sábado, 26 de junio de 2010

CUANDO SE MIRA EL MAR...


Voy caminando junto al Mediterraneo, en mi primer día de este verano
frente al mar. Pienso en el color azul de sus olas.
No cabe otro color en mi mente porque no los quiero dejar entrar...
Estoy empezando a aprender a meditar, y practico la conciencia plena:
disfrutar de lo que alcanzan mis ojos, olvidando todo lo demás.
Que difícil se hace...

Los americanos lo pusieron de moda hace unos años,
y le llamaron mindfulness, ...aunque en la filosofía zen
llevan miles de años proponiéndonoslo bajo el nombre de autoconciencia.
Nos invitan a estar e lo que estamos , dejar que la mente se concentre
en una sólo cosa, un momento único para poder vivirlo de verdad.

Evidente sería que:
Cuando se pasea, se pasea.
Cuando se lee, se lee.
Cuando se ama, se ama.
Cuando se mira el mar, se mira el mar.

Sin embargo es difícil encontrar un momento en el que estemos disfrutando de verdad de lo que estamos haciendo.
Aún sabiendo que son estos los verdaderos momentos de felicidad.
Conseguirlo no es fácil porque nuestra mente es viajera.
Estamos biológicamente preparados para ello, pero la cultura por la prisa,
por pasar rápidamente de un hecho a otro, por la urgencia,
genera una pérdida de concentración en lo estamos haciendo.

Y vivimos perdiéndonos muchas cosas, simples, cotidianas, pero que hacen
a cada instante único.
Me refiero a perder sentir en la cara la brisa si caminamos junto al mar,
o su olor de salitre al romper la olas junto a las rocas.
Me refiero a perder la sensación del sol sobre ti.
A no sentir el calor de su cuerpo junto al tuyo.
A no escuchar ese pájaro que habita en tu jardín
o el vapor que desprende la taza de té, ...

¿Por qué no actuar conscientemente con lo que estamos pensando, haciendo, sintiendo, viendo, tocando, escuchando, oliendo, ...?
Es una terapia fundamental.
Para ejercitarlo sólo tenemos que prestar atención en el momento presente.
Y nos ayudará a relajarnos, disminuir la tensión, aumentar la visión de los hechos,
a ser emocionalmente más fuertes, a aumentar el autocontrol, en definitiva a
vivir con más intensidad.

En mi modesta opinión, sería necesario que nos enseñaran en el colegio,
desde la educación básica.
Así aprenderíamos a suspender el juicio conscientemente, a cultivar la paciencia,
a aceptar, a desprendernos, a comprometernos,
a abrirnos para nuevos aprendizajes, a vaciar lo que nos sobra, ...

Mis ejercicios consisten en vivir momentos seleccionados, dirigidos por mi,
en los que tengo que atencionar mi mente para vivirlos con conciencia plena,
apagando el piloto automático con el que viajo por la vida.
Una tarea apasionante en estos días de verano.

¡Te invito a probar!


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