domingo, 23 de marzo de 2014

Aprender a decir “adiós"





Es primavera.
Estación de colores.
Su nombre tiene su origen en el latín, traducido literalmente como “el primer verdor”.
La primavera representa un tiempo de cambio.
Nos dice adiós lo gris del frío invierno y llegan las flores y sus colores.
También llegan las lluvias inesperadas al atardecer que limpian el ambiente, el campo, las calles, ...

Es tiempo de romper con la hoja caduca, de decirle adiós al marrón del invierno y dar la bienvenida a lo nuevo.
Época que finalizará con el solsticio de verano, donde echaremos a la hoguera todo lo que nos estorbe.

Decir adiós,
... que difícil a veces ...

Decir adiós es aprender a no aferrarnos a lo viejo. A lo que ya no nos vale.
Decir adiós para avanzar. Para dejar el apego de aquello que ya no nos hace feliz.
Decir adiós para cambiar de un estado a otro., como hace en estos días la naturaleza con la llegada de la primavera.
Decir adiós para innovar. Para darnos la oportunidad de inventar nuevos caminos.
Decir adiós para conseguir entrar en nuevos horizontes y deseos.
Decir adiós para conocer a nueva gente.
Decir adiós para salir de las prisiones del pasado, si eso queremos, y movernos con esperanza hacia el futuro.
Decir adiós para crecer.

Decir adiós NO siempre es decir hasta siempre.
A veces sí, a veces no.
En ocasiones es un “hasta luego...
Decir adiós NO siempre es huir.
Es decir “debo seguir adelante...”
Decir adiós NO siempre es alejarte.
A veces decimos adiós y permanecemos cerca pero en un estado diferente. Algo ha cambiado.
Decir adiós NO siempre es un acto de tristeza o de rabia.
Con frecuencia significa un momento de gozo o alegría.
Decir adiós NO siempre es un acto de valentía.
Muchas veces lo haces porque vives un momento en el que te sientes cobarde.
Decir adiós NO siempre es bajo un estado de lamento.
Más bien suele tratarse de un estado de euforia.
Decir adiós NO siempre es decir “fin”.
A menudo necesitamos el adiós para arrancar de nuevo el motor. Para empezar.
No siempre es un punto y final. Está el adiós que expresa un punto y aparte.
Ese “adiós” que nos trae el un nuevo “hola”.
Decir adiós NO es quedarse vacío.
Normalmente decimos “adiós" para llenarnos de nuevo. Para vivir con más pasión.
Decir adiós NO siempre es estar rodeado de lástima, ni de lágrimas, ni de miedos, ni de ...
Es tener el coraje de darte el permiso de entregarte con viveza a nuevos paisajes.
Decir adiós NO siempre es referido a una persona.
Decimos adiós a procesos viejos, a costumbres, a creencias, a materias, a cosas, a gustos, a valores, a trabajos, a ...
Decir adiós es empezar a crear futuro.
Decir adiós es dejar ir, es soltar, es cerrar lo que ya no debe estar abierto.

Para aprender a decir “adiós" es necesario pararse, poner atención, permitirse una nueva mirada,
ser conscientes de lo que tenemos, de lo que hacemos, de lo que somos.
Para aprender a decir “adiós” debemos saber qué no podemos cambiar y aceptarlo.
Distinguirlo de lo que sí podemos cambiar y preguntarnos sobre ello.
Para poder decir “adiós” es necesario elegir, decidir, priorizar, descartar.
Para poder decir “adiós” necesitamos aprender a hacer las cosas de una forma diferente.
Actuar desde otro lado.

El adiós no se puede postergar en el tiempo.
En ese caso nos amarga. Nos llena de lamentos. Nos sitúa en posición víctima.

El adiós necesario es un acto de gratitud. De coherencia. De paz.

Durante esta primavera Júpiter brillará todos los días al comenzar la noche y Venus será el lucero del alba.
Será una primavera, dicen los expertos con dos eclipses, uno de luna y otro de sol.

Como la primavera, hazte un regalo lleno de color y di adiós a todo aquello que necesites decir adiós.
Puede que sea una oportunidad, como la primavera, de nuevo para

empezar




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