domingo, 22 de septiembre de 2013

Érase una tarde de otoño


Foto de una tarde de Otoño


El jardín empieza a perder su verdor. Los árboles se vuelven de tono oscuro.
Una mirada lejana al campo nos acerca al color ocre y amarillo.
Las hojas caen al suelo y pierden su agua, se secan.
El mar torna su azulado por un color verde oscuro.
Los días son más cortos. La noche llega antes.
La luna deja ver su cara en un horario más temprano.
Para algunos llega el otoño, en unas horas...

Para otros, en unas horas, llega la primavera.
Es el verde lo que predominará en sus campos, y el azul en su mar.
El sol y su luz serán los protagonistas principales.

Depende en qué parte del planeta estés ahora
y desde donde observes la naturaleza
puede que para ti sea otoño o primavera.

Así, metafóricamente, es también tu vida, depende desde dónde la observes,
podrá ser verde y azul, o más bien de colores oscuros.

Depende de tu mirada en estos días podrás encontrar

un otoño 
o una primavera

Ya sabemos que por el mero hecho de ser observadores de la realidad intervenimos en ella.
Es el principio de indeterminación del que ya la física, y en especial la cuántica, tanto nos ha enseñado.
Es el disfrute de saber que la realidad, por depender de la percepción, es subjetiva.

Y por esto mismo hoy, sea el otoño o bien la primavera, lo que llega para ti,
puede ser recibido de una forma obscura y grisácea
o más bien ser esperado como un tiempo lleno de esperanza y nueva luz.
Sólo de ti depende.

El otoño, y también la primavera, es un tiempo de cambios.
De deshacerse de lo viejo.
De quemar lo que estorba. De avanzar hacía lo nuevo.
De aceptar el nuevo frío, o el nuevo calor, que ya llega.
¡Recibirlo!
¡Honrarlo!
Dejarle espacio para que se acerque. Nos llene.
¡Disfrutarlo!
¡Vivirlo!

Este otoño llega con nuevas lluvias de estrellas.
Y también con nuevas lluvias de meteoros.
Habrá de todo, para todo, para todos.
Se esperan las Dracónidas en octubre. La intensidad de las Leónidas en noviembre.
Y el ritmo acelerado de las Gemínidas en diciembre.
Todas estas lluvias permitirán crear las nuevas constelaciones, cerca de la Estrella Polar,
en un viaje de Capricornio a Virgo.
Veremos en la lejanía al nuevo Cisne y a Casiopea. Brillará la nueva luz de la Osa Menor.
Y recibiremos el nuevo relucir de Andrómeda y Orión.

Algo muere.
Algo nace.
Ley de vida universal.

Yo recibo el otoño a  c o r a z ó n  abierto.
Lleno de ilusión.
Con ganas de que lleguen nuevos descubrimientos.
Con iniciativa exploratoria.
Impulsando con mucha energía los cambios que ya siento necesarios.
Aceptando lo que de mi no depende.
Sintiéndome. Hablándome. Escuchándome. Cuidándome.
Viviendo bajo la nueva luz.
Creando y accionando las nuevas ideas.
Llenándome de fuego. De pasión.

Y dispuesto a aprovechar cada uno de los instantes que están por venir:
su abrazo bajo el frío otoñal en cualquier rincón, el calor de la leña quemada en la chimenea,
el olor del vaho que de su boca sale, el amanecer grisazul de la mañana, la copa de vino tinto,
las hojas de los libros que nos hacen viajar, el ruido del mar en la arena al atardecer, el tacto del abrigo,
las luces de color blanco que al atardecer poblarán las calles, el cálido pasar del gentío,
la escarcha en el cristal, el sentir de su mano caliente al salir del guante, ...

Todo esto lo espero lleno de vida y con la sana intención de concederme un regalo:

tiempo 
para la ternura 
para el amor



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