domingo, 25 de abril de 2010

VOLAR


Todos tenemos derecho a volar; derecho a experimentar el tremendo
potencial que poseemos dentro. A probar y equivocarnos si fuese necesario...
Tenemos el deber de abandonar la rama en la que ya no somos felices y cambiar.
A buscar otros horizontes, otros cielos.

Decía así un cuento que leí no hace mucho...

Había una vez una rey que recibió como regalo dos magníficos halcones.
Eran halcones peregrinos, las aves más hermosas que se hayan visto jamás.
El rey entregó las preciosas aves al maestro de cetrería para que las entrenara.

Pasaron unos meses y un día el maestro de cetrería le informó al rey
que uno de sus halcones estaba volando majestuosamente, planeando alto los cielos,
pero que el otro halcón no se había movido de una rama desde el día que llegó a palacio.

El rey convocó a todos los expertos en aves, a curanderos y hechiceros del reino
y de los reinos vecinos para que atendieran al halcón,
pero ninguno pudo hacer nada por él. No consiguieron que volara, que dejara su rama.
Luego presentó la misma tarea a todos los miembros de su corte, buscando ideas creativas
que permitieran al halcón abandonar su rama, pero ninguno consiguió que
el ave no se moviera de su "percha".

Habiendo intentado todo, el rey pensó que quizás un hombre de campo sabría
que hacer con su majestuosa, pero inmóvil, ave.
Así que buscó al granjero más prestigioso del reino.
Le contó lo de su halcón y le pidió que le ayudara a hacerle volar.

En sólo unos minutos el rey se asomó por su ventana del castillo y vio como
los dos halcones surcaban el cielo.
Llamó al granjero y le preguntó qué cómo lo había conseguido y en tan poco tiempo.

Con reverencia el granjero contestó al rey:
- Fue fácil majestad. Simplemente le corté su rama.

Nos pasa, con mucha frecuencia, como al halcón del cuento,
Nos conformamos con lo que nos es familiar.
Con lo banal, con lo cómodo, con lo conocido.
¿Para qué movernos?
¿Para qué volar?
¿Para qué buscar lo que deseamos?

Huir de los cambios nos acerca al aburrimiento y a la mediocridad.

Es usual, como me ha pasado esta semana en dos ocasiones, que alumnos de cursos
o personas cercanas me comenten que quieren cambiar.
Cambiar de trabajo, cambiar de ciudad, cambiar de empresa, cambiar de ...
Y, casi siempre, sus caras delatan comodidad, resistencia al cambio, miedo,
incertidumbre por lo que está por venir.

No es fácil, pero muchas veces sólo se trata de

CORTAR LA RAMA



1 comentario:

Barbara dijo...

Emocionante, esta entrada, como muchas otras anteriores. Lo bueno no es que te corten la rama, sino desplegar las alas uno mismo y levantarse de ella volando, verlo todo desde arriba, desde la distancia, observando desde fuera de la rama. Sólo así podemos distinguer y elegir otra rama para descansar cuando nos haga falta... o ¡no! Mejor dicho para volver a empezar o seguir aprendiendo. Pero esta vez desde una rama que sea nido de descanso y soporte, pero no base de comodidad. Cuando empecemos a mover las alas para elevarnos y ver desde otro punto de observación que aparte de nuestra vieja rama hay un montón más de ellas, cuando seamos capaces de situarnos en otro lugar desde el cual se distingue mejor el abañico de elección, de pronto el miedo desaparece. ¡Podemos elegir! ¡Llevamos el timón! ¡Las alas son las nuestras y las controlamos nosotros mismos! Lo tenemos todo. ¿Quien no tiene el sueño de poder volar...? Pués, ¡¡volemos!!