lunes, 30 de agosto de 2010

NEURO_ESPEJISMO


Si estas tomando una cerveza Coronita es muy normal, y se ve de lo más natural,
que primero exprimas y luego metas una rodajita de limón por el cuello de la botella.
¿Cuántas veces lo has visto hacer?
¿Cuántas veces lo has hecho?
¿Es que así está mejor la cerveza? ¿...pero sólo si es Coronita?

¿Sabes de dónde surgió este ritual?
Quizás venga de la cultura mexicana que querían así enriquecer el sabor sus cervezas.
O de la ciencia, cuya intención es eliminar los gérmenes de la cerveza
con la acidez del limón.
O puede que sea debido al resultado de una simple apuesta entre dos amigos.

Si no lo sabías te costará creer que es de la tercera propuesta de donde surge
este ritual tan conocido. Producto de una apuesta entre dos camareros.
Hecho que sólo tiene algo más de 30 años.
Ahora bien, es algo que ha ayudado a que Coronita superase las ventas
de Heineken en EEUU.

Algo que surge en un momento determinado, crea una tendencia gracias a que
se forma un círculo de imitaciones que lo llevan a constituirse como una " cultura ".
Todos tenemos el deseo de tener o ser lo que otro hace, siente, vive, tiene, ...
Eso sí: imitar siendo tú mismo.
¡ Curiosa paradoja !
Se le llama Teamvidualism.

Imitar pero ser yo.
Seguir siendo el que está frente al espejo con los caracteres y atributos
que otros han definido.
Compartir la misma marca de deportivas pero únicas porque han sido
hechas para mi, vía web.

Perdonarme, no hay que sorprenderse, ya lo sabíamos,
pasa igual cuando alguien delante de nosotros bosteza,
a todos lo demás nos da por bostezar.
O si se rascan la cabeza frente a nosotros, de forma inconsciente,
nuestra mano se traslada a nuestra cabeza y empieza a rascarla,
...aunque no nos pique.
O con la risa. ¿No es contagiosa la risa?
¿Y el dolor? ¿No sufrimos al ver a otros como les duele?
Y...
¿cuántas veces no se te ha pegado una melodía que no dejas de silbar en todo el día?

¡ Nacemos enseñados a imitar !


Las responsables principales de todo esto se llaman: NEURONAS ESPEJO
Por cierto, fueron descubiertas, no por una apuesta, sino por pura serendipity.

Una calurosa tarde de verano, en Parma, estaba un estudiante del equipo del doctor
Giacomo Rizzolatti, trabajando en su laboratorio con monos,
mientras comía un helado.
Observaron que los monos, cerebralmente, actuaban como si estuvieran ellos
comiendo el helado que veían al estudiante.

Esto se comprobaba porque cada vez que el estudiante levantaba su brazo
y daba un fantástico lametón a su helado, en los monos que estaban monitorizados
en la región premotriz, se podía observar que los monitores electrónicos a los
que estaban conectados se disparaba y sonaban.
Pero los monos no movían sus brazos ni ninguna otra extremidad.
Sólo se observaba en el monitor.
¿Qué pasaba?
El cerebro de los monos sentía como si ellos mismos estuvieran lamiendo el helado.

Sólo el hecho de que los monos viesen al estudiante lamiendo su cucurucho
disparaba su mente.
Por decirlo de una forma sencilla, sería como si se produjera una
imitación, pero sólo a nivel de la mente de lo que hacía el estudiante.

Esta fue la forma como Rizzolatti empezó a estudiar las ya famosas neuronas espejo.
Tan importantes en el mundo del neuromarketing más actual.

Varios experimentos científicos actuales demuestran las teorías del
doctor Rizzolatti.

Son muy conocidos los estudios publicados por la doctora Tania Singer,
que observó como se activaban en sujetos monitorizados a través de escáneres cerebrales, sin dolor físico real, las regiones cerebrales relacionadas con el dolor,
sólo por el hecho de ver a otros individuos sufrir dolor físico.
Las regiones de la corteza cerebral frontoinsular y anterior del cíngulo en los
sujetos monitorizados, se marcaban con un efecto similar al de los individuos que sí
estuvieron sometidos a dolor físico.

En la Universidad de UCLA han demostrado por Resonancia Magnética Funcional
que en individuos sometidos a lectura de frases o visión de vídeos como
"morder un helado", "sujetar una puerta", "rasgarse una uña", "olor de un asado", etc...
se activan en ellos las mismas regiones de la corteza cerebral que si lo estuvieran
haciendo, en prueba contraste con otros individuos que sí lo hacen.

Y todo por las neuronas espejos que se ponen en acción.

De igual forma las mismas neuronas se ponen en marcha al entrar en una tienda de
Abercrombie & Fitch, y ver a sus guapos dependientes.
El cerebro empieza a sentir un " yo quiero ser así".
Lo que nos invita a consumir apasionadamente, a comprar el perfume de moda,
esas camisas entalladas a cuadritos que jamás nos pondremos porque son para
personas que no pesen más de 45 kg, ...
Además al contactar nuestras neuronas espejo con
esos modelos de dependientes tan bell@s, nos transmiten al cerebro
una fuente de salud.
Y claro, ¿quién no quiere estar así?

Las neuronas espejo no dejan de trabajar en ningún momento...

Y en muchos casos, especialmente los relacionados con deseo,
se ayudan de varias sustancias químicas pobladoras del cerebro;
especialmente de dopamina.
Encargada de producir placer.

Cuando las neuronas espejo trabajan y la dopamina está presente
en gran concentración es muy difícil no dejarse llevar.

La dopamina es una de las sustancias más adictiva que se conocen.
Es una droga; beneficiosa y necesaria claro está.
Cuando está presente sus efectos seductores determinan algunas de nuestras decisiones relacionadas con el placer, como las decisiones de compra,
en el amor, en el sexo, ...
Es una sustancia que nos produce sensación de gratificación y bienestar.

Así nos dejamos llevar por lo que otros ya han decidido por nosotros.
Nos generan deseo.
De esto empieza a saber cada vez más el neuromarketing.
Y a utilizarlo, ahora más sabiamente que nunca, en su nuevas formas de promoción:
redes sociales, publicityou, emobartering, web 3.0, y un largo etc ...

Pero que no se nos olvide lo más importante: nuestro cerebro ya sabía de ello,
porque aunque ahora lo usemos con más conocimiento,
pertenece al mundo de la biología, ...de lo natural. Del estudio científico.
Marketing y biología juntos.
El mundo del marketing se transforma.

Esto no sólo nos pasa en el mundo del marketing, en el de los deseos que están relacionados con las compras, sino en la propia naturaleza de las especies.
Al menos que se sepa en el mono y en las personas.

Por ello, en mi modesta opinión, es innecesario y antinatural luchar contra ello.
No es bueno ni malo.
Se debe ver como neutro.
Porque como tantas otras cosas en nuestra vida, depende de la naturaleza de su uso.

Paulo Coelho lo ha dicho así:

" Cuando alguien desea algo
debe saber que corre riesgos
y por eso la vida vale la pena"

Cabría preguntarnos si el éxito de que muchos individuos en todo el mundo
usen auriculares blancos, casi invisibles y ya no aquellos gigantes auriculares negros,
ahora conectados a sus iPods y no a la última versión de un cd-player,
es debido a la magia de un señor llamado Jobs o a una región del cerebro
cargada de neuronas espejo.

Sólo hay una fuerza motriz: el deseo
Aristóteles
322 ac



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Leer esto me hace recordar lo pronto que se me pegan expresiones de gente de mi entorno, además, aunque intente evitarlo no puedo y enseguida me encuentro reproduciendo palabras o pequeñas frases de otra gente en determinados contextos… Este verano adopté varias que no me puedo quitar de encima, y el caso es que a mi vez ya se las he “`pegado” a otros amigos míos que ahora las dicen… También me acordé de cuando mis sobrinos eran chiquitines, siempre que mi hermana, su madre, les daba la papa a cucharadas, ella inconscientemente abría y cerraba la boca como si se la estuviesen dando a ella. O cuando pasábamos por delante de una papelería en Pontevedra, en el escaparate había una figurita de marfil con el busto de dos negritos en pleno bostezo y al mirarlos nunca fuimos capaces de evitar el bostezar con ganas (de hecho mientras escribía esto ya empecé a bostezar yo…). Curioso lo de las neuronas espejo.

Besos!!

Anónimo dijo...

Leer esto me hace recordar lo pronto que se me pegan expresiones de gente de mi entorno, además, aunque intente evitarlo no puedo y enseguida me encuentro reproduciendo palabras o pequeñas frases de otra gente en determinados contextos… Este verano adopté varias que no me puedo quitar de encima, y el caso es que a mi vez ya se las he “`pegado” a otros amigos míos que ahora las dicen… También me acordé de cuando mis sobrinos eran chiquitines, siempre que mi hermana, su madre, les daba la papa a cucharadas, ella inconscientemente abría y cerraba la boca como si se la estuviesen dando a ella. O cuando pasábamos por delante de una papelería en Pontevedra, en el escaparate había una figurita de marfil con el busto de dos negritos en pleno bostezo y al mirarlos nunca fuimos capaces de evitar el bostezar con ganas (de hecho mientras escribía esto ya empecé a bostezar yo…). Curioso lo de las neuronas espejo.

Besos!!!

Eva Castro