viernes, 29 de marzo de 2013

¿Y si no renuncias a la vida?




¿Y si no renuncias a la vida?
¿Y si gozas de todo lo que te produce placer?
¿Y si gozas de lo más cercano que amas? De lo cotidiano.
¿Y si no renuncias a la belleza de la naturaleza, ni al hecho de existir, al simple hecho de estar vivo?
¿Y si no renuncias a esa mirada que se cruzó, ni al olor del mar, ... ?
¿Y si cada momento que vives formara parte de tu paraíso?
¿Y si todo lo que te acontece fuera un milagro?

¿Y si renuncias a las tonterías que cada día te paralizan?
¿Y si renuncias a las relaciones insensatas que te perjudican?
¿Y si renuncias a la basura que rodea lo bello de la naturaleza?
¿Y si renuncias a los trabajos que no satisfacen tu hacer, ni tu ser?
¿Y si renuncias a los lugares que te impiden crecer?
¿Y si renuncias a todo aquello que te aleja de tu paraíso?


¿Y si eliges?

En realidad elegir, el poder que nos da la mayor libertad a las personas,
es no tener que renunciar a lo que necesitas, a lo que amas, a lo que te hace bien, ...
Y por otra parte permitirte borrar en tu vida lo que te perjudica, lo que no te ayuda, lo que te para.
Soltar y atraer con consciencia, con entendimiento. Con lucidez.
Este es el gran secreto !!!

Pero en el camino de elegir no sufras con ello.
Deja las principales elecciones en la mano del amor. Elige con corazón.
Pregúntate si algo tiene o no corazón a la hora de elegir.
Elige en el camino del corazón y no te equivocarás nunca; ... o casi nunca.

No es necesario sufrir cuando eliges.
Aunque cuando algo no es válido no siempre cae por si sólo.
En muchas ocasiones necesita esfuerzos.

Imagínate que llevas piedras en la mano creyendo que son diamantes.
Y pasa el tiempo. Y descubres que sólo son piedras, no diamantes.
No sufras por ello. No las tires todavía si no quieres.
Limítate a observar sabiendo que son piedras. Y manténte alerta. Consciente.
Verás como si quieres seguir llevándolas en tu mano no puedes
porque en ese caso sí necesitarías un gran esfuerzo, mucha voluntad.
Ellas solas se caerán porque una vez descubiertas ya no se sentirán válidas en tu mano.
No eran diamantes, eran sólo piedras.
Y lo mejor, cuando tus manos queden vacías, podrás buscar tu auténtico tesoro.

Vaciar para llenar. Soltar para tener.
Elegir es vaciar y atraer. Decidir con qué llenar tu vida.
Esta es tu más preciada libertad.

Recuerda que ...

NO SIEMPRE PODRÁS ELEGIR 
LA MÚSICA QUE TU VIDA TE TOCA,
PERO
SÍ PODRÁS ELEGIR 
CÓMO, CUÁNDO, CON QUIÉN, ...
BAILARLA




domingo, 24 de marzo de 2013

Todo tiene su tiempo



Hoy es el primer domingo de primavera; la naturaleza despierta.
Las flores engalanan los campos.
El mar huele diferente. La luz del sol brilla.
Las brújulas buscan el norte.
Y la sonrisa de nuevo ilumina mi rostro.

La primavera nos trae de recuerdo un mensaje esencial:


"Para vivir, 
hace falta vivir"

Fácil y tan olvidado.

Cuando la primavera despierta, y las flores se abren, 
también se abren nuestros nuevos sueños.
Aparece lo que la vida te da.Y lo que te quita. 
Todo por igual. Con el mismo valor.
Lo que te llega, para empezar a vivirlo.
Lo que te quita porque ya está caduco.
Cualquier pérdida podrá ser una ganancia si se hace el duelo adecuado. 
Si se cambian los porqués por los "hacia dónde".
Mirar adelante. Buscar nuevos caminos. Empezar. Andar.

No es triste morir.
Es triste no vivir intensamente.
Esto es lo que de esta primavera quiero aprender. Probar. Sentir.

Margarita Rojas decía:
"No confundas sufrimiento con amor, 
ni que has superado el dolor con olvido"

Dolor sí. Dolor tóxico no.

Las personas, todas, atravesamos a lo largo de nuestra vida
diferentes ciclos. Llegan otoños fríos y duros, veranos que nos hacen felices,
inviernos que nos reconfortan curiosamente con su calor.
Ciclos de alegría y de amor, intercalados con otros de tristeza y duelo.

Como dice el libro del Eclesiastés:


"todo tiene su tiempo"

Son ciclos de transformación. De cambio. DE VIDA.
Nacemos y morimos con cada ciclo vivido.

El hecho de estar vivos nos convierte en seres vulnerables.
Sensibles a todo lo que sucede a nuestro alrededor.
Percibiendo todo lo que nos llega, interpretando. Y, con frecuencia,
elegimos erróneamente, desde la información que nos generan esas
interpretaciones falseadas, por la propia percepción ilusoria de lo vivido. 

Somos nosotros los responsables de la forma en que 
elegimos vivir nuestra propia vida.
Nadie está capacitado para elegir por nosotros.

Es en este trayecto de elecciones múltiples 
en el que vamos encontrando dificultades, pérdidas, dolores, amores, felicidades, ...
y en que vamos haciendo eso que llamamos "NUESTRA VIDA".

Decía Jaime Barylko que no se trata de hacer monumentos 
de nuestras experiencias vividas, sino momentos irremplazables.
Mucho mejor sacar partido de todos los momentos.
Momento es todo aquello que se mueve. No está parado. 

Se trata de vivir,  de vivir todo, y no de sobrevivir.

Como dice la canción de mi amiga Olga Román:


" seguir caminando"

Seguir caminando a través de tus propias decisiones 
que marcarán la diferencia en el camino elegido.
Y recordar que para vivir con libertad no debemos permanecer atados 
al pasado, a lo que pudo ser y no fue, a lo que ocurrió, a los recuerdos.


SUELTO,
RESPIRO HONDO,
Y VUELVO A CAMINAR...


domingo, 17 de marzo de 2013

Las maldades del apego emocional




Amar sin apego 
es amar sin miedo

Es el derecho a explorar un mundo haciéndose cargo uno de uno mismo y,
al tiempo, viviendo, dando y compartiendo el amor de otros.
Amar sin apego es tirar la certeza de amor a la basura y vivir dejando que el universo se haga cargo.
Es aprender a renunciar.
Amar sin apegos no significa no amar enamoradamente. Sin el apego la pasión y la fuerza del amor crecen.

El apego nace de la necesidad, cuando somos bebés, de ser cuidados y protegidos por las madres.
Está presente no sólo en las personas, sino en muchos otros animales mamíferos y en aves.
El apego es una respuesta biológica, necesaria en los primeros meses o años de vida,
no es una respuesta emocional. Aunque hace su daño en las emociones.

Amar es, quizás, el sentimiento más humano.
Amar es necesario, bueno, debe formar parte de nuestra elección de vida principal.
Sin embargo confundir amor con dependencia es obsesivo, dañino, destructor.

Amar verdaderamente y el apego están reñidos, son paradójicos, no pueden convivir juntos.
Uno le quita el sentido al otro.
El amor requiere de libertad. Libertad que genera el verdadero compromiso.
El apego anula, cancela, perjudica.
El apego nace del miedo. Vive temiendo la pérdida.
Sin embargo, el amor es el mayor quitamiedos del que disponemos las personas.
El apego vive con los celos. El amor vive con la confianza.
El apego necesita de muchas palabras, justificaciones.
El amor crece con una mirada, con el tacto, ..., no necesita de tanto lenguaje.

Nos dice la canción:

“Ni contigo, ni sin ti
tienen mis males remedios.
Contigo porque me matas,
sin ti porque yo muero”

El apego es producto de la esclavitud afectiva. No es en sí amor.
Es amor disfrazado de dependencia.
El verdadero amor es inter-dependiente.
Decir amor es decir libertad. La libertad que te libera.
Amar es perdonar.
El apego no perdona, no se da ese permiso. Se mantiene esclavo de una idea repetida.

Y, quizás lo mejor, vivir amando sin apego, además de crear relaciones afectivas sanas y sanadoras,
relaciones con alegría, de confianza y duraderas en el tiempo, hace que aceptemos al compañero
con todos sus defectos, tal como es, y respetemos la relación desde ahí.
Amar sin apego tiene la capacidad de resolver conflictos sin daño emocional por medio.

Las personas que aman con apego tienden a subestimar las relaciones y la estabilidad del amor.
Confunden el no apego con la autosuficiencia.
La dependencia emocional la terminan convirtiendo en una obsesión compulsiva por el abandono.
El apego rompe, separa, aleja. El amor une.

El apego nace de un deseo tremendamente exagerado de la reciprocidad.
El apego no admite la diversidad.
El apego es la negación de uno mismo confundido con disfraz de amor.

En la canción “ Ne me quitte pas ”,
Jacques Brel nos enseña que se puede amar siendo la sombra de tu sombra sin necesidad del apego.
El amor de entrega, leal, en estado puro, es incompatible con el apego.

El apego nace de una baja autoestima. De una baja auto-confianza.
Amar sí, confiando y siendo uno mismo.
Amar desde el yo. Desde el nosotros.

Desarrollamos apego a todo, no sólo al amor romántico, también con amigos, con ideas, con cosas,
con trabajos, con clientes, con ...
Nos cuesta soltar. Andar por la vida sin lo conocido genera dolor.
Como si nuestra vida, por momentos, se quedara sin muletas.

El apego se relaciona con el pasado.
El verdadero amor vive el presente y genera futuro.

El apego no se permite sueños, sólo ilusiones perceptivas, no verdadera ilusión.
El amor se alimenta de sueños, de proyectos, de vida generadora de ilusión por lo que está por llegar.

Para salir del apego es recomendable vivir las relaciones bajo el llamado

principio de realismo afectivo

Se trata de vivir las relaciones sin distorsiones, con coherencia, sin autoengaños.
Se trata de evitar las interpretaciones subjetivas de la relación.
Es vivir el amor desde la relación franca, objetiva, sin interferencias perceptivas, asertivamente.
Y disfrutar de forma divertida, no dañina, cuando aparecen los momentos de incomprensión,
como aprendizajes, no bajo la necesidad de mantener el discurso de uno frente al del otro.
Amar no es ganar.
El apego necesita de la razón. El amor no.

El apego, donde hubo amor y ya no lo hay, genera malos duelos.
Provoca sentido del "todavía mío”. Del  “no se puede haber roto”.
Son percepciones ilusorias.

El amor está o no está. No se rompe. No se aleja. No se para. No huye.

El deseo es necesario, es sano, deseable.
Pero el deseo no es apego, es amor.
El hecho de que desees estar cada minuto con tu pareja o con tu amigo, compartir amor,
que no quieras desenredarte de sus brazos, que te deleite su presencia, sus labios,
que te lata más deprisa el corazón,...
eso no es apego, o no necesariamente tiene que ver con el apego.
Es deseo. Deseo y amor.

El no apego no es reprimir las ganas naturales de vivir el amor.
El desapego no es indiferencia. Es capacidad de amar con total libertad y respeto.

Recuerda esto:

El deseo y el AMOR
mueven el mundo.
La dependencia lo frena.

¿Te decides a amar libremente?





miércoles, 13 de marzo de 2013

¿Cómo avanzar ante las crisis?



Algo cambia en tu vida y te vienes abajo.
Se rompe la calma, la paz, entras en conflicto, en
  crisis, 
a veces con el apellido de "personal”.

Una crisis es un cambio brusco o modificación de un suceso o de la expectativa del mismo.
También se relaciona con un momento de escasez o falta de algo necesitado.

Todos pasamos a lo largo de nuestra vida por momentos de crisis, por estados no deseados, 

producto normalmente de un cambio, o de la escasez de algo que necesitamos, que creemos nuestro.

Pueden darse en estados agudos, pueden ser pasajeras o puntuales, 
incluso progresivas cuando algo nos afecta en un largo tiempo.
La pérdida de un familiar, el abandono de un ser querido, un divorcio, la pérdida de esperanza, 
la falta de própositos ante la vida, una riña con un ser querido, y un largo etcétera ...
Momentos en el que nos sentimos superados, colapsados, en los que pensamos que todo se acaba, 
que nos hemos quedado sin opciones.
Aparece la desesperación, desaparece el buen humor.
Nos sentimos vulnerables, ansiosos, con miedo, con sentimiento de angustia.

Algo cambia en ti y te para, te detiene. 

Te hace mirar atrás. Te hace sentir el frío del presente. O te genera incertidumbre de futuro.

Pero las crisis son necesarias. Forman parte del paisaje de la vida.
Son la apertura a lo nuevo.
Son el punto de ruptura con lo viejo.
Son el camino hacía una nueva era, un nuevo destino.
Son el aviso de que toca mover ficha.

No debemos huir de las crisis. Debemos reconocerlas, acogerlas, vivirlas, crecer, y aprender de ellas.

La vida es equilibrio. 

Y el equilibro necesita de estos estados de crisis, de ruptura. 
La suma final de todo lo vivido se igualará.
Porque detrás de todo cambio, de toda crisis, siempre aparecerá la esperanza, 

la ciencia, la sabiduría y la consciencia para resolver los abismos creados, 
la serenidad, el coraje, la paciencia, el descubrimiento, ...

Al final de nuestra vida podríamos comprobar que la suma de pérdidas está muy igualada la suma de ganancias.

Cada mal que te llega esconde un bien que lo complementa, con el que se equilibra.
Toda crisis, todo caos, tiene un orden que lo equilibra.

Ya lo dice la segunda ley de la Termodinámica, la ley de la entropía.
Todo tiende al caos y necesita de nueva energía para re-organizarse, para re-crearse. 
Para renacer cada vez que sea necesario.

Una crisis es una experiencia dolorosa, provocadora de duelo.

Y tenemos que saber que los estados de duelo nacen en el pasado, se manifiesta en el presente 
y se comprenden en el futuro.
Vívelo sin culpar a nadie. Tampoco a ti mismo.
Aprende a perdonar, a re-organizar tu vida, a salir fortalecido. 
Practica el optimismo inteligente para encontrar nuevas realidades.
No mezcles dolor con confusión. No es lo mismo. La confusión te ciega, el dolor positivo te pone en marcha.


Así nos lo dejó el Talmud judío:
"Quien sabe de dolor, todo lo sabe”


Ahora bien, vivir el dolor no significa pararte en el sufrimiento.
Si nos resistimos a vivir el dolor necesario es cuando entramos en estado de sufrimiento.
El dolor y la tristeza como impulsor de futuro, de cambio, de esperanza.
Tristeza no usada como queja ni victimismo. Sí como un estado temporal del alma que se arruga.
Tristeza agradecida, recibida con gratitud. Tristeza esperanzadora.
Tristeza como un estado emocional sano, interesante. Para saborearla con calma...
Tristeza viva que aporta creatividad, desahogo, resiliencia, que invita a la reflexión, que ayuda a elegir,

que evita la ira, que proteje, que orienta.
Que ayuda a vivir y sentir las pérdidas, a explorar los sentimientos, a traer futuro al presente. 
Aprender desde la propia vivencia. Salir fortalecido.
La "belleza" de la tristeza no surge de la nada; sino de la comprensión, de la compasión, 
que significa darte el permiso para perdonarte, para amarte, 
de la humildad para vivir los cambios, para admitir y aceptar las pérdidas, 
para admirar y recibir lo nuevo, lo que puede estar por llegar, para evitar el apego a lo viejo, 
a lo que ya no vive en uno mismo, y para prepararse, sin frustración, a no recibir lo deseado.

Debemos aprender a vivir las crisis y todos sus síntomas para 
transformar el sufrimiento en auto-conocimiento, 
para no quedarnos estancados en la lamentación ni en la queja, 
sino para pasar a la acción, buscar nuevas vías, 
ponernos en marcha, superar la pérdida, avanzar.

Elegir quedarnos en el lamento es perder dos veces.
Elegir probar nuevos caminos, nuevas soluciones, es salir fortalecidos.

La vida es un continuo aprendizaje y des-aprendizaje. 
Nacer y morir como dos estados de lo mismo.
Esto es lo verdaderamente bonito de estar vivos. 
Debemos estar agradecidos por ello.


Las crisis son 
una oportunidad 
fantástica de sanación



La persona se mide cuando se descubre ante un obstáculo
decía Saint-Exupery.

Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos no ha crecimiento.

Recuerda:


La crisis de hoy
es la alegría de mañana





domingo, 3 de marzo de 2013

IDEAS PARA HUIR DE LA “INCERTIFOBIA"



Vivimos en busca de la seguridad.
Bajo la percepción mental de tener el control de todo.
Huyendo de lo que nos produce un cierto margen de riesgo.
Es decir,

INCERTIFÓBICAMENTE 


O,  lo que es lo mismo, con pánico a lo que nos es incierto, a lo desconocido, a lo que nos genera dudas.
A no tener seguridad con lo que entendemos como verdadero, a la falta de información,
a lo que ignoramos, a lo que está por llegar, ...

Pero curiosamente en eso consiste la vida, en transitar por lo desconocido, en no saber lo próximo que está por llegar.

Mario Vargas Llosa nos decía:

“ La incertidumbre es una margarita 
cuyos pétalos no terminarás 
nunca de deshojar “

Y así es nuestro paso por esto que llamamos vida: incierto, inseguro, desconocido, arriesgado, ...
No asumir la incertidumbre, vivir bajo el pánico de ella, ser incertifóbico, es perderse la propia vida.

La incertidumbre no gestionada, no normalizada, provoca miedo al cambio, inmovilidad, te conecta con el pasado.
Paraliza la creatividad. Impide encontrar nuevas oportunidades.
La gestión adecuada, con coraje, de la incertidumbre no es seguridad, es valentía.
Lo seguro no es compatible con lo vivo. Es confort, comodidad, falta de exigencia.
Desde la seguridad no se toman decisiones, no se buscan nuevos caminos. Nos paramos.

Un cerebro que no admite lo incierto es un cerebro angustiado, previsor de un futuro negro, ansioso, nada explorador,
que no disfruta con lo nuevo.

Fisiologicamente la no gestión de la incertidumbre, el no tratarla como lo más natural, practicar la incertifobia,
hace que se te acelere el ritmo cardiaco, te pone una cara llamada de pomada, triste,
genera temblor, aumento de la presión arterial, y la activación del sistema endocrino
y del sistema hipotálamo-hipófiso-suprarenal, liberando en nuestra sangre hormonas productoras de estrés,
aumentando el cortisol responsable del exceso de colesterol, y un largo etc...

"Vivimos tiempos de incertidumbre”,
solemos oir estos días en los medios de comunicación, en la prensa de todo tipo,
en las conversaciones de oficina, de un bar, en la iglesia, en el ministerio, ...
Como no puede ser de otra forma, porque, aún siendo inconscientes, siempre fue así.

Eso sí, con una gran diferencia a sólo hace unos años, que ahora nos cuestionamos si vale la pena
la previsión de escenarios futuros, la planificación estratégica más allá de un corto espacio de tiempo,
las muletas que nos ayudaron a caminar en el pasado, o eso creíamos ...
Ahora ya no pensamos que esto sea la solución.
Más bien nos genera más temor, más inseguridad.

¿Cómo nos sentimos cuando descubrimos que tenemos que aprender a vivir el día a día
sin muchas previsiones, sin anticipar un futuro lejano, en un nuevo orden?
¿O en un nuevo caos?
¿O es caos-orden que siempre fue y estuvo disfrazado de opulencia, de sobreprotección, de falsa abundancia?

Una propuesta:

Y si más allá de la incertidumbre está  EL AHORA
El momento que estamos viviendo.
Lo único de lo que realmente disponemos.
El presente continuo.

¿Y si quitamos los ojos del pasado?
De lo que fue y ya no es.
Y nos centramos en vivir cada momento. En sacar adelante lo que ahora nos toca.
En virar hacia el cuidado de lo que ahora somos, tenemos, queremos, ...
En sentirnos plenos con lo que disponemos.

Numerosos estudios científicos, como el  de Taylor, demuestran que precisamente cuando vivimos
presentes, es decir en el aquí y ahora continuo, también se produce un cambio fisiológico.
Pero en este caso es muy positivo para nuestro organismo; aumenta la oxitocina, hormona del amor,
aumenta la vasopresina y todas las endorfinas en general, opioides naturales endógenos que nos cuidan amorosamente.

Frente a la fobia, producida por lo incierto, por qué no elegir la

PRESENTOFILIA


Vivir el presente y sacarle el máximo partido. Disfrutarlo con intensidad.
Cuidar lo que nos es próximo. Lo que está en nuestro hoy.

Una antigua historia cuenta que en los días de los Upanishads había un gran rey, Yayati. 
Le llegó la hora de la muerte. Tenía cien años. 
Cuando la muerte llegó, empezó a sollozar y a llorar y a gemir. 

La muerte le dijo:
"Esto no encaja contigo. Un gran emperador, un hombre valeroso, 
¿qué estás haciendo? ¿Por qué lloras y gimes como un niño? 
¿Por qué tiemblas como una hoja al viento? ¿Qué te ha sucedido?” 

Yayati contestó: 
"Tú has llegado y yo aún no he sido capaz de vivir. 
Por favor dame un poco más de tiempo para que pueda vivir. 
He hecho muchas cosas, he luchado en muchas gue­rras, he acumulado mucha riqueza, 
he construido un gran imperio, he incrementado en mucho la fortuna de mi padre, 
pero no he vivido. 
En realidad no me quedó tiempo para vivir”.

Que triste es vivir sin haber vivido.

El momento presente es el único en el que todas las cosas suceden.
Vivir el presente nos aleja de la fobia a lo incierto, nos pone en atención con lo que está ocurriendo.
Por ejemplo, si estás caminando concéntrate en tus movimientos, en la cadencia de tus pies,
en la tensión con la que los piernas y pies se apoyan en el suelo, en tu respiración, en tus pensamientos, ...
Vivir el presente es vivir despierto. Nos aleja de vivir en automático.

Ante la incertidumbre sólo tienes una opción: centra tus energías, tus pensamientos y tus movimientos,
es decir tu vida,
en lo que ahora te está ocurriendo.
Es donde puedes dar tu mejor yo.
No tienes otro espacio ni tiempo de poder personal tan completo.
Y además desde el aquí y ahora, en el presente,  es desde el único “lugar” 
donde puedes empezar a construir lo que todavía está por ocurrir.
El futuro lo creas en el hoy.
Lo decides en el presente.
Lo empiezas a fabricar desde el aquí.

Deepak Chopra nos recuerda que sólo desde la incertidumbre se puede encontrar el espacio
de libertad necesario para crear lo que deseamos.
Así es, lo incierto está sin decidir.
Cuando entres en estado de incertidumbre, párate y date permiso para que todo se centre
en lo que te vaya ocurriendo en tu presente continuo.

Tu único mundo real está aquí, no dejes de verlo, de vivirlo.
Condicionar el presente con el pasado o con el cuestionamiento del futuro es no empezar,
es no llegar por no salir, es vivir con temor, es no saborear lo que ahora tienes ni siquiera lo que te espera por llegar.

No deposites tu bienestar de hoy en el futuro. No llegará.
El futuro hoy no es más que una proyección mental.

Probablemente el autor más conocido por sus recomendaciones sobre la vida en el

aquí y y ahora 

sea Eckhart Tolle.

Tolle nos recomienda, entre otras ideas, un ejercicio sencillo para hacer a lo largo de diferentes
momentos de nuestro día, desde el despertar.
Consistiría en respirar profundamente y decirte repetitivamente y sin prisa: "ESTOY RESPIRANDO”.
Intentando relajar el cuerpo, dejando ir la tensión de tus músculos, entrando en calma.
Repetirlo tres minutos seguidos, ¡son sólo tres minutos!, y te beneficiará enormemente,
conectaras con el ahora, con el momento.

Contra la  incertifobia  puedes tratar de vivir sabiendo que

sólo existe 
un instante en tu vida,
y que quieres formar 
parte de él:
EL PRESENTE