domingo, 27 de mayo de 2012

BOTÓN DE PAUSA



Me quedo con la acción versus la reacción.
Y no es que no defienda que, en ocasiones, es necesario reaccionar...
¡ Por supuesto que sí !


Reaccionar es dar respuesta a algo que ya ha sucedido.
Responder a un estímulo. A algo externo.


Accionar es activar, poner en marcha desde la decisión consciente 
anticipándonos al estímulo. 
Al accionar vamos por delante.


La acción nace de una decisión proactiva, 
sin embargo la reacción es la respuesta a algo que, desde fuera, nos activó, 
incluso aunque no hayamos decidido que así fuera.


La acción es un producto resultado de la consciencia y la elección.
La reaccionar no siempre es una decisión.
En ocasiones es una explosión emocional.
La acción se planifica y controla.
La reacción aparece, con frecuencia, sin pensar, como vómito,
instantánea, sin reflexión previa, abrupta, como defensa, ...


Invito a pensar que ante la reacción es necesario tener, 
y a veces accionar, un botón de pausa.
Parar, pensar, decidir y actuar.
Es entonces cuando una reacción se convierte en acción.
No es sólo un juego de palabras. No es sólo léxico.


Por ejemplo, cuando me provocan, me enojo.
Enojarse es natural.
El botón de pausa nos ayuda no a reprimir el enojo,
pero si las posibles respuestas del mismo, como la ira o la expresión de rabia.
Resistirse a una respuesta emocional no es reprimirse.
Decidir como actuar ante mi propio enojo, no es reprimirlo.
Reaccionar sería dar rienda suelta a la emoción; 
en ocasiones de forma inconsciente.


Accionar es decidir como quiero responder.
Puedo actuar con rabia porque así lo decido 
o puedo ir a dar un paseo y elegir hablar desde la calma.
Las dos opciones son válidas como respuesta. 
La clave: se puede elegir.


Sólo necesitarás 
un cuarto de segundo 
para tocar el 
botón de pausa





domingo, 20 de mayo de 2012

HUMILDAD



El término humildad viene del latín humilitas que se traduce como "bajo la tierra”. 
El origen es porque se pensaba que las emociones y los deseos se originaban bajo la tierra.
Más tarde se le dio la acepción de “persona modesta”.
Por otra parte, se entiende como humilde a la persona que siempre
está dispuesta a aprender, abierta a cambiar de idea, a estudiar una nueva opción, 
a explorarla, a valorarla, a no querer tener siempre razón, ...


Los grandes personajes de la historia, los de verdad, eran todos humildes.
Pero pienso igual de esos otros personajes menos conocidos
los que viven a nuestro alrededor, los amigos, familiares, socios, compañeros de trabajo, ...


Miguel de Cervantes, en su diálogo de “Los Perros” decía que


la humildad 
es la base y fundamento 
de todas las virtudes, 
sin ella no hay ninguna otra que lo sea”

Lo tenía muy claro Cervantes: si no eres humilde, da igual lo que seas.
La humildad enriquece al resto de la personalidad.
Sin ella estás perdido. 


Las personas humildes son sencillas, modestas, valoran lo simple 
por muy grandes que sean en su conjunto o destaquen en cualquier virtud o campo, 
del saber o del hacer.


A los humildes los ojos le brillan de forma diferente. Los tienen limpios.
A los pedantes, nada modestos, amigos y perseguidores sobretodo del reconocimiento público, los ojos están inyectados en sangre.
Se hinchan de orgullo y miran para otro lado, por encima del hombro. 
En su poca modestia y en la mirada esconden su propia inseguridad.
Desprecian a los demás, viven buscando la paja del ojo ajeno 
y creen disponer de la verdad absoluta.
Estiman la crítica sin sentido, malefica, con el único objetivo de herir 
y de afirmarse ellos mismos.
Se creen perfectos. Omnipotentes y omnipresentes.
Viven para ser observados, sin darse cuenta que nadie les ve.
Ponen su realidad en el escaparate.
Estos no son grandes.
No tienen mucho que decir.


Y de estos hay muchos. ¡Abundan!
Los encontrarás más cerca de ti de lo que puedas imaginar.
Se te cruzarán en el metro, en la Universidad, en la Empresa, 
darán conferencias y discursos, aparecerán en los medios, 
escribirán sobre lo que ellos mismos no hacen, ...
Hay que huir de ellos; de estos pequeños que se creen gigantes. 


En el otro lado, en el de la HUMILDAD,
están los más grandes, personas muy cercanas por mucho que sean auténticos sabios. Sencillos en todas sus formas, expresiones, acciones.
Se dejan ver, tocar, escuchan, miran con paciencia.


La humildad además nos hace conscientes de las cosas buenas que tenemos, de lo que nos destaca, de lo que nos hace mejores.
Nos aleja de la envidia.
Quienes aprenden realmente a ser humildes viven una vida más feliz. 
Están en armonía con ellos mismos. Se valoran mejor, y con ello, 
aumentan su propia autoestima.
Y también por ello saben admirar a los demás. 


Con la humildad se admiten las equivocaciones, los errores, se aprende de ellos... 
La humildad te ayuda a entender que estamos en un estado continuo de aprendizaje, 
de crecimiento.
Los humildes aceptan mejor el feedback negativo, la crítica orientada a la mejora, 
saben que ello le permite mejorar, mostrar nuevas caras. 
Y por si fuera poco, las personas humildes son más serenas, tranquilas, 
más pacientes con ellos mismos y con los otros.
Saben perdonar. 
Pierden conscientemente el derecho auto-adquirido a tener siempre razón.


La humildad 
te ayuda a entender 
que todo en al vida 
es un regalo



domingo, 13 de mayo de 2012

EL SÍNDROME DE PARIS

Hace unos 20 años un psiquiatra japonés que vivía en Paris,
el profesor Hiroaki Ota, identificó un raro trastorno emocional al que llamó
el síndrome de Paris.
También conocido como síndrome de las expectativas.

Es un raro efecto que se producía en los visitantes japoneses que viajaban a Paris.
En su país, cuando soñaban con Paris, se creaban una visión idealizada de la ciudad,
pero al llegar y toparse con la realidad, se encontraban con una ciudad que no cubría
las expectativas que ellos mismos habían imaginado.
Se enfrentaban al exceso de tráfico, a largas colas para entrar en sus museos,
a restaurantes que no daban esa comida tan chic francesa
pero sí a un precio exagerado, a pintores en Montmartre que para nada se parecían a
Picasso, Toulouse Lautrec, Degas, Monet, Renoir, Ducreaux, ...
Es decir una realidad que para nada cubrían lo que antes habían imaginado, esperado.

Según Hiroaki, los turistas japoneses entraban en crisis de tristeza, ansiedad, miedo, frustración, sensación de observación desmedida.
Incluso algunos intentos de suicidio.
Es tan cierto, que desde entonces, la embajada japonesa en Paris tiene un teléfono
que funciona las 24 horas del día para atender a los turistas que sufren este
choque cultural severo.

Todo por una cuestión de expectativas

Expectativa, que viene del latín "expectatum" y que significa
lo visto con anterioridad.
Visto,¿dónde?
¿En la mente?

La expectativa está asociada a la posibilidad razonable que nosotros mismos nos
creamos de que algo suceda.
Y, por definición relacionada con la incertidumbre.
Incierta porque no se sabe si se cumplirá, porque si fuera real ya no sería expectativa.
Puede que suceda, puede que no...
Necesaria para predecir, para prever, para imaginar, ...

Si lo que sucede es tal como se esperaba, todo está bajo control.
Si lo que sucede está muy por debajo de lo esperado, lo que se siente es decepción.
Si lo que sucede está por encima de lo esperado, se produce sorpresa.

Que importante la gestión de las expectativas, tanto para la relación con los demás,
como para el diálogo interior con uno mismo.
Depende de cómo las gestionemos son motor o freno de la felicidad.
De hecho, ¿no es la felicidad una cuestión de expectativas?
¿No vive realmente la felicidad en la antesala de la felicidad?
Es decir, no se vive más la felicidad en el pensamiento, en la idea,
antes de que un hecho se produzca.

La expectativa y la realidad viajan de la mano.
Una detrás de la otra. Y en ese orden.
Primero viaja la expectativa, ...le sigue la realidad.
Que importancia tiene la primera para la percepción y resolución de la segunda.

Las expectativas son suposiciones centradas en el futuro que se viven en el presente.
La realidad vive en el ahora. Y se compara con el pasado, con la expectativa.

La expectativa tiene dos caras posibles, o al menos dos:
el lado placentero producido por las expectativas positivas del futuro,
deseosas de que ocurran, de que se hagan realidad cuanto antes.
Y su lado negro, donde la expectativa es no deseada.

También dos reacciones: la satisfacción, cuando la realidad y lo esperado coinciden
de forma positiva. O la frustración, cuando no es así.
Esta última sufren con frecuencia los turistas japoneses cuando viajan a Paris.

Y a ti,
¿te pasa lo mismo que a los turistas japoneses,
cuando viajas con la mente en una dirección
y vives con la realidad en otra?

Gracias a las expectativas la vida se puede imaginar, que es otra forma de vivirla, podemos fantasear, ambicionar con sentido común, sabiendo lo que podemos alcanzar, lo que está en nuestra mano y lo que nos queda lejos.
Se trataría de intentar conducir nosotros a ellas y no al revés...
Es decir de no ser espectadores

Espectador es una palabra que parece tener un origen común con esperar.
¡Pero no es así!
El espectador no lucha por convertir sus expectativas en realidad.
Espectador es una persona que presencia pasivamente. Sin hacer.
Por lo que tener expectativas nunca debería convertirse en sentarse a esperar
que suceda, sino más bien ponerte a convertir el sueño en realidad.
Bajo este concepto el que lucha para hacer que se cumplan sus expectativas
no es espectador es actor.

YO NO PIENSO ESPERAR,
y tú?


PIANO MAN


¡IMPRESIONANTE!

Quizás ya le conoces.
Yo no hasta hoy.
Vi un documental sobre James Rhodes y me encantó.
Una historia de superación a través de un piano y de la música clásica.
Recomendable!

Ahora están haciendo unos documentales sobre él en Canal+

ARGUMENTO

James Rothes es un personaje humano y buen comunicador más parecido por su físico y forma de pensar a una estrella de rock que al típico concertista de piano.

Este músico inglés sufrió abusos en su infancia y pasó por una operación de espalda, circunstancias que marcaron su carácter. En la serie habla de la música clásica como su salvación. Aunque es graduado en Psicología estudió de manera intermitente piano, instrumento al que decidió dedicar su vida.

James toca el piano con la misma pasión con la que habla de música. Hace pausas en medio de la interpretación para contar qué siente tocando y qué música elige para tocar según el estado de ánimo en el que se encuentra. Lanzó su primer álbum, Bullets and Lullabies, en diciembre de 2010, y fue directo al número 1 en las descargas de iTunes Clásica.


Uno de esos personajes dentro de una persona que vale la pena descubrir...

Visita su web: http://www.jamesrhodes.tv/index.php


CONFERENCIAS EN EXPOMANAGEMENT 2012





Los próximos 23 y 24 de mayo se celebra una nueva edición de Expomanagement, foro donde se dan cita los principales expertos en gestión empresarial.
Un año más, participaré con dos ponencias en el Ciclo de Conferencias.

“LA MAGIA DE LA CREATIVIDAD”
junto al ilusionista Jorge Blass
Será el miércoles 23 de mayo, a las 12:00h
Si eres de los que no te conformas con pensar que la creatividad es un don reservado a unos pocos o el producto de un golpe de suerte, y valoras la necesidad e importancia de desarrollar tu potencial creativo y el de los miembros de tu equipo, te invitamos a descubrir y experimentar cuáles son las magias de las que se alimenta la creatividad para hacer aparecer ideas y oportunidades diferentes y efectivas en el entorno empresarial.
“¿QUIERES EMPRENDER? ¡ATRÉVETE!”
Jueves 24 de mayo, a las 15:00h
Identifica cuáles son los resortes que pueden ayudarte a activar tu capacidad para emprender, los elementos que la bloquean y cómo gestionarlos. Si crees que ha llegado el momento de hacer realidad tu proyecto, el que verdaderamente te motiva y apasiona, ¡Atrévete! a descubrir qué necesitas para lograr el éxito en ello.
Descárgate la invitación adjunta para conocer todos los detalles de ambas conferencias en la web de www.thinkandaction.es

MANIFIESTO


Queda prohibido
no hacer las cosas que deseas;
no sentir alegría,
y no compartirla con los demás;
no vivir contigo mismo,
y tener miedo a la vida.

Y, sobre todo, queda prohibido
no vivir cada día
como si fuera el primero