domingo, 23 de septiembre de 2012

UNA TARDE DE OTOÑO



Empieza el otoño. 
Me siento feliz.
Mi balanza está equilibrada; lo que no me gusta y lo que me gusta, lo que me daña y lo que me sana, lo positivo y lo negativo, lo que me da vida y lo que me “mata”, ...

Hablamos mucho de felicidad.
Pero, por lo general, nos cuesta ponerle una definición y, 
sobre todo, nos es difícil saber los elementos que la potencian.
La felicidad no es más que el término que usamos para referirnos a la valoración, subjetiva, de nuestra propia sensación de bienestar.
Por eso, aún con las mismos elementos evaluados, una persona
puede estar triste, y decirse infeliz y otra sentirse muy feliz.
Es una sensación individual, perceptiva y, por lo tanto modificable.

Necesitamos comprender qué cosas a cada uno individualmente 
nos hacen sentir bien, felices, para potenciarlas, para dejarles espacio, para darles fuerza, avivarlas.

Somos más o menos felices dependiendo de nuestra propia
disposición mental ante lo que nos sucede, ante lo que vivimos.
Disposición mental que llamamos ACTITUD.
Actitud que se alimenta de nuestras creencias, de nuestro enfoque,
de nuestro quehacer diario, de los comportamientos repetidos,
de las vivencias, de la valoración de los hechos cotidianos, 
pero sobre todo de cómo juzgas a los demás y a ti mismo.

La felicidad requiere de esfuerzo. Y de asumir responsabilidad.

Aunque no es genérico, en general la felicidad se alimenta 
de unos alimentos básicos a los que todos tenemos acceso.
Ahora, que llega el otoño, querría recordar algunos de ellos.
Quizás sea un momento ideal para ponerlos en práctica.

Sólo tres de ellos para esta tarde de otoño...


AGRADECIMIENTO

Sin necesidad de estar en deuda con nadie.
A la vida. Al presente. A lo cotidiano. A lo simple. A ella. ...
Te aleja de la soberbia, del egoismo, de la negación.
Es aceptar que todo lo que nos llega nace en nosotros mismos
o en el bien de los demás.
No permite entrar a la vanidad ni a la envidia.
Vive en compañía de la humildad y de la admiración. Del reconocimiento.
Genera abundancia.
Nos conecta con el otro.


PERDON

Viene del término latino “donare” con su prefijo “per" 
Y es que perdonar es PARA DAR.
En inglés queda claro: “forgive”, (for+give), = para dar.
Hasta en catalán, perdonar, sería per+donar = para dar.
Perdonar es pasar, es cruzar lo que estorba. Es saltar al otro lado.
Te aleja de la indignación, de la ira, de la rabia.
Exime del castigo, de la culpa. 
Perdonar es regalar. 
Perdonarte es hacerte el mejor regalo. 
En el lado contrario del perdón está la pérdida.


COMPASIÓN

Sentir compasión es comprender las emociones.
Propias y de otros. Hacerlas tuyas. Permitirles vivir en ti.
Provoca deseo de alivio.
Es poner tus sentidos y tu saber al servicio del entendimiento.
Entender el lloro del que llora y la risa del que ríe.
No es sentir pena. La compasión te aleja del sufrimiento.
Es ponerse en el lugar adecuado, contigo mismo y con los demás.
Convive con el amor. Se alimenta del afecto. De la compañía.
Es sincera y desinteresada.

La felicidad es una suma.
Una suma de emociones que se mezclan entre sí buscando equilibrio.
Emociones positivas la enriquecen. La engrandecen.
Emociones negativas la deterioran. La dividen.
Por eso debemos aprender a no fijarnos con tanto ansia en lo negativo. 
Sí reconocerlo, no fijarlo.
Nos atascamos en la desconfianza y en el miedo.
Y así perdemos el equilibrio que hace más grande nuestra propia felicidad.

Necesitamos entrenar a nuestro cerebro, que está diseñado
para detectar lo negativo, lo perjudicial, lo que agrede, 
lo que puede afectar la supervivencia, a encontrar el camino del bienestar.
Entrenarle deliberadamente, conscientemente, a percibir
la realidad de una forma más equilibrada, más sosegada,
a agradecer por lo bueno que cada día, en cada momento, nos pasa,
a perdonar y a tener compasión.
A filtrar la emociones. A darles su verdadera forma.

Bárbara Fredrickson, tras numerosos estudios, afirma que 
si experimentas conscientemente las emociones y las vives
equilibradamente en un ratio de positivas frente a negativas 3:1
te convertirás en una persona resiliente frente a la adversidad,
vivirás mucho más feliz, aceptarás sin resignación lo negativo,
y pasarás a la acción para cambiar todo aquello que no te sea óptimo.


La verdadera abundancia 
para un cerebro miedoso
es sentir 
que estás en paz con lo que tienes,
que vives siendo lo que eres,
centrado en vivir el presente

Todo un viaje interior, mientras las gotas de agua de la primera lluvia de otoño
caen sobre la ventana de mi buhardilla...



domingo, 16 de septiembre de 2012

ES MÁS SIMPLE DE LO QUE PARECE...



La vida es más simple de lo que parece.
...Y de lo que nos enseñan.
Se trata de entender el verdadero concepto de libertad.
La libertad es interior.
Y, sin embargo, la dejamos en manos de los demás. La visionamos fuera de nosotros.
La libertad no está en las circunstancias externas. Reside en el corazón.

Ya lo decía Platón:

“Uno no puede esclavizar a una persona libre, 
porque una persona libre 
sigue siendo libre incluso en prisión”

Cuando niños, nos enseñaron ideas que calaron en nuestra mente y nos hicieron adictos.
Tales como: ser foco de atención de todos, aprobación por los demás, llegar a lo más alto,
ser jefe, dirigir a la pandilla, tener poder, ver tu nombre en el periódico, ser el primero de la clase,
y un largo etcétera ...

Sin embargo la libertad en estado puro es la capacidad de desprenderte de la aprobación de los demás,
de la atención necesitada, del aprecio requerido, del "compláceme mucho” que viene de afuera.

Nos hacemos dependiente de los demás. Y ahí empezamos a perder la verdadera libertad del ser humano.
Por eso cuando te desaprueban, te dejan, te ignoran, experimentas tristeza,
es decir, sentido de pérdida y una soledad insoportable.

El infierno son los otros” decía Sartre.
Que certeza!
Vivir en estado de dependencia de los demás te resta libertad, te genera angustia, miedos. 
Te impide arriesgarte. Crecer. Buscar nuevas posibilidades.

Por el contrario,disfrutar de la verdadera libertad interior, 
es escuchar a la vida.
Vivir consciente. Despertar.
Aprender a disfrutar. Arriesgar. Buscar nuevos horizontes. 

Ser libre en el corazón, te ayuda a ver el valor de lo simple y vivir todo  con intensidad:
la lectura deseada, una buena discusión, el placer de unas manos mojadas, la mirada del amor,
la mano suave que acaricia, el placer de un buen vino, recibir a un amigo, ...
¡Es maravilloso!

El presidente Carter apeló a los americanos en los años setenta para que fueran más austeros.
Esto me suena a cotidiano.
No sería mejor apelar a que disfruten de las cosas, de las pequeñas y grandes cosas.
A que pasen la vida viviéndola. 

Al perder la libertad interior confundimos el ser, que se entiende bien con el vivir, 
con el tener, que se entiende bien con el sufrir. 
Nos hace condenarnos a nosotros mismos, sentirnos culpables.

Perdemos la gran lección del animal que somos: confundir lo externo, el entorno, 
con nuestra capacidad interna de vivir libremente.
Y por eso confundimos lo vivido con la vida.
Lo vivido pertenece al mundo de la rapidez. De lo inconsciente.
La vida es intensa. 
Lo vivido tiene que ver con una mente viajera, normalmente del pasado al futuro.
la vida es aquí y ahora. Es presente.

Me recuerda a cuando vamos de vacaciones. 
Hacemos fotos que pegaremos en un álbum.
Pasamos el tiempo haciendo fotos de lugares que fotografiamos rápidamente 
pero que en realidad no vemos, porque cuando estamos allí ya estábamos pensando 
en donde cenar esa noche, o en la ruta de mañana, o en la hora de ir al aeropuerto
para poder coger el avión de vuelta.
Así se nos pasa la vida, inconscientemente. Esclava del tiempo. Símbolo de la modernidad.

Vivir con libertad interior es poder ralentizarte cuando lo deseas.
Es apreciar el silencio.
Es oler y saborear sintiendo.
Es escuchar todos los sonidos. 
Es darte el poder de desatascar todos los sentidos y ponerlos a tu servicio. De tu propio placer.
Libremente.
Y es que la vida es

MÁS SIMPLE 
DE LO QUE PARECE




domingo, 9 de septiembre de 2012

PALABRAS


Las palabras se nos quedan cortas. No siempre describen lo que sentimos.
No siempre pueden poner título a la idea, ni ideas al talento.
Y aún así, participan en la creación de "nuestra" realidad, la que percibimos.
La que defendemos, aún con o razones o sin ellas...
Realidad con frecuencia irreal ante otros ojos.

Las palabras son etiquetas que se adueñan de los hechos que vivimos,
sobre todo de cómo los vivimos, de cómo los valoramos.
Le ponen marca. Le asocian conceptos. Se identifican con lo observado.
Dejan huella. Fijan sentimientos.
Crean futuro participando en la elaboración de creencias que, por su quehacer,
se van fijando en nosotros como anclajes, a veces de difícil cuestionamiento,
inamovibles, pegados con pegamentos de gran eficacia.

Las palabras filtran la realidad bajo el prisma de nuestras propias creencias
que fueron etiquetadas con palabras.
Y así son capaces de crear respuestas biológicas diferentes.

Al entrar en nuestro país, después de un largo viaje, nos sentimos mejor,
como en casa, nuestro sentir y nuestro cuerpo generan endorfinas positivas,
aparece y reluce el sentido de pertenencia.
Pero, ¿qué pasa si nos engañan y nos dicen que estamos en nuestra nación
sin que sea verdad?
Sentiremos el mismo sentido de pertenencia, aunque la " realidad " es que estamos
en otro país.
Las palabras mandan en nuestro sentir.

La realidad no existe, sólo existe la percepción de la realidad.
Y, en gran medida, esa percepción es creada por las palabras.

El pasado, pasado,
te influirá en la percepción de la realidad presente y futura,
por las etiquetas que las palabras han creado en ti.
¡No lo permitas! ¡Cuestiónalo !

"Si un día un perro me mordió, no son malos los perros, sólo fue malo ese perro"
"Si el pescado tuvo aquel olor tan desagradable, no todo el pescado huele mal"
"Si con aquella persona no fui feliz al compartir mi vida,
no siempre seré un infeliz con personas que quieran compartir mi vida".
....

Se trata de aprender a experimentar con totalidad
lo que te esta pasando en cada momento y después también aprender a soltarlo.
A no dejarlo como marca, como filtro que te impide ya ver la realidad de otra forma.
Es viajar la vida con un escaso equipaje.
La vida pura es más simple de lo que parece.
Nosotros la hacemos compleja.
Valora las palabras que usas porque pueden participar en hacer de tu vida algo
difícil o fácil, simple o complejo.

Es la tarea de librarnos de nosotros mismos. De nuestras convicciones estúpidas.
De nuestra mente paralizada en hechos del pasado.

¿Cómo filtramos las palabras que usamos? ¿Como las escogemos?
¿Con nuestro conocimiento? ¿Por la cultura a la que pertenecemos?
¿Por nuestra programación?
¿Por el modo como se nos enseñó a ver las cosas, a valorar los hechos?

Mark Twain lo expresó muy sabiamente:

"...hacia tanto frío que si el termómetro
hubiera sido unos centímetros más largo,
nos habíamos muerto congelados"

No es el frío externo lo que nos mata, sino el termómetro.
La percepción del propio frío.
No es la realidad lo que importa sino lo que te cuentas a ti mismo de ella.
El cómo la vives.
No es el hecho es la valoración del hecho lo que influye en tu sentir y en tu respuesta.

En una ocasión un gurú estaba intentando explicar a una multitud
durante una conferencia la importancia de las palabras.
Decía que nos alimentamos de palabras.
Que vivimos nuestra vida dependiendo de las palabras que elegimos.
Que las palabras son para nuestro ser más importantes que la propia realidad,
porque esta misma sin ellas no existiría.

Uno de los escuchantes se puso en pie y protestó:
"No estoy de acuerdo en que las palabras tengan tanto efecto en nosotros"

" Siéntate hijo de puta", le respondió el gurú.

El asistente a la conferencia, líbido de rabia, dijo en voz alta:
"¿Y te llamas a ti mismo gurú, (=iluminado), maestro?
Deberías sentirte avergonzado con el trato que me estás dando"

El maestro, cogiéndose con la mano su rostro, comentó:
"Perdóneme señor! Me he dejado llevar por mi pasión.
Le pido mis más sinceras disculpas.
Ha sido un error lo que he dicho y hecho.
Pido perdón ante toda la sala. Lo siento!"

El escuchante ofendido se calmó.
Entonces el guró añadió:
"Me han bastado unas pocas palabras para desatar una tormenta en ti.
Y otras pocas palabras para calmarte.
¿No es así?

Las palabras nos aprisionan sin darnos cuenta.
Pero las palabras también nos liberan si las usamos en nuestra dirección.
A nuestro favor. Si con ellas nos cuestionamos el sentido de las cosas, de los hechos,
de la realidad construida y etiquetada por ellas mismas.

Estos días he puesto sentido consciente en mis palabras.
He conseguido amar con ellas. He conseguido reñir con ellas.
Me han ayudado a valorar un hecho como positivo y el mismo hecho como negativo.
Por momentos han tenido en mi un efecto en mi motivador,
poniéndome en movimiento, o por el contrario alejándome de todo.
Han sido capaces de gustar a otros, de impresionarles, de hacerles cambiar
la mirada de forma positiva, ilusoria o ilusionada,
o bien de hacer que entren en desacuerdo crónico conmigo.
Bueno, ...conmigo o con mis palabras.

Palabras, palabras, palabras, ...
Unas veces amigas otras enemigas.

TIENES
LA PALABRA


sábado, 1 de septiembre de 2012

MOMENTOS




" Si vuelvo la vista atrás
sólo puedo encontrar unos cuantos
momentos
en mi vida en los que estuve
realmente VIVO,
los viví encendido"

Bertrand Russell







¿Puedes recordar cuántos momentos de tu vida has vivido encendido?
¿Son pocos? ¿Son muchos? ¿Los viviste conscientemente?

Soñamos con estos momentos, los imaginamos, los deseamos, los esperamos, ...
Y cuando ocurren, son un milagro.
...Pero, poco a poco, con frecuencia el milagro suele desaparecer
y el momento mágico, se convierte en rutina.

Fueron y ya no son. Es pasado.

Pasado provocador de aburrimiento y generador de rutina.
Borrador de milagros.
El aburrimiento nace de ser conscientes de la repetición.
Nace de lo vivido ya, en el pasado.
La mente no está limpia. No busca. Y no encuentra salir de la repetición.

El aburrimiento se alimenta de una mente ansiosa,
de pensamientos repetitivos, de lenguaje tóxico.
Por ello, el resto de los animales no pueden aburrirse.
Porque no pueden recordar el pasado.
El pasado no les interesa. Solo el Aquí y Ahora.
Una vaca no se aburre de comer todos los días la hierba del prado.
Siente siempre la misma alegría por hacerlo.
Y nunca es la misma hierba.

Nosotros, las personas, buscamos nuevos momentos continuamente.
Los deseamos. Nuestra mente es buscadora.
No nos gusta comer cada día la misma hierba. Nos aburrimos.

Sin embargo, lo curioso es que desayunamos lo mismo, vamos a la misma oficina,
nos vemos con las mismas personas, mantenemos los mismos amigos,
vivimos en la misma casa, tenemos la misma pareja, ...
En realidad estamos rodeados de rutinas. Necesarias, quizás sí, pero rutinas.
La mente está en búsqueda continúa, deseando, y nosotros nos rodeamos de rutina.

¿Coherencia biólogica?
¿Cómo conseguir compaginar la rutina necesaria con la búsqueda continua?
¿Cómo combinar lo que se ES con el DESEO de SER ?

En mi opinión,
el camino está en APRENDER a VIVIR
de una forma más
consciente
cada momento vivido.

Ver diferente lo mismo.
Sentir el momento. Hacerlo único.

En palabras de Marcel Proust,

"No se trata de encontrar
una nueva tierra cada día,
sino de observar y vivir
tu tierra de forma diferente"

No se trata de cambiar cada situación siempre.
Sino de ser consciente porque cuando somos conscientes somos capaces de vivir
cada momento como diferente, como único, como nuevo.

Sólo tienes dos opciones para escapar del aburrimiento rutinario:
O bien no te preguntes el sentido de las cosas y así no vivirás la repetición,
conseguirás una mente libre de "deseo", de engaño perceptivo, de ansia;
o bien ser consciente de que en cada momento repetido puedes ver y vivir algo nuevo.
Lo segundo es más fácil. Lo primero es más mágico.
Lo primero es más libre. Lo segundo te libera.
Recuerda no vivir dormido,
poner la consciencia para que puedas descubrir en cada momento lo nuevo,
una y otra vez ...

Para una mente aburrida todo es viejo.
Para una mente viva, todo es nuevo.
Una mente viva, FLUYE
Una mente viva, AMA

Heráclito dijo que no puedes bañarte dos veces en el mismo río,
porque nunca es el mismo.
Verlo o no como el mismo río sólo está en ti.

Tú tampoco eres el mismo. Todo está cambiando siempre.

Hoy empieza un nuevo curso.
Hoy empieza un nuevo mes.
Hoy empieza de nuevo la rutina del trabajo diario después de un verano de
paréntesis.
Todo parecería rutinario, pero NO LO ES.
Todo parecería igual, pero NO LO ES.
TODO ES NUEVO

Se trata de seguir siempre, con todo, con todos, contigo mismo,

SORPRENDIENDOTE !!!

En ello estoy ...