domingo, 28 de octubre de 2012

Y SE QUEDÓ EN LA LUNA




Había una vez, 
(así empiezan todos los cuentos, no ?), 
un señor que quiso ser astronauta y subir a la Luna.
Consiguió que le metieran en un cohete, tras pagar mucho por ello.
Y llegó a la Luna.

Pero en el alunizaje el cohete se rompió.
A partir de ese momento supo que jamas podría volver a la Tierra.
Tenia oxigeno sólo para tres días.
No habría suficiente tiempo para que mandaran otro cohete a recogerle.

En esos tres días descubrió por primera vez que lo único que deseaba, 
lo que verdaderamente quería, 
 ... lo que le hacía más feliz,
sería estar con su familia y amigos, en su casa, en la Tierra .
Recibir esas pequeñas cosas que antes disfrutaba:
un rayo de sol, una mirada amorosa, un tierno abrazo, ...

Lo supo cuando ya no era posible volver.
Cuando era tarde.

Lo lejos que tuvo que ir
para darse cuenta
 lo cerca 
que siempre tuvo lo que más feliz le hacía. 


Esto nos pasa a las personas con mucha frecuencia.
No vemos lo que tenemos más cerca por estar mirando el horizonte.
Nos perdemos el momento presente. 
Lo cercano.

Pon en valor las pequeñas cosas que tienes delante, a tu “mano”,
esas que nos harían sufrir si desaparecieran, si dejasen de estar cerca de nosotros.
Disfrútalas. Apuesta por ellas. Regálales tu atención, tu tiempo, tu espacio.


Párate y mira lo que tienes 
feliz con ello
Celébralo !!!!

domingo, 21 de octubre de 2012

TENER RAZÓN

LANDING ON NIBIRU
Michael Huygen

Una historia del judaísmo jasídico nos contaba que una vez una pareja 
fueron a ver al rabino porque tenían problemas con su convivencia.
Una vez allí el rabino les dijo:

“lo primero que quiero es que me cuente usted señora 
su visión del problema”.

El rabino escuchó atentamente, y cuando la señora acabó añadió:

“¿sabe lo que le digo? Que tiene usted toda la razón”

El marido se quedó con cara de asombro.
Pero si a él ni siquiera le había preguntado.
Protestó. Por lo que el rabino pidió también que le contase su 
forma de ver ese mismo problema en la pareja.
De nuevo el rabino escuchó con toda su atención el relato.
Cuando el marido terminó de hablar, el rabino dijo:

“¿sabe lo que le digo? Que tiene usted toda la razón”

En ese momento, tanto la señora como el caballero,
se quedaron sorprendidos y sin dudarlo ambos empezaron
a quejarse al rabino, ...pero cómo podían tener lo dos razón.
El marido, que no podía aguantarse más le dijo al rabino:

“Rabino, con todo mi respeto, o yo tengo toda la razón
o toda la razón la tiene ella, pero los dos a la vez es imposible.
Le hemos contado dos versiones completamente diferentes”.

El rabino les miró dulce y amorosamente y le confesó al marido:

“¿sabe lo que les digo? Que tiene usted toda la razón”.

Que corto de vistas somos al querer tener siempre razón.
Como perdemos la capacidad de amar y de dar afecto al luchar por nuestra idea.
Como intentamos interponer nuestra realidad en "defensa de la verdad”.
En vez de escuchar otros puntos de vista y aprender,
darnos el permiso de cambiar, de vivir desde otro lado,
lo que hacemos es defender a ultranza nuestra razón.

Vivimos pillados bajo el principio de la doble opinión
que viene a decirnos que existen dos opiniones: la nuestra y la equivocada.

Que bien, por el contrario, cuando aprendemos a escuchar,
a valorar realidades diferentes, a no querer tener siempre razón.
Cuando las personas descubrimos lo saludable que es no
querer tener siempre razón empezamos a ser más felices.

¿No es la mejor forma de abordar una situación el considerarla
desde todos los puntos de vista?
¿Por qué nos gusta tanto vencer al contrario?
¿Por qué nos hace sentir tan bien si no existe una única verdad, ni razón?

La realidad es subjetiva !!!

Cuando nuestras percepciones son diferentes, nuestras verdades son diferentes.
Y en ese momento también nuestro lenguaje es diferente.
Nuestras historias se hacen diferentes, aún habiendo vivido lo mismo.
Hay tantos modos de vivir una misma cosa como seres humanos.

Por ello el lenguaje es limitado el afecto y el amor no.
El lenguaje no puede transmitir la totalidad de la emoción.
El amor sí.
Y no quiero decir con esto que la amabilidad sea necesaria a cualquier precio.

Mi mensaje es de respeto, de respeto por los demás,
por sus ideas, por sus razones.
Ya se trate de un encuentro interpersonal casual o de una larga amistad, 
de tu pareja o de tus colaboradores en una empresa,
de los vecinos en el barrio o de la cola de un cine,
el respeto es darnos cuenta que los demás “SON”
y por ello tienen sus propias interpretaciones de todo lo que viven.
Debemos aspirar a respetar las actitudes de otros. 
A cada ser humano, y es la magia de la vida, nos hacen vibrar cosas diferente.

Las vivencias de cada uno son distintas, los conocimientos también, 
y mucho más las creencias, los ideales y los valores.
Todos ellos están para ser cambiados si se considera necesario.
Con consciencia, recibiendo el cambio, pero también con respeto.

Al adquirir esta habilidad de ocuparnos de los demás, nos 
transformamos en terapeutas de la vida.
Terapia viene del griego, “cuidar”.
Regalar amor, comprender a los demás aún no compartiendo sus ideales,
expresar nuestra razón y escuchar la razón de los otros,
mostrar cariño y cercanía, mejoran la naturaleza del ser humano.

Ante situaciones de estrés, de indefensión , de bajón, de pérdida
inconsciente de la realidad, de angustia, de miedo,
de incertidumbre, de tristeza, ...,
si te cogen la mano, si te abrazan, si te regalan una mirada de compresión, 
puede que nada afuera cambie, pero dentro de ti todo cambiará.
Las hormonas de la felicidad, como la serotonina, aumentan en 
cantidades importantes en sangre y las catecolaminas, 
productoras del estrés, disminuyen sustancialmente.

Numerosos estudios demuestran que al tener relaciones con una mirada 
dedicada al cuidado del otro,
las personas somos más felices, soportamos mejor el estrés,
tenemos menos miedo, hablamos más de amor y además

NO SIEMPRE 
QUEREMOS 
TENER RAZÓN


SALTONAUTA


El coraje 
y la curiosidad
nos hacen tan humanos
como el miedo.
¿Por qué elegir este último?



Felix Baumgartner 




domingo, 14 de octubre de 2012

HAY DÍAS, ...Y DÍAS

                                                                  
      "Soportando el tiempo"
      Foto de Paco Jarillo

Hay días,  ... y “días”.
Unos son brillantes, llenos de luz.
Otros apagados, grises, llenos de neblina.
Ambos son necesarios: los oscuros melancólicos que llueven sobre el fuego 
y los celestes llenos de ambición y de llama.
Los que nos apagan y esos otros que nos dan luminosidad.


Todo tiene su tiempo: 
la luz y la oscuridad.
El ruido y el silencio

Unos y otros dependen de nuestra actitud; de nuestra capacidad
para mirar, apreciar e interpretar la realidad.
Nacen desde lo que nos “corre” por dentro.
De nuestra disposición mental ante los hechos por los que transitamos en el correr del tiempo.

Vivimos consumiendo tiempo.
Sin ser conscientes de que nuestro tiempo, este tiempo que conocemos 
y al que llamamos vida, es limitado.
Que cada momento es único. Diferente. Un instante. 
Un relámpago dentro de una infinitud.

No solemos apreciar el verdadero milagro de nuestra existencia:
que es finita dentro del infinito.
Por momentos nos parecería que somos terrenalmente inmortales,
sin embargo, nuestra existencia, tal como la conocemos,
está temporalmente limitada. Nos guste o no.

Vivir, sin entrar en otros detalles, es usar el tiempo que nos ha sido dado.
Elegir usarlo para crear días grises o luminosos depende mucho de nosotros mismos. 
De nuestra actitud que se alimenta de las creencias.

El tiempo que ocupa vida es algo etéreo. 
Para un árbol, como el tejo,  puede ser milenario.
Para una mosca, la eternidad de un día.
Para un adulto, el correr de un sitio para otro, sin atención, sin vivir el instante.
Para un niño pequeño, vivir el ahora, el momento, sin prisa.

En cuarenta años de un ser humano pueden pasar muchas cosas;
pero también puede no pasar nada.
¿De qué depende?

Cuando una persona enferma gravemente, y está cerca de la muerte
suele decir que el tiempo pasa lento y que cada día, 
cada conversación, cada paseo, cada copa de vino, cada beso, ...
es importante, lo vive como único.
¿Es necesario para vivir así sentirte cerca del fin?


Quien vive los momentos y 
está presente
participa de la verdadera eternidad, 
esa que se vive en vida

Me recuerda a Momo, la niña de la novela de Michael Ende
que descubre la importancia de vivir cada momento con entusiasmo
de sentir la vida en cada instante, de vivir con dignidad.
Frente a los Hombres Grises de la novela que ofrecen a los humanos
una cuenta corriente de ahorro de tiempo impidiendo que vivan sus vidas. 
Renunciando a los contactos sociales para ahorrar tiempo.
Y usando el tiempo sólo para sentirse útiles.


El tiempo es vida
Y la vida habita en el corazón
Déjate llevar por él

La vida coge un significado diferente cuando aprendemos
que consiste en elegir cómo usar nuestro tiempo.
Y ese aprendizaje nos la pinta de todos los colores.
Lo diario, lo cotidiano, lo ritual, se engrandecen.
Se sienten de diferente forma...
A veces, se hacen imprescindiblemente prescindibles.

El tiempo es vida. 
Vida con límite. Misterio e incierto en su propia naturaleza.
Y como esto parece ser una gran verdad, 
deberíamos conducirnos amorosamente por el tiempo de vida 
que nos queda. Con gratitud y aprovechamiento.
¿No lo crees?

Tenemos que tomarnos tiempo.
Tomarnos tiempo para tener tiempo.
No robarnos nuestra propia vida.


Como el tiempo es vida, el amor y el tiempo viajan juntos.
Comparten la misma imagen sufí: un círculo incompleto.
Rumí lo dijo claramente: 
“sal del curso del tiempo y entra en el curso del amor”

No hay dos vidas humanas iguales porque han sido vividas
según un uso del tiempo diferente; vividas bajo diferentes decisiones. 
Decidir es usar tiempo para unas cosas y no pasa otras.

Hay días, ... y días.
Todos son tiempo.


Y el tiempo es vida





domingo, 7 de octubre de 2012

¡ATRÁPALA!



Dicen que en Suiza, cuando Borges estaba a punto de morir, 
llamó a un sacerdote calvinista y le pidió que le confesara.
El sacerdote se sorprendió porque Borges siempre se había confesado como agnóstico.
El sacerdote le preguntó por sus pecados y este le contestó:

“sólo he cometido uno,
pero muy importante: no he sido feliz

El vicario se quedó mirándole sin entender nada.
Y Borges añadió:

“Es que me he pasado la vida preocupándome
por lo que nunca me ha sucedido”

Así vivimos, sufriendo innecesariamente.
Preocupados por lo que no llegará. Por el futuro.
Y desviviendo el AQUÍ Y AHORA.

Una vieja historia nos lo dejaba muy claro:

Un anciano se encontró con su maestro después de mucho tiempo sin saber de él.
Y le dijo:
“Maestro, he consultado muchos libros y a otros maestros
y he renunciado a muchos placeres.
He ayunado, he sido célibe, fiel,
he pasado en vela muchas noches preocupado por los demás,
he buscado la iluminación,
He dejado todo lo que me pedían que debía dejar.
He sufrido mucho y sigo igual.
¿Qué puedo hacer?

A lo que el maestro contestó:
“dejar de sufrir”

De esto se trata, de dejar de sufrir por lo que no ha pasado.
Por la incertidumbre absurdamente entendida.
Y disfrutar de la fiesta de la vida, que es suprema al liberarse del sufrimiento tóxico, 
producto de la imaginación y de las percepciones sensoriales del miedo.
Evitar el miedo de sentirnos realmente vivos.

Has pensado cuánta vida se nos escapa por el hecho de vivirla sufriendo?
¿Cuántas alegrías dejamos de vivir por el sufrimiento absurdo?
¿Es nuestro destino pasarlo mal?

No vivamos prisioneros del sufrir.
Carece de sentido. Nos ahoga. Nos enferma.

Míralo así:

vive la vida tan intensamente
que puedas exprimir el jugo de cada instante,
ATREVIÉNDOTE,
sin dejar que se escapen la pequeñas gotas,
porque en ellas está la clave de la felicidad.
La llave de una vida llena, grandiosa, excitante, auténtica, 
...,
esa que vale la pena ser vivida.

Sé consciente de ello y 

¡AtrÁpala!