jueves, 13 de febrero de 2014

Estar ENAMORADOS en un día de San Valentín





Si amáis, que estos sean vuestros deseos:
Fundiros y ser como un arroyo que canta
su melodía por la noche.
Conocer el dolor de la inenarrable ternura.
Despertar al alba con espíritu alado
y dar gracias por otro día.
Adormeceros con una plegaria para el ser amado
en vuestro corazón
y con un cántico de alabanza en vuestros labios.

Khalil Gibran


Es San Valentín.
No es el día del amor. No! Es el día de los enamorados.
No es lo mismo...
Es una día de celebración del amor enamorado.

El maestro cuenta-cuentos Jorge Buccay explicaba muy bien esta diferencia:

Enamorarse es amar las coincidencias.
Amar es enamorarse de las diferencias"


Quiero enamorarme de las coincidencias.
Quiero amar estando enamorado.
Quiero amar las diferencias.

Muchos piensan que San Valentín es una fiesta nacida en los centros comerciales y de origen anglosajón.
Pero no es así. Esta celebración tiene su origen en la época del imperio romano.
San Valentín era un sacerdote que ejercía en Roma, en el siglo III.
La fiesta nació del enfrentamiento entre este sacerdote y el emperador Claudio II,
quien había impedido, para poder disponer de más militares en su ejercito,
celebrar matrimonio a todos los jóvenes.
El sacerdote Valentín, jugándose la vida, celebraba matrimonios en secreto para los enamorados de la época.

A mi modo de ver, esta celebración nos debería servir para hacer una parada en la prisa cotidiana.
Parar para mirar su rostro con delicadeza, encontrando todas sus perfecciones imperfectas.
Parar para coger su mano y sentir la energía que de ella brota.
Parar para abrazar con ternura.
Parar para besar lentamente, para sentir sus labios, para hacerlos fundir en uno.
Parar para que su cuerpo invada el tuyo.

Parar este día para huir de las agendas repletas, de los compromisos que no nos comprometen,
de las actividades innecesarias, de las obligaciones impuestas, de los momentos intranscendentes.

Parar para compartir vida con intensidad. Para hacer un brindis por ella.
Parar para dejarnos llenar de todo lo bueno que nos ofrece.
Parar para sentir el disfrute.
Parar para ofrecernos en su totalidad. Para hacer que todo suceda.

Parar el tiempo.

No es día de fiesta para el enamoramiento si el amor que celebras es sólo pasajero.
El amor pasajero, decía Verónica Cheja, sólo busca las cosas excepcionales.
Vive preso del tiempo.
Mientras que el amor enamorado de verdad lo que busca es celebrar las cosas de todos los días;
porque las cosas de todos los días son las que se vuelven verdaderamente excepcionales.

En este día de San Valentín me pido un regalo:

SU MEJOR 
SONRISA




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