lunes, 11 de octubre de 2010

YOÍSMO


¡Poderoso ego!

No aprender a controlarlo significa estar en disposición de ser guiado por él.

El ego es la instancia física que se reconoce como "yo" , decía Sigmund Freud.
Y Einstein le llamó así a la visión ilusoria de la propia consciencia.
Siendo más sencillos, el ego en una de sus acepciones principales no es más que el
concepto que una persona tiene de "sí misma" y que le diferencia a los demás,
haciéndola única.
Pero también el ego se refiere al aprecio excesivo que una persona tiene de sí,
condicionado por su propia historia y por su pensamiento inconsciente.

Hablemos de este segundo EGO.
El ego super-yo
que se revela con 3 características fundamentales:

1) está conectado con el pasado y desde ahí fabrica futuro

Yo soy lo que soy por lo que he sido antes que me ha llevado aquí.
Aunque un trabalenguas parezca, define bien esta primera característica.

El ego obviamente se alimenta de la propia educación recibida,
de las experiencias vividas, de lo propio, de lo que pertenece a uno mismo,
de mi, de lo mío.

Se le llama por esta razón mente egótica.
Porque hay un sentido del "yo" en cada pensamiento, en cada recuerdo,
en toda interpretación, opinión o punto de vista, en toda reacción y emoción.

2) Confunde opinión, nacida de una creencia, con hecho

No sabe que una opinión nunca es verdadera o falsa.
Pero la ve y justifica bajo ese criterio: "Esto es verdad, esto es mentira"

No es hábil para distinguir que sólo depende del "yo" que la observe
y desde dónde lo haga.
Una opinión debe ser convertida en hecho para poder darle valoración
de verdad o mentira.
El super-yo confunde lo nacido de una creencia y desde ahí JUZGA,
mientras que con frecuencia a los hechos los relativiza.
Producto de una percepción selectiva, nacida de nuestro pasado,
que provoca una interpretación distorsionada de la realidad.

Y lo que es peor,
no nos permite diferenciar un suceso de la reacción al suceso.
Por eso cualquier vivencia se produce siempre bajo la suma de dos elementos:
la propia vivencia en sí, que llamaríamos realidad, que es única y
que se describe como el hecho y la interpretación de la realidad vivida,
que no es la realidad en sí misma sino la percepción con la que
observamos esa realidad.

Por poner un ejemplo básico y cotidiano:
Una persona que se siente enferma, dolorida y cree tener fiebre alta
en cuanto pueda se pondrá un termómetro.
Es un hecho si el termómetro dice que tiene 39,7 º de temperatura.
Y la valoración de este hecho será: tiene fiebre alta. Esa es la verdad.
Pero qué pasa si su interpretación de ese hecho real es que le quedan horas de vida
o que está fatalmente enfermo.
La interpretación está basada en un YO hipersensible a la enfermedad,
con miedo a la muerte, con incertidumbre por lo que está por venir, etc...
Con valoraciones que vienen de su fantasía, de su pasado, de esa historia que le
contaron cuando era pequeño, de ese amigo que ya murió después de una larga enfermedad pero que todo había empezado con una fiebre alta.
Finalmente el médico le dirá que es una amigdalitis.
Y que se le pasará en dos días con antibióticos.

3) El ego perteneciente al super-yo mira hacia el interior

Es ombliguista.
Se encanta. Se gusta. Se busca en todo y en todos.
Está encantado de haberse conocido.
Y por lo tanto nos aleja de la escucha empática,
la única escucha que nos transporta al " ".
Y también nos genera una gran distancia de la humildad.
Factores que nos alejan de la relación con los demás.



Hay que aprender EGOLESS.
El egoless viene a ayudarnos a apagar el super-YO.
En psicología el egolessness es un estado emocional solicitado,
es decir elegido bajo la conciencia, que nos aleja del ego,
haciéndonos que no nos sintamos diferentes del mundo que nos rodea.

Y sobre todo nos ayuda a incorporar la idea más importante:
nuestra percepción de la realidad no es la realidad.
Lo cual nos hará huir de la vanidad
y a salir de la posesión de la verdad absoluta,
de pensar que siempre la razón está de nuestro lado.
Así no tendremos que esperar siempre que nuestras opiniones e ideas
tengan que ser valoradas por los demás como las correctas.

Y lo mejor, el egoless nos hace ser más

humildes y sencillos



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