lunes, 7 de diciembre de 2009

Los dientes del sultan


En un país muy lejano, al oriente del gran desierto vivía un viejo Sultán,
dueño de una inmensa fortuna.
El Sultán era un hombre muy temperamental además de supersticioso.

Una noche soñó que había perdido todos los dientes.
Inmediatamente después de despertar, mandó llamar a uno de los sabios
de su corte para pedirle urgentemente que interpretase su sueño.
- ¡Qué desgracia mi Señor! - exclamó el Sabio -
Cada diente caído representa la pérdida de un pariente de Vuestra Majestad.
- ¡Qué insolencia! - gritó el Sultán enfurecido
- ¿Cómo te atreves a decirme semejante cosa?
¡Fuera de aquí!

Llamó a su guardia y ordenó que le dieran cien latigazos, por ser un pájaro de mal agüero.

Más tarde, ordenó que le trajesen a otro Sabio y le contó lo que había soñado.
Este, después de escuchar al Sultán con atención, le dijo:
- ¡Excelso Señor! Gran felicidad os ha sido reservada.
El sueño significa que vuestra merced tendrá una larga vida
y sobrevivirá a todos sus parientes.

Se iluminó el semblante del Sultán con una gran sonrisa
y ordenó que le dieran cien monedas de oro.

Cuando éste salía del Palacio, uno de los consejeros reales le dijo admirado:
- ¡No es posible!
La interpretación que habéis hecho de los sueños del Sultán
es la misma que la del primer Sabio.
No entiendo por qué al primero le castigó con cien azotes,
mientras que a vos os premia con cien monedas de oro.

- Recuerda bien amigo mío -respondió el segundo Sabio-
que todo depende de la forma en que se dicen las cosas...

La verdad puede compararse con una piedra preciosa.
Si la lanzamos contra el rostro de alguien, puede herir,
pero si la enchapamos en un delicado embalaje y la ofrecemos con ternura, ciertamente será aceptada con agrado...

- No olvides mi querido amigo --continuó el sabio--
que puedes comunicar una misma verdad de dos formas:
la dañina que sólo recalcará el lado negativo de esa verdad;
o la beneficiosa, que sabrá encontrarle siempre el lado positivo a la misma verdad.

Como la Luna todo tiene dos caras, ...al menos.
También las formas como nos comunicamos
con los demás tiene dos caras.
Ese "como" hace que la relación que establezcamos
con los otros sea para unir o para alejar.
De ese "como" depende casi toda la
interpretación perceptiva
que se reciba.

No debemos olvidar, además, que más del 60% de media
de lo que comunicamos en cada una de nuestra intervenciones
no es a través del lenguaje oral.

Esto me viene hoy a la cabeza después de oir una conversación
a unos amigos. Conversación de esas que se producen entre sordos
del más interno de los oidos.
Y de ahí recordé este cuento extraído del famoso libro de
" Las mil y una noche ".




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