domingo, 23 de octubre de 2011

EL CAMELLO

Camello, visto por Pablo Picasso


Un experto nómada mercader atravesaba el desierto
junto a su hijo adolescente que le acompañaba por primera vez
y una manada de camellos.
Al caer la noche decidieron acampar junto a un maravilloso oasis.

Una vez habían levantado la tienda en la que dormirían,
se dispusieron a atar a los camellos con cuerdas y estacas.
Al cabo de un rato el joven se dio cuenta de que tenía un problema:
le faltaba una cuerda y una estaca para poder atar a todos.
¿Se quedaría uno sin atar?

“ ¿Cómo atamos este camello? “ Preguntó inquieto a su padre.

Y el mercader, que llevaba muchos años recorriendo desiertos,
le contestó sonriendo:

“ No te preocupes hijo. Haz como si le ataras.
Házle ver que le pasas una cuerda por el cuello
y luego simula que la atas a una estaca.
Así permanecerá quieto toda la noche”.

Eso es lo que hizo el chaval.
El camello se quedó inmóvil toda la noche,
convencido de que estaba atado y de que no podría moverse de allí.

A la mañana siguiente, al levantar el campamento
y prepararse para iniciar el viaje de nuevo,
el joven se dio cuenta de que todos los camellos le seguían
excepto el no habían atado.
Le sorprendió mucho. Por lo que sin dudar, preguntó a su padre:

“ No sé que le pasa a este camello. No se mueve. Parece inmovilizado ”.

A lo que el mercader, con una sonrisa replicó:

“ No te enfades hijo, el camello cree que todavía está atado por eso no se mueve.
Anda ve y házle como si le desataras, y verás como se levanta y corre”.


Sí, es un cuento...
Basado en algo que sabemos se utiliza para la doma y adiestramiento animal,
y que se conoce en etología con el nombre de

impotencia aprendida

En teoría las personas deberíamos librarnos de este fenómeno porque
tenemos la capacidad de darnos cuenta de aquello que nos ata de verdad,
necesario, elegido y distinguirlo de lo que no.

Pero... ¿siempre estamos lo suficientemente atentos para darnos cuenta?

Más bien, al no poner consciencia en algunos hechos,
nos mantenemos atados a algunas cuerdas, que parecieran reales,
y que nos tienen presos, sometidos, víctimas de nuestra propia imaginación.
Y lo peor, en ocasiones, del pensamiento único. Del dogma de fe.

¿Qué nos estaremos perdiendo si nos dejamos llevar por el fenómeno de impotencia?

Que poder tiene cuestionarse con frecuencia el status quo, el establishment.
Lo vivido. Lo que está pasando. Lo que crees como único.
Status quo que viene de la raíz etimológica: “ estado actual “.
Por lo tanto, que puede cambiar a otro estado si se le provoca.
Si ejerces el poder del reto.
O quedarse igual, pero habiendo sido cuestionado.

Si creemos que un determinado sistema es como es
y que no puede cambiar, no cambiará.
El simple planteamiento ya lo pone en tela de juicio y te da el permiso para el cambio.
Te permite revisar constantemente tus creencias,
que no son más que tus propias disposiciones mentales
con las que convives todos los días y que generan tu actitud ante todo.
Al no revisarlas te estás incapacitando para otro tipo de vida.
Para otros hechos. Para estar abierto a nuevas experiencias.
Te quedas con la idea de que la vida que llevas es la única posible.
Y no es real !!!


Resistirse al cambio
es ir contra la fluidez de la vida

decía Tolstói.

Cambiando el refrán,
cuestionando el dicho popular, prefiero quedarme con que...

más vale bueno por conocer
que malo conocido


1 comentario:

Margarita dijo...

El caso es que al ver el dibujo, me pareció la cara de un hombre cansado, luego vi que se trataba de un camello. Pero, puede que haya una relación, esa del sometimiento cómodo, esa del miedo a dar un paso adelante por el riesgo de que no salga bien, sin darnos la oportunidad de gozar si eso ocurre. A veces la comodidad y el miedo se alían y, tal vez, nos hagan sentir como esa cara de hombre cansado que creí ver en el camello de Picasso que nos muestras.