domingo, 14 de julio de 2013

¿Y si pierdes por un rato la cabeza?

Foto del blog Photofusionvirtual


Necesitas tiempo para ti.
¿Te has parado a pensarlo?
Yo sí. Hoy habita esta idea en mi mente.
Quizás me la trae el verano, o quizás simplemente el haber empezado a escucharme un poco más,
a quererme de verdad, a entender la vida en diferentes dimensiones.

Necesitamos tiempo para entretenernos con las cosas pequeñas. Pequeñas, pero importantes.
Para ordenar los calcetines en el cajón de la habitación.
Para mirar durante un largo tiempo a tu mascota, y aprender de ella.
Para que la mirada se nos pierda en la lejanía sin buscar nada.
Para leer sin que la mente se vaya de viaje a otras cosas, tan sólo centrado en el texto,
siendo la falsa historia del libro lo más importante en ese instante.
Para escuchar música poniendo toda la atención en ella, sin que sea tan sólo una compañera de otras tareas.
Y, sobre todo, para no hacer nada.
Para sentarte a solas y contemplarte.

Creo, como decía Pascal, que casi todos los problemas de la humanidad se resolverían si las personas
fuésemos capaces de sentarnos con nosotros mismos.
Escucharnos. Sentirnos. Poner atención. Meditar.

Que mal cuando nos aburrimos de nosotros mismos, de escucharnos.
Cuando no nos aguantamos, nos damos rabia y mostramos un rictus triste o de enfado crónico.
Y que mal también cuando la soledad nos da miedo.
Algo nos pasa en estos casos. Perdemos el sentido de la vida, lo más importante de la persona.

Muchas definiciones hay para hablar de felicidad, pero quizás la más preciada
tiene mucho que ver con la búsqueda del sentido de la vida.
Pero NO hablo aquí de la vida en sentido genérico, sino de TU VIDA.

Ya nos lo dejó muy bien explicado en las teorías de la Logoterapia el doctor Viktor Frankl.
Del griego logos, sentido, propósito.
De acuerdo con esta teoría la primera fuerza que mueve al hombre es la lucha por encontrarle un sentido a su vida.

Un estudio realizado en el hospital Johns Hopkins, realizado sobre siete mil novecientos cuarenta y ocho estudiantes,
demostró que al preguntarles sobre en ese momento de sus vidas qué era lo más importante para ellos,
el 78% dijeron que encontrar una finalidad a su vida.
El "para qué", del que tanto hablo en mis conferencias y cursos.

Ya lo había dicho Nietzsche:

El que tiene un para qué 
para vivir,
puede soportar cualquier cómo


Ahora bien, esa búsqueda necesaria no está reñida con el descanso mental, con la necesidad de parar,
de relajarnos, de dedicarnos un tiempo al vacío, a poner foco en el "YO" sin más, sin pretextos,
a experimentar con nuestra propia existencia sin más sentido que sentirnos vivos.

El escritor y poeta John Ruskin decía que las cosas más bellas son, a menudo, las más inútiles.
¿Les dedicamos tiempo?
¿Las observamos?

Es necesario dejar de darle al coco.
Dejar de comernos la cabeza.
Pasar de eso, ...y de aquello, ...y de lo otro, ...y de lo de más allá, ...
Olvidarnos ya de lo que queremos desde hace tiempo olvidar.
Dejarlo para siempre, o momentáneamente, pero dejarlo ahí o allí, ...que no siga aquí.
No darle tanto al coco porque termina siendo letal.
Parar el parloteo interno. Frenar el diálogo interior.
Ralentizar el ritmo de la mente.
Experimentar el silencio.
Darnos un respiro. Hacer el vago de forma elegida. Decidirse por el ocio.
Practicar el Wei Wu Wei. La "no acción".
Pasar el tiempo sin poner atención en él. No hacerle caso. Parar el reloj.
Dejar que el viento acaricie la cara, sintiéndolo sin tanto pensamiento rondando por la cabeza.
Ir a estirar la piernas. Levantar la barbilla y mirar el cielo con la mente en blanco.
Disfrutar del aire cálido de la ciudad o la brisa fresca del mar, el olor de la naturaleza, del campo, sin más.
Contemplar la belleza de un árbol, de las olas del mar, de las chimeneas apagadas en verano.
O la belleza de su cara, de sus ojos, de su piel, de su aroma, ... Los detalles que te atraen.
Belleza que no necesita ser descrita. Olvidar las palabras.
Acariciar su piel, su cuerpo, sentirlo sin necesidad de describirlo. Desearlo sin usar la mente.
Quedarse sin hacer nada un tiempo.
Hacernos estos regalos.

¡NOS LOS MERECEMOS!

Soy un defensor de las palabras, del esfuerzo repetido en forma de perseverancia, del cuidado de la mente,
de la acción para la consecución, de la búsqueda de sentido, como tantos sabios nos han enseñado,
como dice la filosofía, la religión, la existencialidad, la espritualidad, la vida misma, ...
Pero hoy, y sin ser una paradoja, creo que también debemos aprender a parar.
Hacer un stop.
Dejarnos llevar por la nada, que es la vida.

Ya lo dice el léxico popular, darnos el permiso de

PERDER LA CABEZA



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