domingo, 17 de marzo de 2013

Las maldades del apego emocional




Amar sin apego 
es amar sin miedo

Es el derecho a explorar un mundo haciéndose cargo uno de uno mismo y,
al tiempo, viviendo, dando y compartiendo el amor de otros.
Amar sin apego es tirar la certeza de amor a la basura y vivir dejando que el universo se haga cargo.
Es aprender a renunciar.
Amar sin apegos no significa no amar enamoradamente. Sin el apego la pasión y la fuerza del amor crecen.

El apego nace de la necesidad, cuando somos bebés, de ser cuidados y protegidos por las madres.
Está presente no sólo en las personas, sino en muchos otros animales mamíferos y en aves.
El apego es una respuesta biológica, necesaria en los primeros meses o años de vida,
no es una respuesta emocional. Aunque hace su daño en las emociones.

Amar es, quizás, el sentimiento más humano.
Amar es necesario, bueno, debe formar parte de nuestra elección de vida principal.
Sin embargo confundir amor con dependencia es obsesivo, dañino, destructor.

Amar verdaderamente y el apego están reñidos, son paradójicos, no pueden convivir juntos.
Uno le quita el sentido al otro.
El amor requiere de libertad. Libertad que genera el verdadero compromiso.
El apego anula, cancela, perjudica.
El apego nace del miedo. Vive temiendo la pérdida.
Sin embargo, el amor es el mayor quitamiedos del que disponemos las personas.
El apego vive con los celos. El amor vive con la confianza.
El apego necesita de muchas palabras, justificaciones.
El amor crece con una mirada, con el tacto, ..., no necesita de tanto lenguaje.

Nos dice la canción:

“Ni contigo, ni sin ti
tienen mis males remedios.
Contigo porque me matas,
sin ti porque yo muero”

El apego es producto de la esclavitud afectiva. No es en sí amor.
Es amor disfrazado de dependencia.
El verdadero amor es inter-dependiente.
Decir amor es decir libertad. La libertad que te libera.
Amar es perdonar.
El apego no perdona, no se da ese permiso. Se mantiene esclavo de una idea repetida.

Y, quizás lo mejor, vivir amando sin apego, además de crear relaciones afectivas sanas y sanadoras,
relaciones con alegría, de confianza y duraderas en el tiempo, hace que aceptemos al compañero
con todos sus defectos, tal como es, y respetemos la relación desde ahí.
Amar sin apego tiene la capacidad de resolver conflictos sin daño emocional por medio.

Las personas que aman con apego tienden a subestimar las relaciones y la estabilidad del amor.
Confunden el no apego con la autosuficiencia.
La dependencia emocional la terminan convirtiendo en una obsesión compulsiva por el abandono.
El apego rompe, separa, aleja. El amor une.

El apego nace de un deseo tremendamente exagerado de la reciprocidad.
El apego no admite la diversidad.
El apego es la negación de uno mismo confundido con disfraz de amor.

En la canción “ Ne me quitte pas ”,
Jacques Brel nos enseña que se puede amar siendo la sombra de tu sombra sin necesidad del apego.
El amor de entrega, leal, en estado puro, es incompatible con el apego.

El apego nace de una baja autoestima. De una baja auto-confianza.
Amar sí, confiando y siendo uno mismo.
Amar desde el yo. Desde el nosotros.

Desarrollamos apego a todo, no sólo al amor romántico, también con amigos, con ideas, con cosas,
con trabajos, con clientes, con ...
Nos cuesta soltar. Andar por la vida sin lo conocido genera dolor.
Como si nuestra vida, por momentos, se quedara sin muletas.

El apego se relaciona con el pasado.
El verdadero amor vive el presente y genera futuro.

El apego no se permite sueños, sólo ilusiones perceptivas, no verdadera ilusión.
El amor se alimenta de sueños, de proyectos, de vida generadora de ilusión por lo que está por llegar.

Para salir del apego es recomendable vivir las relaciones bajo el llamado

principio de realismo afectivo

Se trata de vivir las relaciones sin distorsiones, con coherencia, sin autoengaños.
Se trata de evitar las interpretaciones subjetivas de la relación.
Es vivir el amor desde la relación franca, objetiva, sin interferencias perceptivas, asertivamente.
Y disfrutar de forma divertida, no dañina, cuando aparecen los momentos de incomprensión,
como aprendizajes, no bajo la necesidad de mantener el discurso de uno frente al del otro.
Amar no es ganar.
El apego necesita de la razón. El amor no.

El apego, donde hubo amor y ya no lo hay, genera malos duelos.
Provoca sentido del "todavía mío”. Del  “no se puede haber roto”.
Son percepciones ilusorias.

El amor está o no está. No se rompe. No se aleja. No se para. No huye.

El deseo es necesario, es sano, deseable.
Pero el deseo no es apego, es amor.
El hecho de que desees estar cada minuto con tu pareja o con tu amigo, compartir amor,
que no quieras desenredarte de sus brazos, que te deleite su presencia, sus labios,
que te lata más deprisa el corazón,...
eso no es apego, o no necesariamente tiene que ver con el apego.
Es deseo. Deseo y amor.

El no apego no es reprimir las ganas naturales de vivir el amor.
El desapego no es indiferencia. Es capacidad de amar con total libertad y respeto.

Recuerda esto:

El deseo y el AMOR
mueven el mundo.
La dependencia lo frena.

¿Te decides a amar libremente?





1 comentario:

Anónimo dijo...

Que post para mas completo,excelente. Gracias y saludos.