sábado, 31 de diciembre de 2011

¡FELIZ AÑO 2012!


Hoy es un día de esos que se visitan como importantes.

En estas horas se unen el pasado y el futuro.

Balance entre lo recordado y los nuevos planes.

Brindis por lo que está por llegar y por lo vivido.
Por los que están y por los que se fueron.
Por lo que se soñó y llegó;
por lo que no se soñó y también llegó,
y por lo que está por llegar y aún se sigue soñando.

Momentos de estar agradecido por lo que nos llenó
y por lo que fuimos capaces de vaciar.
Tiempo de decir adiós.
Y tiempo de recibir lo nuevo.


En las últimas horas del año, cerquita del mar,
escuchando el concierto para piano nº 1 de Tchaikovsky,
fantásticamente interpretado por Lang Lang
y con Barenboim dirigiendo la Orquesta Sinfónica de Chicago,
os doy las gracias con el corazón a las más de 50.000 personas
que este año
habéis paseado por este blog vuestro.

Y con todas mis fuerzas os deseo un NUEVO AÑO 2012
lleno de alegría, risas y sentido del humor, con mucha salud y sueños.


¡FELIZ 20
12!

viernes, 30 de diciembre de 2011

NUEVO AÑO, VIEJO SECRETO


Un viejo secreto para un nuevo año:
¡Puedes elegir tus pensamientos!

Metafóricamente:
puedes poner a tu mirada un filtro que pinte
de color "azul-rosa-amarillo-rojo-..." tus creencias
o bien dejarlas sin pintar; en blanco, en gris o, mucho peor, en negro absoluto.

Tus creencias se convierten en tus pensamientos,
tus pensamientos se convierten en tus palabras,
tus palabras se convierten en tus actos,
tus actos se convierten en tus hábitos,
tus hábitos se convierten en us valores,
tus valores se convierten en tu destino.

Así lo dijo Gandhi re-descubriendo un viejo secreto.
Quizás el secreto más importante de y para la vida.
Algo que otros pensadores como Buda o Jesús de Nazaret ya habían anunciado.
Y algo que la biología más moderna parece estar demostrando.

Está claro que vivir la vida con amor o vivirla con miedo crea efectos
absolutamente opuestos.
Donde hay miedo no habita el amor.
Pero si el amor se hace dueño del pensamiento, el miedo desaparece.

El hecho de pensar de una u otra manera afecta a nuestro estado biológico;
es el EFECTO DEL CREER.
En el que la mente afecta al estado de nuestro organismo.

En medicina se sabe de la importancia del llamado efecto placebo,
bajo el cual las personas mejoran sólo por el hecho de creer, de forma engañada,
que están tomando una determinada medicación.
Todos hemos oído hablar de múltiples historias relacionadas con este efecto;
muchas de ellas descritas en la literatura médica y científica.
Pensamiento positivo puesto a nuestro servicio,
creencia habilitadora de que un determinado tratamiento me está haciendo efecto
hace que me empiece a sentir mejor e incluso en muchos casos a curar.

De la misma forma existe el efecto nocebo;
pensamientos destructivos, creencias negativas que nos hacen mucho daño,
nos predisponen para lo peor, se ponen al servicio de hacernos que lo pasemos mal
e incluso, también está demostrado, de perjudicar nuestra salud.

Una diseñadora de California, Janis Schonfeld, tomó parte en un ensayo clínico
para demostrar la eficacia del antidepresivo Effexor.
Se quedó asombrada al descubrir que había estado tomando durante mucho tiempo
un placebo y que la píldora de azúcar no sólo había eliminado por completo su depresión que padecía desde más de 30 años, sino que el escáner desvelaba que la actividad de su corteza prefrontal cerebral había aumentado de forma considerable, (Leuchter et al, 2002).

Por el contrario cuenta el doctor Clifton Meador que en 1974 tuvo un paciente al que
le diagnosticó un cáncer de esófago, enfermedad que en esos años se consideraba
incurable. Y que así se lo transmitió a su paciente, el Sr. Londe, un vendedor
de zapatos ya jubilado.
Londe murió unas semanas después de conocer el diagnóstico.
Desde que conoció su enfermedad a todos sus conocidos les dijo que se iba a morir, que así se lo habían dicho sus médicos y que ya le quedaban pocos días de vida.
Cuando murió se le hizo una autopsia y no se encontró jamás el motivo de su muerte.
El cáncer había sido un falso diagnóstico o había remitido en poco tiempo,
algo muy improbable para la ciencia.
La realidad para Londe es que se moría de cáncer; que el cáncer que ya no tenía lo estaba matando.
¡Y lo mató!

Cuando la mente cambia
afecta por completo a la biología

Si los pensamientos positivos te pueden ayudar a salir más fácilmente de una
depresión o a vivir de una forma más amable una enfermedad,
los pensamientos negativos harán el efecto contrario
si son ellos los que se apoderan de tu mente.

Ambos tipos de pensamiento residen en el lenguaje.
En cómo te hablas. En cómo te hablan.
En lo que nos dicen y en lo que nos decimos.

Vulgarmente diríamos: depende del cristal con el que miremos.
Y depende del pensamiento con el que pensemos.

Es una cuestión de elección.
Disponemos del poder de elegir nuestros pensamientos.
Esta es la verdadera y gran libertad del ser humano.


Muchos biólogos están trabajando en el área de los descubrimientos en Epigenética.
Intentando demostrar la relación existente entre mente y biología.
Observando como el entorno modifica la respuesta biológica y no sólo los genes como
la ciencia más clásica había dicho siempre.

Se están realizando estudios con células endoteliales clonadas donde se puede ver cómo
estas células cambian su comportamiento dependiendo de los estímulos externos recibidos.
Por ello cuando se les suministra nutrientes se juntan y se abren como si de unos brazos
se tratase. Al contrario si se les predispone un ambiente tóxico lo que hacen es huir.
Este comportamiento es previsible, lo verdaderamente novedoso es que el control
de la huida o de la afinidad por lo que en el ambiente ocurre no se produce en el núcleo
celular, en el ADN, sino en la membrana de la célula.
Se ha descubierto que los receptores de la membrana disponen de dos tipos
de complejos de "alarma", los llamados H1 y los H2 que reaccionan ante la histamina.
Cuando se activan los H1 desencadenan respuestas de protección, como la huida.
Cuando se activan los H2 desencadenan respuestas llamadas de crecimiento.

Cambiemos de la célula a un organismo complejo: las personas.
También se ha descubierto que la molécula de adrenalina, como ocurre con la histamina en espacios celulares, desencadena una respuesta general en el organismo y
que dispone de dos tipos de recpetores, los llamados alfa y los beta.
Los receptores de la adrenalina desencadenan exactamente los mismos comportamientos
que los receptores de la histamina.

Cuando el receptor alfa-adrenérgico es el presente desencadena un efecto de protección,
como por ejemplo el predisponernos para la huida.
Se alimenta del miedo !!!!
Cuando es el receptor beta-adrenérgico el presente la misma molécula de adrenalina
desencadena una respuesta llamada adaptativa, de crecimiento o desarrollo.

Esto mismo que ocurre con la adrenalina, se está demostrando con todas
las hormonas que controlan los diferentes estados orgánicos.

Y ¿quién es el responsable de la liberación de unas respuestas u otras?
¿Qué papel juegan los pensamientos en ello?
Unión mente-biología, energía-materia, algo apasionante para que la ciencia siga
investigando en los próximos años.

Lo que si podemos avanzar, y ya parece estar demostrado, es que todas nuestras respuestas, de una forma u otra, están marcadas por el entorno en el que se
producen.
Están de alguna forma etiquetadas por la forma en cómo
observamos (=percibimos) ese entorno.
Si lo percibimos como negativo, se producen una serie de respuestas
de protección, pero si el mismo entorno lo percibimos como positivo lo que se
producirán son respuestas de crecimiento adaptativo al entorno observado.

La forma de percibir el entorno está marcada no sólo por la propia realidad observada
desde la subjetividad, sino también por nuestro pasado, por las experiencias vividas,
por el conocimiento, por la previsión que hacemos del futuro, por ...
Es decir por todo un complejo sistema de creencias.
Sistema que a su vez se va alimentando de las nuevas percepciones y de cómo las vivimos y las fijamos en nuestra mente.

Un ejemplo:
Si vemos una serpiente y siempre hemos pensado que son venenosas y que
no se pueden tocar, la respuesta nuestra será de huida, de pensar en mala suerte,
de ni acercarnos, de poder incluso imaginarnos envenenados por su maléfico veneno.
En general las respuestas serán de miedo.
Esto es el miedo tóxico un sentimiento real basado en una fantasía.

Pero en el mismo caso qué pasaría si nosotros somos herpetólogos.
Si nos encantan las serpientes.
Si sabemos que sólo un 4% de las especies de serpientes son venenosas.
Si podemos distinguir a la serpiente que tenemos delante, saber si tiene veneno o no,
si nos puede hacer daño o sólo quiere jugar con nosotros.
En ese caso aparecerá una atracción especial por el bicho.
No huiremos salvo que estemos en peligro real. No aparecerá el miedo.
En todo caso, aparecerá el amor por las serpientes.

Diferente percepción de una misma realidad.
Diferente lenguaje interior.
Diferentes creencias, producto de la experiencia, del conocimiento, de ...
Diferente comportamiento.

Recuerda:

donde hay amor no hay miedo;
donde hay miedo el amor no está presente

Podemos vivir mucho más conscientemente.
Evaluar, enjuiciar con mucha más consciencia y sabiduría el entorno,
la realidad que nos rodea, valorar con más detalle nuestras creencias,
medir si nos habilitan o nos deshabilitan,
si son generadoras de amor o de miedo,
si estamos eligiendo nuestro pensamiento con libertad,
con amor o con miedo.

Ahora bien, par que algo cambie a nuestro alrededor
¿es suficiente con pensar en positivo?
¡Sabemos que no!
No lo podremos cambiar con nuestra manera de pensar.
Ese no es el mensaje...

Un pensamiento positivo lo que nos ayudará es a observar la realidad de una determinada manera, aceptando incluso aquello que nos pueda afectar de manera
muy negativa y aún entendiendo que no puedo ejercer ningún cambio,
frente a realidades que no puedo alinear a mi servicio.

Es lo más difícil:
poner el pensamiento positivo a favor de la realidad dañina.

Debemos estar preparados para saber que estaremos sometidos
a situaciones que formarán parte de un entorno sobre el que muchas veces no podremos actuar, que estará fuera de nuestro alcance,
sobre el que no tendremos posibilidad de cambiar, de influenciar.
Entornos como la familia en la que hemos nacido, las enfermedades que nos llegarán, las decisiones de la comunidad, la política, las crisis globales, y un largo etcétera...

Incluso en estos casos, los pensamientos positivos son un imperativo necesario
para que la vida fluya y para vivirla más saludablemente.
Nos ayudarán a sentirnos mejor incluso frente a esas otras realidades sobre las que no podemos influir.

Empezamos el post con una cita de Gandhi en la que nos anunciaba
que las creencias son las responsables finales de nuestros comportamientos
creando así nuestro destino.
Pero qué pasaría si la ciencia llega a demostrar que también es al revés.
Es decir, que repitiendo comportamientos conscientemente
fuésemos capaces de crear nuevas creencias.
Antonio Damasio y otros autores están trabajando en esto...

Dicho de otra forma:
El esfuerzo dedicado en trabajar un nuevo hábito nos hará cambiar
y a su vez nos ayudará a crear una nueva despensa de creencias habilitadoras
sobre las que mejorar nuestra propia vida.

No te olvides
en este nuevo o
de este viejo secreto



domingo, 18 de diciembre de 2011

DECÍA, ...PERO NO HACÍA


¡Todo está en los libros!

En esta semana he coincidido con un grupo de compañeros de profesión
en un evento que organizaba una empresa del sector bancario.
Varios de nosotros habíamos sido invitados a dar una ponencia sobre motivación,
ilusión, competencias directivas, la nueva economía, etc...

Allí me encontré con una compañera experta en motivación, en enseñar a motivar,
en temas de crecimiento personal, coach y no sé cuantas cosas más...
Tiene algún libro escrito sobre todo ello.
Me llamó la atención que en el momento en que nos encontramos lo primero que
me espetó con un tono agresivo y de enfado absurdo fue un

“estoy agobiada chico,
que días antes de Navidad,
todo el mundo quiere que ahora esté disponible para ellos,
...pero que se habrán creído.
Y encima ahora nos quieren pagar por lo mismo
mucho menos”.
A lo que añadía:

“..y es que no puedo más,
no tengo fuerzas.
Cualquier día lo mando todo al ...”

Me hizo gracia comprobar como cambió su tono unos treinta minutos después
cuando estaba dando su ponencia, dirigiéndose al público asistente. Parecía otra.
Hablaba tranquila, recomendaba la clama, nos decía que “hay que estar siempre ahí”
cuando te necesiten, nos relataba magistralmente una a una todas
las técnicas para AUTO-motivarse, la capacidad necesaria del AUTO-control,
y un largo etcétera de recetas para conseguir llegar bien motivados a fin de año.

Tomando un vino, tan sólo unas horas después y después de unos libros firmados
con la mejor de sus sonrisas ante sus seguidores, volvía a estar crispada.
Y la mirada le había cambiado de nuevo.
Ya había colgado su disfraz de hechicera y era una ciudadana de a pie.

Decía, pero no hacía




Para mi es como decir “te quiero” y no demostrarlo.
¡Un fraude!

Sólo decir, predicar, pero no hacer...
Por desgracia uno va encontrando este tipo de personaje predicadores de pacotilla.

Aunque en defensa de compañeros y amigos de profesión tengo que decir que también
me encuentro en el camino con otro tipo de expertos en esos temas
de los que hablan. Expertos de verdad.
Expertos porque en su día a día están poniéndolo en práctica,
esos que hablan de la meditación pero pasan unos meses al año en la India,
ayudando y ayudándose a través de la meditación;
los que platican sobre motivación y son grandes motivadores,
los que te entusiasman con conceptos ilusionantes y es que le brillan los ojos
cuando lo comparten porque creen en ello y lo llevan a su vida,
los que hablan de riesgo y se han arriesgado, lo han sentido en su piel,
los que conviertes los sueños en realidad porque se ATREVEN.


La teoría es sencilla,
ya me la sé, pero ...


Hace poco leía que Eckhar Tolle, en una conferencia que había dado en Barcelona,
había hecho un comentario muy interesante en referencia a este tema.
Decía que estos predicadores son personas que han aprendido las teorías
y los conceptos igual que se podrían haber aprendido un mapa y la ruta de un viaje,
registrarlo en la memoria y contarlo a todo el mundo, pero
NO LLEVARLO A CABO NUNCA.

Se dedican sólo a palabrear, a decir sin hacer, sin llevarlo a su propia vida,
como si fueran actores de un papel en cualquier tipo de obra de teatro.

Les oyes y te recuerdan cualquier lectura de un libro de AUTO-ayuda.
En ocasiones están bien. Son mensajes necesarios.
Aunque pienso que para eso ya se escribió El Principito.
Desde que Exupéry lo dejó por escrito no se ha vuelto a escribir nada nuevo.
Es la repetición de lo mismo.
También los dijeron otros no tan contemporáneos como Buda, Cristo, Mahoma,
o los mismos dioses Toltecas.

Aún así, me apunto a la defensa de la repetición de estos mensajes.
A la evangelización. A ir trasladándolo de generación en generación.
A decirlos de otra forma. A personalizarlos. A ponerles nuevos disfraces.
A llevarlos al mundo del deporte o de la empresa. A pregonarlos en la familia.

Lluís Amiguet dice que

“ las grandes verdades son eternas,
pero suenan a nuevas cada vez que las oímos
porque las olvidamos cada día”.


Cierto que al olvidar tan pronto está muy bien tener que recordarlo. Cada día.
¿Pero es suficiente?
Lo que está realmente mucho mejor, la verdadera ayuda,
es la que te hace que pases

DE LA IDEA A LA ACCIÓN,
PONERLO EN PRÁCTICA

Esto es lo que te hace ser.
Y lo que te ayuda a cambiar.
Las enseñanzas empiezan a ser válidas cuando se llevan a la práctica.
Aprender sin hacer no es aprender.

“Jamás se ha emborrachado nadie
a base de comprender intelectualmente
la palabra vino”,

nos recuerda Anthony de Mello.

Todos sabemos que no es bueno no ser perseverante, o postergar, o apagar el deseo,
el no arriesgarnos cuando es necesario, el tener una visión de la realidad negativa,
o no perseguir los sueños, o no vivir el “aquí y ahora”, o no librarnos el apego, ...
De la misma forma que sabemos que no es muy bueno no hacer nada de ejercicio,
o fumar, o poner la espalda recta al sentarnos en una silla, ...

Pero, ¿lo hacemos?
¿O nos dejamos llevar por la inercia?

Esta es la idea: saber sí,
...¿pero hacer?

¿Cómo cambiar una actitud?
Y lo más difícil,
¿cómo cambiar un hábito?

¿Dónde radica el secreto?
Probablemente en que no existe ningún secreto, ninguna receta mágica.
Se trata de llevarlo a la acción.

El verdadero secreto está en la acción;
¡reside en ti!

Requiere de esfuerzo, ya lo sé...
Y de esfuerzo repetido en el tiempo, que es mucho más difícil, también lo sé...
Y de no querer el premio de forma instantánea; sí así es ...

¿Cuándo vamos a empezar a enseñar esto a nuestros niños?
¿Cuándo va a formar parte troncal en la enseñanza más básica de nuestro país?
No piensas que es un remedio a tener en cuanta en la
basicoterapia
más necesaria.

No basta sólo con leer libros o artículos,
con escuchar a los nuevos profetas del nuevo siglo,
o con ir predicándolo por ahí en cualquier medio virtual o real;
más bien lo que hay que hacer es esforzarnos en llevarlo al nuestro hacer cotidiano.

Si lo piensas todo está en los libros,
menos una cosa:
el poder de la acción,
del hacer,
esto sólo está en ti



domingo, 11 de diciembre de 2011

MYSELF


¡No puedes vivir sin ti!

Obvio, pero obviado...
Si hay alguien que deba estar contigo todo el tiempo ese eres tu.

Al pensar en alguien al que queremos lo primero que nos llega a la mente es cuidarlo,
ofrecerle lo mejor, hacerle sentir bien, escucharlo, procurarle lo bueno,
ocuparnos de que todo le sea más fácil, compartir, hacerle disfrutar,
llevarle a lugares únicos, desconocidos, facilitarle las cosas, ofrecerle comodidad, ...

¿Y con nosotros mismos?
¿Es que no nos queremos?
¿No deberíamos hacer lo mismo?

Que buenos sería si me tratara como me gusta
tratar a estas personas a las que quiero.
O a veces, simplemente, como me gusta que me traten los otros.

Bajo esta óptica, no debería aceptar que la manera de vivir conmigo mismo,
(porque no se puede vivir de otra manera si no es con uno mismo aunque también vivamos ofreciéndonos a los demás),
consista en ponerme sólo a merced de los otros ,
en compartir conmigo lo que no me gusta, en hacerme sufrir, en pensar en negro,
en ofrecerme desilusión, en hablarme mal, en no darme confianza,
en no creer en mi magia, en hacerme sufrir, en ...

Para empezar a sentirme bien lo primero que debo es aceptarme como soy.
Este es el gran secreto.
Al aceptarme no me resigno.
Al aceptarme me doy el permiso de cambiar si lo deseo, desde la fe y la felicidad.
De explorar nuevos caminos. De aceptar que puedo errar. Y desde ahí crecer.
Así me perdonaré cuando me equivoco o cuando no me gusto.

Aceptar para cambiar no es paradójico.
Nunca empezaré a adelgazar si no acepto que estoy gordo.

Por eso defiendo el egoísmo necesario.
No el patológico. No ese que te hace perder.
No el que te enfrenta a los demás. No el envidioso.
No el del todo mío. No el del sólo para mi.
No me refiero al que se aleja del compartir. Al que va en detrimento de los demás.

Me refiero a ese egoísmo que, sin impedir relacionarnos
de forma sana con los demás, nos hace, al mismo tiempo, cuidar de nosotros,
valorarnos, estar pendiente de lo que necesitamos, ...

Es el mejor de los egoísmos:
con el que te das cuenta que tu eres el centro de ti mismo,
porque tú eres el centro de tu existencia.
Todo lo que puedas quererte a ti mismo es poco.

¡Hazlo!
¡Quiérete!


"Si yo no pienso en mi, quién lo hará”

dice el Talmud judío.

Autoestima y egoísmo han sido visto siempre como términos y conceptos
antagónicos, pero si miras el lado positivo de ambos descubrirás que
tienen cosas en común:
te permiten quererte, valorarte, reconocerte y ocuparte de ti mismo.

Cuenta una historia que había un señor muy poco inteligente
al que siempre se le perdía todo.

Un día alguien le dijo:
- Para que nos se te pierdan las cosas,
lo que tienes que hacer es anotar dónde las dejas.

Esa noche, antes de ir a la cama, cogió un papel y escribió:
“para que no se pierdan las cosas”.
Se quitó la camisa, cogió un lápiz y anotó:
“la camisa en el perchero”.
Se quitó el pantalón y añadió por escrito:
“ el pantalón en el pie de la cama”.
Se sacó los zapatos y volvió a escribir:
“los zapatos debajo de la cama”.
Y se quitó los calcetines y volvió a anotar:
“las medias dentro de los zapatos”.

A la mañana siguiente cuando se levantó buscó las medias
donde había anotado que las dejó y se las puso.
Los zapatos donde estaba anotado y se los calzó.
Lo mismo hizo con la camisa y el pantalón.

Y entonces se preguntó:
“¿Y yo, dónde estoy?”

Se buscó en la lista una y otra vez...
Y como no se vio anotado,
nunca más se encontró a sí mismo.


A ver si nos va a pasar como al de la historia, que sabemos donde están los demás,
las cosas que usamos cada día, pero no dónde estamos nosotros.
Y por no dedicar más tiempo a uno mismo,
vamos a dejar un día de encontrarnos.

Siempre intentamos saber sobre el lugar que ocupan otros en nuestra vida,
incluso podemos, en ocasiones, decir el lugar que nosotros
ocupamos en la vida de otros.

¿Pero cuál es el lugar
que nosotros ocupamos
en nuestra propia
vida?


miércoles, 7 de diciembre de 2011

CREDO

... el faro como luz que deja ver y crea horizonte

Leía hoy un texto de un discurso que dejó escrito Walt Disney
sobre la importancia de tener sueños y la capacidad que tenemos las personas
de hacer que se cumplan.
Decía que todos nuestros sueños pueden hacerse realidad.
Quizás sea un tanto exagerado, o quizás no,
...pero no creo que esa sea la discusión necesaria al leer estas palabras suyas,
ni el motivo por el que nos dejó escrita esta reflexión.
Desde luego su biografía parecería demostrarnos que sus palabras se cumplen.
No hay secreto en esto que Disney nos dice.

Se trataría de hacer que Cuatro Cosas que empiezan por C sucedan,
se alineen, se pongan al servicio de uno msimo.
Hablo de:

Curiosidad
Confianza
Coraje
Constancia

Porque cuando creemos en algo hay que creer sin dudar.

¡Y hacerlo!

La duda te aleja de esas cuatro palabras mágicas.
Te hace no hacer. Te para. Posterga.

Es posible que algunas cosas que hayas soñado no las hayas conseguido.
Quizás no era el momento.
O quizás estaba demasiado lejos de las posibilidades reales que tenías de hacer que algo sucediera.
Pero créeme que siempre el sólo hecho de haberlo intentado te dará más fuerza,
te abrirá a más aprendizajes, te generará más potencia en el motor fundamental
de tu vida: la ilusión.

Todos los obstáculos que me encuentro cada día,
todas las cosas que he deseado y no he podido conseguir,
todos los problemas que me llegaron y me llegarán,
todas las adversidades, de una forma u otra me han fortalecido.

Tengo un credo que me funciona.
De siete axiomas. ¡Básicos!
Son como la luz de un faro que te alumbra en el horizonte.

Dice así:

Creo en las personas
Y elijo la que se atreven, las que viajan sin maquillajes, las que miran a los ojos,
las que me desafían, las divertidas, las que sugieren, las que escuchan, ...

Creo en la inspiración
En cuestionarse el status quo de las cosas. En los sueños.
En la creatividad puesta al servicio del cambio.
En la fuerza de los contrarios.
En la capacidad de observar de diversas formas la realidad.
En la diversidad. En la mezcla.

Creo en el equilibrio
Balanceo del tiempo.
Para dar y recibir.
En la capacidad de mirar con ojos de niño y aprender de todo, ...de todos.
En ser para tener y nunca al revés.

Creo en la belleza
En la que no sé ve aunque no esté oculta. Habita en los corazones.
Y en la que se ve sólo con mirar.
En la que no necesita explicaciones. Ni fuegos de artificio.
En el arte y en la ciencia.
En la que habita en un cuadro y en una partitura.
En la de su cara. De su gesto. De su mirada.

Creo en la risa
Como el mejor de los maquillajes posibles.
Como las más potente generadora de pasión.
Como la mejor forma de conquista.
Reír para ser.
En vivir la vida con la sazón de un toque de ironía.

Creo en el Talento
Naciendo del conocimiento y puesto al servicio de la constancia.
De la disposición para dejar de hablar y pasar al hacer para poder ser.
Del que lo intenta.

Y como los conocidos diez mandamientos,
estos también se resumen en uno:

¡De ti depende!