domingo, 15 de julio de 2012

SENTIR AMOR


¡Necesitamos AMOR!

El ser humano necesita tocarse más, sentirse, estar cerca, del calor de otros, ...
Necesita AMOR.
(Sé del riesgo que supone empezar un post así, con la frase anterior; podría suponerse que estoy bajo los efectos del verano :-)

La evolución humana durante más de cuarenta millones de años nos lo ha demostrado.
Los animales superiores, todo tipo de primates necesitamos tocarnos, del tacto
para dar y recibir amor de todo tipo.

El profesor Harry Harlow, siniestro psicólogo humanista experto en aislamiento social
lo demostró con diferentes experimentaciones a lo largo de toda su carrera.
Trabajando con mono rhesus conseguía que los animales que no se tocaban
se volvieran apáticos y perdieran la motivación de luchar e intentar conseguir
alimentos, territorio, pareja, ...

Lo que hacía era retirar a los monos recién nacidos de sus madres
y los enjaulaba con madres que eran robots mecánicos formados por alambres
y con otros pseudo-monos fabricados en trapo y telas acolchadas,
como si se tratase de un osito de peluche de un niño pequeño.

Ninguno de los tipos de madres eran muy atractivas para los monos bebé.
No olían como ellos, no demostraban cariño, no tocaban, no generaban calidez,
no podían acariciar, no rozaban sus cuerpos con sus labios, no ...

Una diferencia tenían las madres de alambre.
Al ejecutar un dispositivo a la altura de la pseudo-teta esta daba leche
que los monos podían beber.

Lo que se observaba es que los recién nacidos monos se sentían desamparados
con la mamá mono de alambre y sólo se acercaban a ella a beber su leche.
Una vez alimentados se alejaban y se refugiaban en la pseudo-mamá de peluche.
Como el bebé que agarra entre sus pequeñas manitas su muñequito de tela
mientras se duerme.
Necesitaban el amor de esa tela. De esa no-madre.

Cuando a algunos monos se les obligaba a vivir sólo con la madre de alambre,
se comprobaba que digerían peor la leche, sus sistemas inmunológicos eran más débiles
y, de mayores, con frecuencia les tenían que sacrificar porque eran animales muy peligrosos.

Necesidades fisiológicas y emociones, a través del contacto físico,
con un valor por igual ante el desarrollo.

Este tipo de cosas también las vemos en los humanos.
Los niños no acariciados tienen personalidades más complejas,
suelen tener más enfermedades y viven más aislados
con más problemas de integración grupal, entre otros trastornos.

Es necesario el contacto físico

Sólo sobrevivimos bien si nuestra necesidades físicas de protección y afecto
están bien atendidas. Y no sólo en al infancia sino también cuando somos adultos.

Te dejo un link en el que podrás ver los experimentos del dr. Harlow:
http://videosurf.com (food or security)

Cuando nos tocan con amor, aumentan las hormonas de la felicidad en nuestra sangre,
se reduce el nivel de cortisol, y todas las catecolaminas productoras de estrés,
aumenta la dopamina intracraneal, y nos sentimos muy bien.
Y además, se produce el milagro de la verdadera empatía.

¿Qué nos impide conectar a través del tacto con los demás?
Especialmente no prestar la atención ni concederle la importancia que ello tiene.

Tocarnos, abrazarnos, sentir otra piel, es una necesidad humana.
El abrazo, si dura lo suficiente, al menos seis segundos para que el cerebro humano
consolide el proceso químico, comunica que no hay miedo.
Y si no hay miedo, ya sabes, hay amor.

No es suficiente la mirada.
Es necesaria y recomendable antes de abrazar, para conectar de verdad, pero no suficiente.
Por eso nunca deberíamos abrazar a alguien que no quiere ser abrazado,
ni dejarnos abrazar si no lo sentimos de verdad.
El abrazo sincero nos aleja de la soledad, nos alivia la mente, nos hace sentir bien.
¡Es terapéutico!

Ver es necesario, pero también tocar. Y escuchar. Y oler.
Sentir, en definitiva...

¡amar!