domingo, 29 de septiembre de 2013

Tiempo roto, vida rota. Tres ideas sencillas para vivir viviendo.





tiempo roto, vida rota


Sólo un elemento nos pertenece: nuestro tiempo.
O más bien, el uso que hacemos de él.
Y es a esto a lo que llamamos vivir.
Por lo que nuestra vida es lo único que realmente nos pertenece.
Y, con ella, el poder que hemos recibido al nacer para vivirla.
Todo lo demás es accesorio.

Un turista paseaba por la India cuando se encontró con un viejo sabio.
El turista se sorprendió al ver que el maestro sabio vivía en un espacio muy sencillo, 
con poco mobiliario; tan sólo una cama, una mesa y una silla.
También vestía con ropa sencilla; camisa blanca y pantalón oscuro.

“¿Dónde están tus muebles?", le preguntó el turista.

"¿Y dónde están los tuyos?", le respondió el maestro.

“¿Los míos?”, dijo sorprendido el turista.
"¡Pero si yo aquí sólo estoy de paso!”, añadió.

"Yo también", concluyo el sabio, 
"sólo estoy de paso”


Estamos de paso.
Y, quizás, no ponemos mucha atención en ello.
Nada más tenemos, y nada más nos llevaremos. Sólo el tiempo vivido.
Aún así, siendo esto algo que todos sabemos, desperdiciamos el tiempo,
lo único de lo que verdaderamente disponemos.
Hacemos un escaso e inadecuado uso de este recurso tan importante.
Nos pasamos la vida corriendo, pero sin saber muy bien a dónde vamos.
Sin darnos cuenta que lo único verdaderamente urgente es aprender a mejorar el uso del tiempo,
el cómo sacarle el máximo partido.

Tres ideas nos pueden ayudar a vivir más coherentes con el uso de nuestro tiempo.
Tres principios básicos a poner en práctica.
Tres elementos para no olvidar.

La primera idea nos la dejaba muy patente la neurocientífica Rita Levi Montalcini,
días antes de su muerte, con ciento dos años de vida.
El presidente del Instituto de Investigación Cerebral de Roma, donde Rita continuaba trabajando cada día,
le preguntó en un entrevista para la Universidad si podía hablarle de su etapa en la Universidad de Washington veinte años atrás.
A lo que Rita le respondió:

“Déjelo, por favor. 
No me interesa. 
No quiero hablar del pasado. 
No tiene valor.
Quiero hablar de lo que ahora mismo estoy haciendo.
¿Sabe? 
Es porque sólo me interesa el futuro”

Así es.
Aunque está bien, de vez en cuando, hacerse uno mismo un balance sincero y honesto,
aprender de todo lo vivido y seleccionar lo que nos vale de lo que ya no nos vale,
la realidad es que lo que sólo interesa es el futuro.
Está por hacer. Por crear.
Y es creado desde la vida en presente. Desde lo que hoy mismo estás haciendo.
Es tu hoy el que decide tu mañana.
Sólo el presente existe y es creador.
Sólo aprovechando cada momento presente, vivimos.

Vivir el tiempo 
PRESENTE, 
eso es vivirlo


La segunda idea ya nos la enseñaron Adán y Eva.
Es muy antigua, tanto como toda la historia de la humanidad.
Los primeros seres humanos, bíblicamente hablando, ya se enfrentaron a lo que estaba establecido.
Decidieron comer del árbol del bien y del mal.
Eligieron la manzana.
Es así como la Biblia nos enseña que el ser humano en ese momento se convierte en un ser consciente.
Con poder de elección. Con capacidad de decidir.

Sabemos, biológicamente hablando, que esto nos sucedió a los humanos desde que desarrollamos la corteza cerebral. El llamado tercer cerebro.
El neocortex nos concedió la capacidad de decisión.
Nos permitió cuestionar a la emoción. Cambiarla.

El uso de tu tiempo es absolutamente dependiente de este poder que la vida nos ha concedido.
El poder de la elección.
Elegir es prioriza y al priorizar descartamos y también ponemos lo prioritario
por delante de lo que no nos importa tanto.
Y además nos permite interrumpir nuestros automatismos. Cambiarlos. Buscar nuevas direcciones.
Re-inventarnos. Re-ciclarnos. Re-nacer.

Vivir sin elegir es vivir siendo un zombie. Es decir, vivir muerto.
Vivir eligiendo es crear posibilidades al futuro y dirigir el presente en el interés propio.

Vivir el tiempo
ELIGIENDO,
eso es vivirlo


La tercera idea también es antigua, una vieja conocida:
La capacidad de amar lo que hacemos.
Amar a lo que dedicamos nuestro tiempo.
Hacer uso de nuestro tiempo en aquello que nos apasiona. Que nos moviliza. Nos mueve por dentro.

Es cuando usamos nuestro tiempo para cuidarnos y para cuidar lo que amamos,
cuando nos entregamos en cuerpo y alma.
Es la magia de la vida.

Desde el amor por lo que hacemos, y desde el amor con los que compartimos el tiempo,
es decir compartimos nuestra vida, en todos sus ámbitos,
es desde donde nace la confianza, la alegría, el entusiasmo, los proyectos, la generosidad,
la responsabilidad, el compromiso, la voluntad, la humildad, ...
Desde la energía que nos da el amor por lo que hacemos,
mejoramos, avanzamos, nos desarrollamos, crecemos, ...
Y desde aquí también colaboramos en el desarrollo, en el avance, en la mejora, en el crecimiento de los otros.

Vivir el tiempo
AMANDO
eso es vivirlo


Tres ideas sencillas para 
VIVIR VIVIENDO




domingo, 22 de septiembre de 2013

Érase una tarde de otoño


Foto de una tarde de Otoño


El jardín empieza a perder su verdor. Los árboles se vuelven de tono oscuro.
Una mirada lejana al campo nos acerca al color ocre y amarillo.
Las hojas caen al suelo y pierden su agua, se secan.
El mar torna su azulado por un color verde oscuro.
Los días son más cortos. La noche llega antes.
La luna deja ver su cara en un horario más temprano.
Para algunos llega el otoño, en unas horas...

Para otros, en unas horas, llega la primavera.
Es el verde lo que predominará en sus campos, y el azul en su mar.
El sol y su luz serán los protagonistas principales.

Depende en qué parte del planeta estés ahora
y desde donde observes la naturaleza
puede que para ti sea otoño o primavera.

Así, metafóricamente, es también tu vida, depende desde dónde la observes,
podrá ser verde y azul, o más bien de colores oscuros.

Depende de tu mirada en estos días podrás encontrar

un otoño 
o una primavera

Ya sabemos que por el mero hecho de ser observadores de la realidad intervenimos en ella.
Es el principio de indeterminación del que ya la física, y en especial la cuántica, tanto nos ha enseñado.
Es el disfrute de saber que la realidad, por depender de la percepción, es subjetiva.

Y por esto mismo hoy, sea el otoño o bien la primavera, lo que llega para ti,
puede ser recibido de una forma obscura y grisácea
o más bien ser esperado como un tiempo lleno de esperanza y nueva luz.
Sólo de ti depende.

El otoño, y también la primavera, es un tiempo de cambios.
De deshacerse de lo viejo.
De quemar lo que estorba. De avanzar hacía lo nuevo.
De aceptar el nuevo frío, o el nuevo calor, que ya llega.
¡Recibirlo!
¡Honrarlo!
Dejarle espacio para que se acerque. Nos llene.
¡Disfrutarlo!
¡Vivirlo!

Este otoño llega con nuevas lluvias de estrellas.
Y también con nuevas lluvias de meteoros.
Habrá de todo, para todo, para todos.
Se esperan las Dracónidas en octubre. La intensidad de las Leónidas en noviembre.
Y el ritmo acelerado de las Gemínidas en diciembre.
Todas estas lluvias permitirán crear las nuevas constelaciones, cerca de la Estrella Polar,
en un viaje de Capricornio a Virgo.
Veremos en la lejanía al nuevo Cisne y a Casiopea. Brillará la nueva luz de la Osa Menor.
Y recibiremos el nuevo relucir de Andrómeda y Orión.

Algo muere.
Algo nace.
Ley de vida universal.

Yo recibo el otoño a  c o r a z ó n  abierto.
Lleno de ilusión.
Con ganas de que lleguen nuevos descubrimientos.
Con iniciativa exploratoria.
Impulsando con mucha energía los cambios que ya siento necesarios.
Aceptando lo que de mi no depende.
Sintiéndome. Hablándome. Escuchándome. Cuidándome.
Viviendo bajo la nueva luz.
Creando y accionando las nuevas ideas.
Llenándome de fuego. De pasión.

Y dispuesto a aprovechar cada uno de los instantes que están por venir:
su abrazo bajo el frío otoñal en cualquier rincón, el calor de la leña quemada en la chimenea,
el olor del vaho que de su boca sale, el amanecer grisazul de la mañana, la copa de vino tinto,
las hojas de los libros que nos hacen viajar, el ruido del mar en la arena al atardecer, el tacto del abrigo,
las luces de color blanco que al atardecer poblarán las calles, el cálido pasar del gentío,
la escarcha en el cristal, el sentir de su mano caliente al salir del guante, ...

Todo esto lo espero lleno de vida y con la sana intención de concederme un regalo:

tiempo 
para la ternura 
para el amor



domingo, 15 de septiembre de 2013

Tres aprendizajes elementales que no puedes perderte


“Si tienes dos monedas, 
compra pan con una de ellas.
Y con la otra, 
compra narcisos para el alma
(Proverbio popular irlandés)


Cada día nos enfrentamos a numerosos hechos que no nos gustan, a otros que nos hacen tilín,
a algunos que no esperamos, que nos sorprenden para bien o para mal, a otros que nos descolocan,
que nos sacan de nuestro estado natural.
Hecho, situaciones cotidianas de la vida que son provocadas por nosotros mismos
o que nos vienen del entorno en el que habitamos.
Esto es la vida. Esto es vivir.

Me gusta el proverbio irlandés que abre este post porque, en su sencillez,
explica el aprendizaje más básico que conozco sobre la vida.
Y sobre cómo enfrentarnos a las situaciones que cada día nos acontecen,
sean o no elegidas por nosotros.

Imagina una de estas situaciones. Elige la que quieras.
Aprende a observar que esa situación, sea cual sea, se compone siempre de “dos monedas”,
siguiendo la metáfora irlandesa.
Una moneda es el hecho que la define. La circunstancia a la que está sometida.
La otra moneda es la interpretación que haces de ese hecho que te ocurre o te ha ocurrido.

En el banco de la vida, las dos monedas no tienen el mismo valor.
La primera no depende de tu libertad individual de elección. Con ella, unas veces podrás elegir y otras no.
Con la segunda moneda, siempre eliges. El uso de esta segunda moneda sólo de ti depende.

La “circunstancia” puede apoderarse de una de las monedas. De esa que de ti no depende.
Pero siempre te queda una. La más válida. Sobre la que tu eliges.
Se trata de la moneda de la actitud.
Moneda con la que te enfrentas a todo aquello que te esté pasando.
Disposición mental que eliges utilizar para acercarte a un hecho de una forma u otra.

Carl Gustav Jung lo dejó escrito así:

“ Yo no soy lo que me ha ocurrido,
sino lo que he escogido ser "


Tres son los principios elementales que rigen esta forma de entender la vida.
Tres aprendizajes sobre los que poner foco.
Tres elementos sobre los que encender la luz.
Tres ideas necesarias para avanzar y sentirnos felices.
Tres caminos para no olvidar.


La primera ...

ERES ÚNICO

Somos 80 billones de personas en la Tierra.
Pero tu vida es sólo tuya y única.
No pertenece a nadie más. Ni siquiera a las circunstancias que habitan fuera de ti.

Tu vida nadie la ha vivido antes. Ni lo hará después.
Vienes con huellas de otros y también dejarás tus huella en otros. En tu descendencia.
Tus decisiones intervendrán en el futuro de otros.
Aún así, tu vida es sólo tuya.

Todos somos diferentes. Diferentes por dos factores.
El primero es biológico. Nuestra vida empezó a formarse antes de nacer.
Llevas en tu interior puestos los recuerdos de tus antepasados. Tu herencia genética.
El segundo factor corresponde a las diferentes elecciones que en tu vida haces para ti,
o dejas que otros hagan por ti, (en este caso, te gusten o no, también son tuyas).

Comprender y aceptar que sólo podemos actuar sobre el segundo factor que nos hace únicos es muy importante.
Nos sitúa en hacer un uso adecuado de la segunda moneda, la de la actitud con la que elegimos vivir.
De esa que nos aporta valor de elección.



La segunda...

ERES UN CREADOR


Habiendo entendido el primer elemento este es consecuencia del mismo.
Nos regala la idea de que, te haya sucedido lo que te haya sucedido, sea cual sea tu historia,
tu relato de vida, tienes acceso a cambiarlo.
Por una razón básica: porque sabemos que no podemos cambiar el pasado, pero sí el futuro.
No tenemos acceso a lo que ya ha sucedido, sólo a interpretarlo de una forma diferente.
Pero sí tenemos vía libre para entrar en la creación de futuro.

Las personas, frente al resto de animales y naturaleza viva, tenemos un elemento único: somos creadores.
Tenemos un poder esencial: la imaginación.
Se podría definir como la capacidad de representar mentalmente conceptos que no han sucedido,
que no están presentes para ser usados por ninguno de nuestros sentidos.
Y, lo mejor, su segunda derivada, la capacidad de inventar la forma de convertirlos en realidad.
Es el fenómeno de la creación.

Evolución y revolución, creatividad e innovación, son un subproducto de la imaginación.
Es lo que nos hace que en términos biológicos y culturalmente viajemos hacia el futuro como ninguna otra especie animal.

Este hecho nos hace que podamos crear ante cualquier hecho siempre un conjunto diferenciado
de alternativas, de posibilidades, de caminos sobre los que elegir.
Si algo no nos gusta, podemos crear algo nuevo.



La tercera...

ERES SORPRENDENTE


Aunque la imaginación te hace crear futuro y traerlo al presente,
con frecuencia lo que hace la vida divertida es cuando te encuentras a ti mismo haciendo cosas
que nunca hubieras imaginado que harías.
Te sorprendes.

Y por eso no te extrañe que vivas la vida lleno de sorpresas.
Que ella también te sorprenda. Ponga cosas ante ti que nunca hubieras pensado.

Déjate llevar por las sorpresas.
No quieras tener todo bajo control. Ni bajo la carpa de la seguridad absoluta.
La vida es incierta. Te guste o no.
¡Acéptalo!
¿Por qué vivir lleno de alarmas? ¿Qué sentido tiene vivir lleno de temor?
¡Atrévete!

Vive abierto a nuevas experiencas.
A probar. A mirar a otro lado.
A cambiar de opinión, el mayor acto de valentía del ser humano.
A explorar nuevos caminos. A encontrar nuevas posibilidades.


Si con la otra moneda compras narcisos para el alma,
si te permites ser único, creador, sorprendente, verás que nunca te sentirás víctima de tus circunstancias.
Sino que con cada decisión estarás

escribiendo tu biografía




domingo, 8 de septiembre de 2013

¿Y si estamos mirando en el lugar equivocado?


Ojo de freebie vectors

Pregunta a cualquier persona qué espera como fin último en su vida
y te responderán en su mayoría que "ser felices".
Algo que es extensivo a todas las partes del mundo y en cualquier tipo de sociedad y cultura.

Y, con frecuencia, oímos cosas como ...

"sería feliz sólo si ella quisiera vivir conmigo"
"Sería feliz si me tocara la lotería"
"Sería feliz si tuviera una casa más grande"
"Sería feliz si no tuviese tanto trabajo"
"Sería feliz si encontrase trabajo"
"Sería feliz si tuviera un cuerpo mejor"
"Sería más feliz si tuviera mejor salud"
...


Probablemente la mayoría de nosotros nos sentimos felices. O probablemente no.
Probablemente estamos satisfechos con lo que somos y tenemos. O probablemente no.
Pero en cualquiera de los casos, como humanos, sentimos deseo.
Ambición necesaria para desarrollarnos, para crecer, para superarnos, para avanzar.

Sentimos deseo de ser algo diferente.
Sentimos deseo de dedicarnos a aquello que nos gusta.
Sentimos deseo de tener lo que todavía no hemos alcanzado.
Sentimos deseo de vivir experiencias únicas que no hemos vivido.
Sentimos deseo de poseer lo que todavía no tenemos.
Sentimos deseo de recuperar aquello que fuimos o tuvimos y ya no está con nosotros.
...

Quizás el deseo, junto con el amor, sea la expresión humana más potente.

Cada uno podemos confeccionar nuestra propia lista de deseos para SER FELIZ.
Y sí, esas cosas que uno desea y que recogería en su lista, probablemente le proporcionarían más bienestar.

Parece ser que todas las encuestas y estudios demuestran que la gente es menos feliz que hace 20/30 años,
pese al gran incremento en los niveles de bienestar en este período de tiempo.
Se le conoce como la gran paradoja del siglo XXI.

¿Y si estamos confundiéndonos 
con la palabra FELICIDAD?

Felicidad, ¡que palabra tan manida!
¿Y si felicidad y el bienestar viven cerca pero no son lo mismo?

En el año 2003, Dan Baker publicó varios estudios y su libro  Lo que sabe la gente feliz.
Demostraba que el grado mayor o menor de felicidad en las personas parece estar relacionado con
la capacidad de poder construir nuestro propio destino
y de aceptar lo que no podemos cambiar del mismo.

Es decir, más dueño de tu destino, más feliz.
Mayor posibilidad de construir y dirigir tu propio futuro, más feliz.
Menos distancia entre la realidad que vives y la que deseas vivir, mayor felicidad.
Felicidad como un sentir que depende de dos caminos.
El primero como la capacidad de convertir el deseo en realidad.
El segundo como la capacidad de aceptar todo aquello que en tu destino aparece y no podrás cambiar.

Baker nos enseña, bajo este modelo de felicidad consistente en poner al destino bajo control,
que la autentica felicidad es un estado raro de encontrar.
Por dos razón: porque las expectativas humanas, provocadoras de deseo, superan con frecuencia
a las posibilidades de cumplirlas.
Y porque el ser humano no es un animal dispuesto en su origen biológico, ni se nos enseña,
a aceptar el destino que se escapa de nuestra mano, el que no podemos modificar, el que tenemos que aceptar.

Ser feliz podría consistir en conseguir el equilibrio entre elegir y aceptar.

En la Unión Europea el gasto farmacéutico en recetas de productos antidepresivos ha aumentado,
según el panel IMS, hasta un 40% en la última década.
La Organización Mundial de la Salud predice que en el año 2020, las depresiones, las migrañas,
la ansiedad, las crisis de pánico, serán las enfermedades que estén presentes en más del 35% de los adultos.
Hoy día, 1 de cada 3 personas tienen, al menos una vez en su vida, una crisis de ansiedad.

¿Y si estamos mirando 
en el lugar equivocado?

La felicidad no vive afuera.
No mires ahí. Mira adentro.
Hay que buscarla mirando mucho más dentro de nosotros mismos.
Buscarla afuera es contraproducente.
Dejarla en manos de otros, de otras cosas, es empezar a perderla.

La felicidad no es un estado material. Es un estado espiritual. Es un estado interior.
Es la experiencia del gozo por lo que vivimos en cada momento.
Es la capacidad de asumir riesgos, de superar miedos, de elegir los caminos que nos estimulan.
Es la sensación sentida de que la vida es buena y de que merece la pena estar vivo.
O mucho mejor, como leía el otro día:

"Merece la alegría estar vivo"

La auténtica felicidad consiste en vivir con satisfacción y placer los momentos efímeros.
La felicidad nace de apreciar lo cotidiano.
De vivir con intensidad cada segundo, cada instante.

Ser feliz significa implicarte en sacar de ti todas tus emociones positivas.
Y eso te beneficiará en la totalidad de tu ser, emocional, física, espiritual y mentalmente.

En última instancia los seres humanos sólo tenemos dos sentimientos esenciales:

el miedo 
y
el amor

El miedo nos ayuda a sobrevivir.
Y el amor a prosperar. A crecer.

Una mala versión del miedo es el temor. Es el miedo tóxico.
Este no nos ayuda. Nos paraliza.
El temor es el responsable de que seamos infelices porque aleja nuestros deseos, nuestros sueños,
de la capacidad para convertirlos en realidad.

Hay una mala versión del amor. Es la dependencia y el apego.
No nos ayuda porque no nos permite aceptar las nuevas realidades.
No nos deja avanzar, nos ata al pasado.
También nos paraliza.
Nos aleja de la aceptación.

Es un mito, y desde luego no lo que he querido expresar en este artículo,
pensar que ser feliz es estar siempre alegre.

Tres elementos, nos enseñan los expertos en psicología positiva, son necesarios para ser felices:

la capacidad de regular nuestras propias emociones,
la capacidad de comprometernos con nuestro futuro
y la capacidad de encontrar sentido a nuestra vida.

En resumen,

no dejes la felicidad en mano de las circunstancias, créalas;
no dejes la felicidad en mano del destino, constrúyelo.
Cambia lo que necesites cambiar desde ti mismo 
y lucha por todo aquello que deseas;
siéntete libre de elegir, para así poder dirigir tu futuro
y acepta no sufrir por todo aquello que no puedes cambiar



Tres son los lugares donde buscar felicidad:
las circunstancias ajenas a nosotros, 
la disposición biológica 
y la conducta.

Del primero ya hemos hablado. Ya sabes, aceptar.
Aprender a distinguir bien lo que puedo cambiar y lo que no. Lo que es ajeno e inmutable y lo que de mi sí depende.
No gastar energía en lo que no puedo modificar.

El segundo forma parte de nuestra herencia. Nada que decir.
También mucho que aceptar, poco podemos hacer.
Aunque no conviene olvidar el cuidado de nuestra salud, la alimentación, el ejercicio físico, etc...
Influyen sin duda en nuestra felicidad.

Y el tercero es el que nos da la mayor libertad posible.
Nuestra propia conducta. Lo que elegimos ser, hacer, parecer, vivir, sentir, pensar, ...
En la mayoría de las personas, el grado de felicidad depende en más de un 50% de este tercer elemento.
Consiste en el cómo decides pensar sobre todos los hechos que vives.
Es lo que llamamos actitud.
Y se alimenta de nuestras vivencias, de nuestros valores, de nuestra experiencia, de nuestras creencias.
Es nuestra disposición mental ante cualquier hecho.

Una forma mucho más sencilla de entender la felicidad es la que nos enseña
el monje budista francés Mathieu Ricard, cuando nos dice que la felicidad consistiría en
comerse un sabroso plato de espaguetis y disfrutarlo en el momento,
caminar por la nieve bajo las estrellas y disfrutarlo en el momento,
leer un buen libro y disfrutarlo en el momento.

La felicidad 
no está más allá de uno mismo

No la busques en el lugar equivocado






lunes, 2 de septiembre de 2013

¿Sabes cuál es la mejor película de tu vida? No la vivas en el "ojalá..."

Postal de Javier Mariscal publicada en facebook


Sólo unos días quedan para que acabe el verano.
Pronto recordaremos los días de playa, las cenas con amigos, la visión de las estrellas desde la terraza,
el ruido del mar, el vaivén de las olas, las noches de verbena, el mojito, ...
Así es la vida: instantes, momentos que ocurren y que acaban, retazos de tu tiempo,

SECUENCIAS 
DE 
TU PELÍCULA

Bronnie Ware es una escritora que ha trabajado durante muchos años con enfermos terminales.
Enfermedades cuyo único tratamiento posible son los cuidados paliativos.
Sus pacientes sabían que estaban en fase previa a la muerte. Fase de la vida anunciada por un equipo médico.
Eran pacientes con un alto nivel de miedo, de estrés traumático y de sufrimiento.
Bronnie se hacía cargo de ellos entre las tres y las doce últimas semanas de vida.

Ella comentaba que aprendió mucho de esta experiencia.
Aprendió sobre todo que la gente, en esos momentos de su vida y a pesar de todo, puede ser feliz.
Aprendió que las personas en esos momentos, tan próximos a la muerte, crecen personalmente como
nunca antes a lo largo de su vida hicieron.
Y que todos buscaban "su forma" de encontrar la paz antes de partir.

Uno de los aprendizajes más importantes era llegar a darse cuenta de algo muy básico,
que con tanta frecuencia olvidamos por eso, por ser básico.
Se trata de saber que

EL MIEDO 
NO DETIENE A LA MUERTE

Sólo detiene a la vida. A la vida sí la detiene.

Cuando Bronnie preguntaba a sus pacientes terminales sobre de qué cosas se arrepentían en sus vidas,
o qué hubiesen hecho si pudieran volver a vivir de nuevo algunos de las secuencias de su vida,
ahora que ya no podían, surgían muchos y diferentes temas que les hubiese gustado cambiar.

En resumen, todos concluían que vivirían una vida a la que le añadirían una cosa y le quitarían otra.

A añadir:

ASUMIR MÁS RIESGO

A quitar:

PREOCUPACIÓN INNECESARIA

En el fondo todos estos enfermos nos enseñan que, una vez en esa situación, les hubiera gustado
tener la valentía de vivir sus vidas más acordes con ellos mismos,
no la vida que los demás esperaban de ellos.

En estos mismos términos nos habla la doctora Elisabeth Kübler Ross en sus libros sobre la muerte
y sobre enfermos terminales.
Y también son experiencias que he vivido personalmente por una profesión anterior que me relacionó
con la creación en nuestro país de la Sociedad Española de Cuidados Paliativos.
Recuerdo especialmente a mis amigos los doctores Marcos Gomez y Antonio Pascual comentando
estos temas en sus conferencias y en las reuniones de esta sociedad médica.

Opino, aprendiendo de estas enseñanzas, que debemos plantear las secuencias de nuestra película
más importante, la peli de la vida, de forma que no tengamos en un futuro que arrepentirnos de aquello
que dejamos de hacer y no quisimos dejar.
Ademas de tener el coraje de pedir, de hacer, de vivir más cerca de todo aquello que nos produce placer.
Es decir, de ELEGIR.

Algunas aprendizajes muy importantes nos enseñan estos enfermos, en su lecho de muerte,
mientras repasan los fragmentos de la película de su vida.
Todas estás "lecciones" empiezan con un

"OJALÁ ..."

Vivir en el ojalá es vivir una vida en condicional. No en presente.
Es vivir próximo a la queja. Alejado de la responsabilidad personal ante el diseño de nuestra propia vida.

En mi opinión los más importantes son:

OJALÁ ... 
NO HUBIERA TRABAJADO TANTO

¿Echaríamos de menos en esos momentos el tiempo que no estamos pasando con nuestros hijos?
¿Echaríamos de menos el tiempo que no dedicamos a divertirnos, a disfrutar con nuestra pareja y amigos?
¿Echaríamos de menos no dedicar tiempo a nuestros hobbies?

¿Por qué llegar un día a tener que lamentar la cantidad de tiempo que, sin querer de verdad,
hemos pasado en nuestra rutina laboral?

Trabajar sí. Ser esclavos del trabajo no.
Trabajar sí. Vivir para trabajar no.
Trabajar sí. Sabiendo que la vida es más que esto.
Trabajar sí. Tomando el tiempo que necesitas para el resto de las cosas y personas que en tu vida son importantes.

¿Hemos pensado en simplificar las cargas que ponemos en la espalda de nuestra vida?
Quizás eso nos diera más tiempo para salir de la espiral del trabajo para el trabajo.
¿Es posible reducir lo que creemos que tenemos que ganar y a cambio tener una vida más satisfactoria?
Creo que es una cuestión de elección individual.

Lo curioso, y también lo que mi propia experiencia me ha traído, es que si creamos un espacio mayor en nuestra vida,
encontramos mayor felicidad y, lo mejor, nos abrimos a nuevas oportunidades que antes no contemplábamos.


OJALÁ ...
HUBIERA TENIDO EL CORAJE 
DE EXPRESAR MIS SENTIMIENTOS

Vivir reprimido, no es vivir.
Vivir no expresando el sentir es sufrir.
Vivir no haciendo lo deseado es no vivir siendo lo que somos.

No vivas pensando que mantienes la paz en tus relaciones si tu te sacrificas.
Eso no es vida.

Es frecuente, cuando personas reprimen sus sentimientos que tengan una vida llena de enfermedades
relacionadas con la angustia, con la amargura, con la depresión, con la ansiedad.
El resentimiento, que es la no expresión y vivencia de nuestro sentir, afecta sin duda a la actitud de la persona.
La modifica. Nos hace ser lo que no somos. Nos hace hacer lo que no queremos.


OJALÁ ...
HUBIERA ELEGIDO SER FELIZ

Muchos de estos pacientes terminales se daban cuenta, con una claridad extrema, como nunca antes,
que la  FELICIDAD ES UNA ELECCIÓN.

Permanecer muertos con vida durante la vida no es vivir.
El llamado "confort" de nuestra vida a veces nos resta vida. Nos la quita. Nos paraliza.
El miedo al cambio, a lo nuevo, a la aventura nos deja tristes, nos inunda de emociones negativas.
El permanecer en las viejas creencias, en los patrones aprendidos, sin nada que cambiar,
sin algo nuevo que experimentar, nos hace ser lo que no somos, nos hace fingir ante quien no podemos fingir,
ante nosotros mismos.
Nos hace vivir la vida huyendo.

Elegir ser feliz tiene que ver con honrar y defender tus sueños.
Hacer que se hagan realidad en la medida de lo posible.
Elegir ser feliz es entender que no todo lo podemos decidir.
Que podremos tener problemas de salud, profesionales, de pareja, con amigos, ...
Obstáculos que no decidimos en nuestro camino.
Pero, elegir ser feliz, es saber que estos obstáculos están para ser superados, para poner toda nuestra
actitud al servicio de las metas, para saber que el riesgo del vivir requiere de retos.


OJALÁ ...
ME HUBIERA REIDO MÁS

Ufff, cuanto se echa de menos la risa en esos momentos finales de la vida.
Habéis asistido alguna vez a un funeral donde los que están acompañando al muerto recuerdan sus momentos "de risas".
Es lo que queda. La risa. La vida es risa.
Ahora que tantas personas se hacen llamar espirituales, que tanto profeta predica sobre el poder del espíritu,
y sobre el potencial que tiene el crecimiento personal desde el interior de uno mismo,
ahora es el momento también de reivindicar la risa, la diversión desde lo más cotidiano, el reírnos de uno mismo.
El darnos cuenta que todo lo que vivimos, la elección de cómo vivir los fragmentos de la pelí de nuestra vida,
pueden hacer que nuestro vivir sea una buena comedia o un verdadero drama.


OJALÁ ...
HUBIERA VALORADO MÁS A LOS QUE AMO

Amar, este es el fundamento de la vida.

Casi todos los enfermos terminales terminan sus días quejosos de no haber pasado más tiempo
con sus seres queridos, con sus amigos, con su pareja.
Y muchos lamentan haber dejado pasar a la persona de su vida. Por no atreverse. O por no querer cambiar.
También refieren el no haberse atrevido a decir mucho más a otras personas cuanto las querían.

¿Cuánto tiempo dedicas a decir "te quiero" a esos que tanto quieres?
Habrá un día que no podrás. ¿Lo has pensado?

Al final, la muerte nos une a todos.
Nos hace ser seres iguales.
En esos momentos lo que importa no son los bienes materiales, ni el dinero, ni la posición social.
Todo aquello que tiene que ver con el ego en esos momentos desaparece.
Aparece el "YO" verdadero y se borra al "EGO".

No olvidemos que al final de la película, en la última escena de la vida,
lo único que importa de verdad es el

AMOR

Es lo único que dejaremos y que nos llevaremos cuando la película ponga

FIN