domingo, 25 de agosto de 2013

¿Cómo te sientes en tu vuelta al trabajo?


"Descubrir tu pasión lo cambia todo"
El Elemento
Ken Robinson


Cuentan que dos peces jóvenes viajaban por el agua de un río corriente arriba.
Y se encontraron con otro pez adulto que iba en dirección contraria. Se saludaron.
"Buenos días", dijo el pez adulto. 
Y preguntó: "¿Cómo está el agua por ahí abajo?"
Los peces jóvenes le sonrieron y siguieron nadando...
Pasado unos segundos, uno de los peces jóvenes se volvió y le preguntó al otro:
"¿Qué es el agua?"

De eso se trata.
De no estar pendiente ni siquiera del "medio" en el que te desenvuelves.
Porque para ti ese medio se convierte en natural.
Estar así en tu vida es estar desarrollando actividades con las que fluyes, en las que te encuentras a gusto,
con las que te sientes plenamente identificado, feliz.

Hoy vuelvo a mi agua.
Al trabajo. A lo cotidiano que ha sido elegido por mi, que me hace feliz,
a   F L U I R.
Y no me pesa. Más bien me apasiona. Me genera mucha ilusión. Me hace disfrutar.

No me gusta la palabra trabajo. En mi caso la uso poco.
Es una palabra cuyo origen se basa en el concepto "tripalium",
tres palos en los que ataban a los esclavos para que no escaparan mientras desarrollaban sus trabajos.

Prefiero la visión de Confucio:

"Elige un trabajo que te guste 
y no volverás a trabajar ni un sólo día de tu vida"

Dedicar nuestro tiempo profesional en hacer algo que nos guste es, en mi opinión,
una necesidad vital absoluta.
Es, probablemente, en lo que pasarás la mayor parte del tiempo de tu vida.
Como para equivocarte.
Como para verlo como un sufrimiento.
Como para no elegir.
Como para no ser feliz con ello.

Busca tu elemento, nos dice Ken Robinson en un alarde de sabiduría.
Porque encontrar el elemento que te hace feliz es encontrar el equilibrio en tu vida.

Los recursos humanos, como los recursos naturales, a veces nos toca buscarlos por debajo de lo superficial.
Requiere de decisiones. Requiere de esfuerzo. Requiere de coraje.

Puede que hoy estés leyendo este post y te encuentres en paro.
O puede que no estés en la actividad laboral que más te gusta pero la necesitas para subsistir.
Es comprensible. Muchos hemos pasado por ahí en nuestra vida profesional.
La mayoría, según mi conocimiento, de los profesionales que hoy pueden decir con júbilo
que ya han encontrado esa actividad profesional que les hace feliz, primero tuvieron
que pasar por otros trabajos, por otros momentos, por otros caminos donde, más o menos felices,
no estaban en su elemento.

Si es así, si te encuentras en alguno de estos dos casos, tienes dos direcciones de pensamiento para elegir:
una dirección te llevará a luchar por encontrar esa profesión que te apasiona,
requiere de decisiones responsables, de valorar adecuadamente tu talento, de valentía y de perseverancia.
Representa una exploración personal.
Conecta con tu interior esencial y desde ahí decide.
No olvides que una exploración es una búsqueda. Y esto requiere de tiempo y otro tipo de recursos y energías.
Implica aventuras, viajes, riesgo, incertidumbre.
En fin, en mi opinión, todo por lo que vale la pena la vida.
O mejor dicho, por lo que vale la alegría la vida.
La otra dirección te mantendrá atado al tripalium, esclavo de la queja. Y te hará vivir cerca del victimismo.

También puede que estés jubilado. O seas inmensamente rico y no necesites actividades para subsistir.
En ambos casos, ahora tienes la mejor oportunidad para cumplir tus sueños.

Y por favor, para no crear ninguna confusión, no quiero decir con todo esto que abandones
lo que ahora estés haciendo, a lo que te dedicas, ni que sufras si no estás en el centro
de tu deseo como profesional, ni que ignores las necesidades básicas tuyas y de tu familia.

Sólo pretendo reflexionar sobre lo importante que en este tema es pararse de vez en cuando,
quizás ahora es un buen momento, cuando nos llega la vuelta al cole,
para analizarnos con detenimiento y preguntarnos si podemos hacer algo más por nosotros
en lo que a tu actividad profesional se refiere, por descubrir nuestros talentos, nuestras pasiones,
y, sobre todo, averiguar que nos puede estar frenando a ello para poder superar los obstáculos que nos paralizan.

La vida se puede vivir sin pasiones, sin riesgos, sin ambiciones.
O todo lo contrario.
Creo que

ES UNA 
ELECCIÓN






1 comentario:

María Jesús dijo...

Es verdad lo que dices, pero muchas veces uno se encuentra como en un callejón sin salida, sabiendo que no está en su medio y siendo consciente de que no está desarrollando sus talentos, y sin embargo no encuentra otra salida.
Es una situación que produce mucho dolor.
Un abrazo