domingo, 16 de septiembre de 2012

ES MÁS SIMPLE DE LO QUE PARECE...



La vida es más simple de lo que parece.
...Y de lo que nos enseñan.
Se trata de entender el verdadero concepto de libertad.
La libertad es interior.
Y, sin embargo, la dejamos en manos de los demás. La visionamos fuera de nosotros.
La libertad no está en las circunstancias externas. Reside en el corazón.

Ya lo decía Platón:

“Uno no puede esclavizar a una persona libre, 
porque una persona libre 
sigue siendo libre incluso en prisión”

Cuando niños, nos enseñaron ideas que calaron en nuestra mente y nos hicieron adictos.
Tales como: ser foco de atención de todos, aprobación por los demás, llegar a lo más alto,
ser jefe, dirigir a la pandilla, tener poder, ver tu nombre en el periódico, ser el primero de la clase,
y un largo etcétera ...

Sin embargo la libertad en estado puro es la capacidad de desprenderte de la aprobación de los demás,
de la atención necesitada, del aprecio requerido, del "compláceme mucho” que viene de afuera.

Nos hacemos dependiente de los demás. Y ahí empezamos a perder la verdadera libertad del ser humano.
Por eso cuando te desaprueban, te dejan, te ignoran, experimentas tristeza,
es decir, sentido de pérdida y una soledad insoportable.

El infierno son los otros” decía Sartre.
Que certeza!
Vivir en estado de dependencia de los demás te resta libertad, te genera angustia, miedos. 
Te impide arriesgarte. Crecer. Buscar nuevas posibilidades.

Por el contrario,disfrutar de la verdadera libertad interior, 
es escuchar a la vida.
Vivir consciente. Despertar.
Aprender a disfrutar. Arriesgar. Buscar nuevos horizontes. 

Ser libre en el corazón, te ayuda a ver el valor de lo simple y vivir todo  con intensidad:
la lectura deseada, una buena discusión, el placer de unas manos mojadas, la mirada del amor,
la mano suave que acaricia, el placer de un buen vino, recibir a un amigo, ...
¡Es maravilloso!

El presidente Carter apeló a los americanos en los años setenta para que fueran más austeros.
Esto me suena a cotidiano.
No sería mejor apelar a que disfruten de las cosas, de las pequeñas y grandes cosas.
A que pasen la vida viviéndola. 

Al perder la libertad interior confundimos el ser, que se entiende bien con el vivir, 
con el tener, que se entiende bien con el sufrir. 
Nos hace condenarnos a nosotros mismos, sentirnos culpables.

Perdemos la gran lección del animal que somos: confundir lo externo, el entorno, 
con nuestra capacidad interna de vivir libremente.
Y por eso confundimos lo vivido con la vida.
Lo vivido pertenece al mundo de la rapidez. De lo inconsciente.
La vida es intensa. 
Lo vivido tiene que ver con una mente viajera, normalmente del pasado al futuro.
la vida es aquí y ahora. Es presente.

Me recuerda a cuando vamos de vacaciones. 
Hacemos fotos que pegaremos en un álbum.
Pasamos el tiempo haciendo fotos de lugares que fotografiamos rápidamente 
pero que en realidad no vemos, porque cuando estamos allí ya estábamos pensando 
en donde cenar esa noche, o en la ruta de mañana, o en la hora de ir al aeropuerto
para poder coger el avión de vuelta.
Así se nos pasa la vida, inconscientemente. Esclava del tiempo. Símbolo de la modernidad.

Vivir con libertad interior es poder ralentizarte cuando lo deseas.
Es apreciar el silencio.
Es oler y saborear sintiendo.
Es escuchar todos los sonidos. 
Es darte el poder de desatascar todos los sentidos y ponerlos a tu servicio. De tu propio placer.
Libremente.
Y es que la vida es

MÁS SIMPLE 
DE LO QUE PARECE