martes, 1 de noviembre de 2011

EL OTRO SÍNDROME DE DIÓGENES


No sólo las personas somos los únicos animales que podemos caer más de una vez
con la misma piedra; sino que una piedra nos puede hacer caer a muchas personas
y no hacer ninguna de ellas nada para cambiarlo.

Diógenes era un filósofo griego que solía salir a la calle y observar la conducta
de las personas para desde ahí reflexionar y compartir sus aprendizajes con
sus seguidores y el resto de la ciudadanía que le quería escuchar.

Un día se sentó en el cruce entre dos senderos mientras observaba el
comportamiento de los transeúntes que pasaban por delante de él.
Por lo visto, en medio de ese cruce había una piedra bastante grande
con la que casi todos tropezaban una y otra vez.
Tras varias horas de observación, Diógenes comprobó que la mayoría
de los peatones actuaban de la misma forma.

El primer rasgo en común que veía es que todos ellos andaban con prisa
sin ser conscientes de que había una piedra en medio del camino.
La segunda observación que muchos de ellos tropezaban con ella.
Y el tercer hecho observado es que todos los que tropezaban,
maldecían la piedra.

En ese momento en el que Diógenes observaba a los ciudadanos
apareció un discípulo que le preguntó:

“Maestro, ¿Qué está haciendo?"
Y Diógenes contestó: “Aprendiendo"

El discípulo intrigado se sentó junto a su maestro. Y ambos se quedaron en silencio.
Seguidamente un nuevo transeúnte cruzo el sendero con paso firme,
se tropezó con la piedra y maldijo.
Al ver de nuevo esta escena, el filósofo empezó a reírse.

“¿De qué se ríe maestro?", preguntó el discípulo.
“¿Del hombre que acaba de tropezar?
¿No veo ningún aprendizaje en ello, maestro?”

Diógenes, sin perder la sonrisa, contestó:

“Me río de la condición humana querido discípulo.
¿Ves esa piedra que hay en medio de la calle?
Desde que he llegado aquí esta mañana, al menos treinta personas
han tropezado con ella y todos la han maldecido,
pero ninguno se ha tomado la molestia de retirarla
para que no tropiecen otras personas"

Acto seguido el maestro se levantó del suelo y apartó la piedra del camino.

Cuando nos encontramos esas piedras, que son obstáculos en nuestro camino,
la conducta más común y fácil por la que optamos, en general de forma inconsciente,
es la de maldecir
y seguir adelante, con la prisa habitual, sin intentar cambiar nada,
y sin compartir con los demás los riesgos ni los aprendizajes.
Es la cultura de la queja, otro Síndrome de Diógenes.