su abuelito que mejor que fuera él quien montara el burro para que la gente no criticara.
Así hicieron. Montó el viejecito en el burro y el niño empezó a ir andando junto a ellos.

Al pasar por el siguiente pueblo la gente comentó :
" ¡ Que verguenza ! , ese viejo deja que la criatura tire del burro mientras él va montando tan agusto en el burro ".

Tomaron la decisión de montarse los dos en el burro.
Y al pasar por otro pueblo la gente dijo:
" Que mal , pobre burro. Los dos encima y el animalito sufriendo. Ya podría bajarse al menos uno de ellos ".

Al oír el viejecito este comentario le pidió al niño que bajara del burro y que irían los dos andando a partir de ese momento,...sería la forma de acabar con tanta crítica.

Pero al pasar por el último pueblo ayeron como la gente decía :
" ¿ Quién es más burro, el animal o los dos memos estos ?
¿ Cómo puede ser que tengan un burro y vayan andando ?
¡ Serán idiotas ! ".

Así somos ... nos sentimos siempre autorizados a comentar y criticar lo que otros deciden hacer, pensar , sentir, vivir.
Si nos dieran 1 $ por cada crítica infundada que hacemos al día, innecesaria e incluso injusta, seríamos multimillonarios.

Añade a esto además, que con quien somos más críticos y generadores de juicios es con nosotros mismos.
Se sabe que esto es uno de los grandes provocadores de auto-malestar. De no encontrarnos bien ni con nosotros mismos.
¿ Cómo poder llegar a vivir con cierta tranquilidad espiritual y felicidad si no nos dejamos de criticar, de valorar, de enjuiciar ?

En multiples ocasiones : ¡ Somos nuestro peor enemigo !

Amigo/a :
TEN CUIDADO CON LO QUE TE DICES



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