domingo, 30 de marzo de 2014

¿Prefieres ser feliz o tener razón?



"Vivimos presos de nuestras propias verdades”

Viajo en tren, aveando camino de casa, después de un fin de semana en la playa.
Junto a mi, viajan un grupo de amigos ensalzados en una gran discusión.
Hablan de política. 
Gritan, pero no se escuchan. Todos opinan con vehemencia.Cada uno expresa sus razones.
Todos creen tener la verdad absoluta en sus palabras, entre sus razones..
También en sus gestos, expresados por su rostro y por el movimiento de sus manos.
Nadie escucha a nadie. Nadie observa a nadie.
Van subiendo la voz, en busca de defender una opinión.

Esto no es más que una escena cotidiana en cualquier grupo de amigos, en cualquier familia, 
en cualquier equipo de trabajo.

Me gusta compartir en mis cursos y charlas, que prefiero ser feliz a querer tener siempre razón.
Que vivimos presos de nuestra propias verdades.
Y que la única verdad absoluta es que las razones de la verdad son generalmente relativas.

Opino que las personas, cuando viven queriendo tener siempre razón, sufren más. 
Lo pasan peor.
No quiero decir con esto que no debamos defender nuestras ideas, nuestros puntos de vista, 
nuestras razones, nuestras experiencias, nuestras evidencias.
¡Hagámoslo!
…Pero cuidemos el cómo lo hacemos porque en realidad lo que estamos defendiendo 
no es más que nuestra visión momentánea y parcial de la realidad.

¿Por qué es tan importante sentirse ganador en una conversación?
¿Gana siempre el que queda como mejor defensor de una idea?
¿No es más útil aprender de las ideas de otros, cuestionarse las de uno mismo?

Creo que, al defender con vehemencia las razones de una opinión,
nos alejamos de la más importante habilidad en la comunicación humana:
La escucha

Y, en su segunda derivada, nos alejamos también de la capacidad de explorar lo que otros opinan. 
De hacer también nuestro el conocimiento ajeno.
De conocer la interpretación de experiencias no vividas por uno mismo.

Cuando nos damos el premiso de no poseer siempre la verdad, nos encontramos mejor, 
aprendemos más, descubrimos nuevas ideas, avanzamos, crecemos, 
nos reinventamos más frecuentemente.

Sé que podemos comprobar y decir que un hecho es cierto o no.
También sé que podemos convertir una hipótesis en un hecho, y a partir de ese momento, 
calificarla de certera o de falsa.
Pero no podemos decir que un razón es verdadera o no, 
simplemente porque una razón se basa una opinión. Y, por lo tanto, es múltiple.
Tras cualquier opinión existen múltiples verdades.

Quizás uno de los más importantes secretos en la comunicación humana radique en aprender 
que el concepto de verdad carece de sentido absoluto.
No existe la verdad absoluta.
Nada, hablando de opiniones y además por definición, es del todo cierto o del todo falso.
Toda verdad, en estos casos, tiene su opuesta falsedad.

Muchas de las verdades son portátiles.
Es decir, viven como verdad sólo en un tiempo finito.
Y gracias a que así es, los humanos hemos podido evolucionar.

La tierra fue plana una vez.  Y dejó de serlo.
Y también fue el centro del universo. También dejó de serlo.
Muchas verdades bien documentadas se revelaron con el tiempo como falsas.
Y es muy bueno que así sea, porque la posibilidad de equivocarnos 
nos acerca también a la posibilidad de acertar.
Si nada fuese verdad, tampoco nada podría ser falso.

Quizás no sea tan importante tener razón como el hecho de cuestionarnos la razón.

Cuestionarnos la verdad es cuestionarnos lo que “damos por sentado”.
Y, al hacerlo, hacemos uso de la imaginación.
Visualizamos la realidad desde otro plano.
Es esto lo que constituye la fórmula básica de la biología evolutiva humana.
Es lo que nos permite traer un nuevo futuro al presente conocido.
El ser humano evoluciona a la velocidad que lo hace porque es capaz de  imaginar las cosas 
de forma diferente a como en un momento concreto las conoce.
La imaginación desvirtúa el conocimiento. Le provoca divergencias. Le hace avanzar.

Así fue como conseguimos subir antes a la luna, o explorar la profundidad de los mares,
en la mente que en la realidad.

La capacidad asociativa de dos o varias ideas junto el cuestionamiento del status quo de las cosas 
son el motor de la creatividad.
Como metáfora matemática diríamos que podemos representar la creatividad con los signos de  
sumar, restar, multiplicar y dividir.
Al los que añadiríamos el signo de “ ? ”  (interrogación).
Mezclar, quitar, hacer más pequeño, reorganizar, maximizar, añadir, etc…, 
son la base de la innovación, junto a la posibilidad de interrogarnos sobre lo conocido.

La lección es:

Aunque nuestra verdad o falsedad sobre algo
parezca tener todas las evidencias posibles,
aún estando seguros que se justificaría,
no deberíamos nunca descartar
que podemos estar equivocados.


Admitir esta posibilidad de errar, de equivoco, comporta un desasosiego fantástico,
nos acerca más a los otros,
nos ayuda a desarrollar nuestro pensamiento crítico,
nos ofrece la posibilidad de ver la realidad que conocemos de manera desacostumbrada,
nos acerca mucho más a la imaginación inventora,
nos lleva al mundo de la creatividad,
nos mantiene más vivos,
nos permite asimilar el cambio continuo de las cosas,
nos hace que comuniquemos mejor con los demás,
y, por si fuera poco, nos hace sonreír,
nos relaja,
nos reduce el estrés cotidiano, 
nos hace mucho más felices a otros y a los que nos acompañan en la vida.

El dogma, por el contrario, es paralizante.
El dogma no nos da permiso de equivoco, de error.
El dogma apaga la energía de la imaginación.
El dogma nos inmoviliza.
El dogma nos casa con el pasado.
El dogma nos corta libertad.
El dogma oscurece la actitud inteligentemente positiva.
El dogma nos impide la relación generosa.

El talento no nace de la verdad absoluta.
El talento no nace de la posesión de la razón.
El talento no nace de la moda.
El talento no nace de la pseudo-ciencia charlatana y embaucadora.
El talento no nace de lo sectario.
El talento no nace de los predicadores sociales con contenidos subjetivos.

Nace de la indagación continua.
Nace del aprendizaje ágil.
Nace de la adaptación inteligente.
Nace de la capacidad de visualizar futuro en el  presente.
Nace de la comprensión del cambio.
Nace de la modestia.
Nace de la capacidad de observación.
Nace de la escucha empática.
Nace de la capacidad de combinación.
Nace de la inquietud por lo nuevo.
Nace del conocimiento objetivo y del conocimiento múltiple subjetivo.
Nace de asumir que el conocimiento es limitado e incierto.
Nace de saberse ignorante, descubridor, curioso, explorador, …

Ya nos decía Antonio Machado en sus “ Proverbios y Cantares “ :

¿Tu verdad?
No, la verdad.
...Y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.


domingo, 23 de marzo de 2014

Aprender a decir “adiós"





Es primavera.
Estación de colores.
Su nombre tiene su origen en el latín, traducido literalmente como “el primer verdor”.
La primavera representa un tiempo de cambio.
Nos dice adiós lo gris del frío invierno y llegan las flores y sus colores.
También llegan las lluvias inesperadas al atardecer que limpian el ambiente, el campo, las calles, ...

Es tiempo de romper con la hoja caduca, de decirle adiós al marrón del invierno y dar la bienvenida a lo nuevo.
Época que finalizará con el solsticio de verano, donde echaremos a la hoguera todo lo que nos estorbe.

Decir adiós,
... que difícil a veces ...

Decir adiós es aprender a no aferrarnos a lo viejo. A lo que ya no nos vale.
Decir adiós para avanzar. Para dejar el apego de aquello que ya no nos hace feliz.
Decir adiós para cambiar de un estado a otro., como hace en estos días la naturaleza con la llegada de la primavera.
Decir adiós para innovar. Para darnos la oportunidad de inventar nuevos caminos.
Decir adiós para conseguir entrar en nuevos horizontes y deseos.
Decir adiós para conocer a nueva gente.
Decir adiós para salir de las prisiones del pasado, si eso queremos, y movernos con esperanza hacia el futuro.
Decir adiós para crecer.

Decir adiós NO siempre es decir hasta siempre.
A veces sí, a veces no.
En ocasiones es un “hasta luego...
Decir adiós NO siempre es huir.
Es decir “debo seguir adelante...”
Decir adiós NO siempre es alejarte.
A veces decimos adiós y permanecemos cerca pero en un estado diferente. Algo ha cambiado.
Decir adiós NO siempre es un acto de tristeza o de rabia.
Con frecuencia significa un momento de gozo o alegría.
Decir adiós NO siempre es un acto de valentía.
Muchas veces lo haces porque vives un momento en el que te sientes cobarde.
Decir adiós NO siempre es bajo un estado de lamento.
Más bien suele tratarse de un estado de euforia.
Decir adiós NO siempre es decir “fin”.
A menudo necesitamos el adiós para arrancar de nuevo el motor. Para empezar.
No siempre es un punto y final. Está el adiós que expresa un punto y aparte.
Ese “adiós” que nos trae el un nuevo “hola”.
Decir adiós NO es quedarse vacío.
Normalmente decimos “adiós" para llenarnos de nuevo. Para vivir con más pasión.
Decir adiós NO siempre es estar rodeado de lástima, ni de lágrimas, ni de miedos, ni de ...
Es tener el coraje de darte el permiso de entregarte con viveza a nuevos paisajes.
Decir adiós NO siempre es referido a una persona.
Decimos adiós a procesos viejos, a costumbres, a creencias, a materias, a cosas, a gustos, a valores, a trabajos, a ...
Decir adiós es empezar a crear futuro.
Decir adiós es dejar ir, es soltar, es cerrar lo que ya no debe estar abierto.

Para aprender a decir “adiós" es necesario pararse, poner atención, permitirse una nueva mirada,
ser conscientes de lo que tenemos, de lo que hacemos, de lo que somos.
Para aprender a decir “adiós” debemos saber qué no podemos cambiar y aceptarlo.
Distinguirlo de lo que sí podemos cambiar y preguntarnos sobre ello.
Para poder decir “adiós” es necesario elegir, decidir, priorizar, descartar.
Para poder decir “adiós” necesitamos aprender a hacer las cosas de una forma diferente.
Actuar desde otro lado.

El adiós no se puede postergar en el tiempo.
En ese caso nos amarga. Nos llena de lamentos. Nos sitúa en posición víctima.

El adiós necesario es un acto de gratitud. De coherencia. De paz.

Durante esta primavera Júpiter brillará todos los días al comenzar la noche y Venus será el lucero del alba.
Será una primavera, dicen los expertos con dos eclipses, uno de luna y otro de sol.

Como la primavera, hazte un regalo lleno de color y di adiós a todo aquello que necesites decir adiós.
Puede que sea una oportunidad, como la primavera, de nuevo para

empezar




domingo, 16 de marzo de 2014

...De águilas y cuervos





Cuenta así una fábula de Esopo:


Lanzándose desde una cima, un Águila, arrebató un corderito a un pastor. 
Un Cuervo, viendo tal osadía, trató de imitarla
y se lanzó sobre un carnero.

Pero tenía tan poco conocimiento en el arte de vuelo de las águilas , 
que sus pseudo-garras se enredaron en la lana del carnero, 
y tras muchos intentos de elevarse, 
no logró despegar jamás,
ni mucho menos hacerse con la presa.

El pastor llamó a sus hijos y les pidió que aprendieran de lo que allí sucedía.

Los niños preguntaron: 
¿qué clase de ave es este pájaro negro?

Y el pastor les respondió:

“Sólo es un cuervo;
pero sufre mucho,
porque él cree que es un águila".



¿Eres águila o cuervo?
Quizás águila para algunas cosas, cuervo para otras...
No es menos el cuervo que el águila.
El cuervo tiene sus “talentos". Diferentes a los del águila.
Los pierde cuando quiere ser águila.
Los pierde cuando todavía no está preparado para hacer lo que el águila sabe hacer.

El águila vuela sola.
El cuervo en bandadas.
El águila captura sus piezas.
El cuervo vive de la carroña.
El águila tiene preparado su plumaje para confundirse con el terreno.
El cuervo negro se distingue entre todo lo demás.
El águila vuela a velocidad de setenta km por hora.
El cuervo es lento en su vuelo.
El águila vuela a alturas de mil metros, y desde ahí divisan sus presas.
El cuervo vive cerca del suelo y usa gafas de cerca.

Que importante es poner nuestro esfuerzo, ilusión y preparación para lo que estamos preparados.
Y poner también nuestro esfuerzo e ilusión en prepararnos bien para lo que queremos llegar a ser.
Prepararnos para ser águilas aunque hoy seamos cuervos. Trabajar duro para ello.
Ser águila sólo cuando ya nos sentimos preparados con la fuerza y los talentos del águila.
Y vivir felices como cuervos cuando todavía somos cuervos, sacando el mejor de los partidos a nuestro talento de cuervo.

Ser hoy lo que hoy somos.
Asumir lo que podemos ser. Lo que podemos hacer y lo que no.
Aprender, esforzarnos, prepararnos para ser diferentes de lo que hoy somos es crecer,
es permitirnos cambiar, es saltar de nuestro vivir como cuervo y convertirnos en águila.
¡Es posible!

Pero primero requiere de un verdadero auto-concimiento.
De saber hoy qué soy.
De hacer un plan. De accionarlo, de llevarlo a cabo.
De paciencia. De experiencia. De tiempo de dedicación. De esfuerzo mantenido.
De equivocos, de errores en el camino, de aprendizajes, de caídas, ...
De práctica.
De saber esperar la recompensa, sin prisa.

Cada día me encuentro en mi trabajo, y en otras disciplinas, cuervos que juegan a ser águilas.
Cuervos no preparados, orgullosos tan sólo por disponer de un título sacado en cursos de fin de semana.
Profesionales que se dedican a “dar consejos” que nunca ellos probaron ni vivieron.
Cuervos que se entrometen en el trabajo de águilas, haciendo daño al cordero,
pero sin saber cómo ayudarle a levantarse del suelo.

Que momento de celebración cuando nos dedicamos a “predicar” lo que somos, lo que de verdad hacemos.
Cuando huimos de intentar ser lo que no hacemos.
Cuando no tenemos un escaparate de vida y somos otra cosa diferente.
Cuando enseñamos lo que verdaderamente sabemos, no lo que hemos leído.
Cuando nos dedicamos a ser y hacer lo que de verdad sabemos,
para lo que tenemos preparación, habilidades, actitudes, conocimientos, ...

Que inteligencia cuando
nos mostramos ante los demás con nuestra verdad.

La gallina come gusanos de la tierra y cereales, por eso es gallina.
Y el buitre como carroña y le encanta ser buitre.
El buitre no podría ser gallina, moriría en poco tiempo si sólo como gusanos.
Y a la gallina le da asco la carroña.

Y lo mejor, a las águilas les molestan los cuervos que viven alrededor de ellas;
pero aún así, las águilas sabias nunca pelean con ellos.
Les permite estar ahí. Sabe que comerán lo que ellas dejen.

Aprendamos de estas águilas sabias:
los cuervos intentarán molestarnos cada día, pero nosotros ni caso.
No entraremos en esa pelea.

Nosotros volaremos más alto.
Visionaremos el futuro desde más lejos.
Soñaremos más rápido.
Actuaremos con más fuerza.
Y viviremos a más velocidad.

Y ellos, que sigan siendo

C U E R V O S



domingo, 9 de marzo de 2014

La bicicleta: un modo de entender la vida






Cuando éramos niños soñábamos con tener una bicicleta.
Sería nuestro primer vehículo. La forma más rápida de desplazarnos entre lugares.
Conduciéndolas nos sentíamos mayores, motorizados.

La bicicleta es uno de los medios de transporte más antiguos que existen.
Ya vemos pinturas de dos ruedas unidas por un “palo” en la más antigua China
y también en las civilizaciones toltecas y egipcias.
En 1490 Leonardo Da Vinci la re-diseñó y le llamó “Codex Atlanticus”.
Nunca sabremos por qué le dio este nombre.
El primero que le puso pedales fue el barón Karl Drais, en 1816.
Inventor que le dio su nombre en sus primeras épocas; a la bici entonces se le llamaba draisia.
En 1887, el aventurero Thomas Stevens, fue el primero que dio la vuelta al mundo en bicicleta.
Salió de San francisco y tardó tres años en conseguir su reto.
Hoy día, si visitáis San Francisco, veréis como de arraigadas están las bicis en esta ciudad.
Al igual que en Amsterdam, Tokio o Barcelona, entre otras ciudades.
La encontraréis de todos los colores, de todos los tamaños, formas, customizadas, clásicas, plegables, antiguas, ...

Me llegan recuerdos de mi papá, a finales de los años 60, montando en una de esas bicis antiguas,
negras,
con un sillín en la barra en el que me transportaba a mi y con un asiento acolchado de tapiz atrás
donde viajaba mi madre.
Viajes que siempre eran dentro del pueblo en el que vivíamos, como no podía ser de otra forma.
De mi casa a casa de mi abuela. O de allí a la plaza.

Existen de piñón fijo.
Cuando no se puede dejar de pedalear porque sino el propio piñón hace de freno.
Las para, las detiene, las paraliza.
Y las de piñón libre, móvil, las más comunes.
Las que hacen que puedas dejar de pedalear mientras bajas una cuesta, en el momento del descanso,
las que te dan un tiempo para ti, para recuperarte, para coger fuerzas de nuevo
y así continuar la marcha, el pedaleo.
Dos sistemas que definen la forma de moverse las bicicletas.

Dos sistemas que nos recuerdan nuestro propio paso por la vida.

A veces vivimos la vida a piñón fijo, y nos frenamos rápidamente por el mero hecho de dejar de pedalear.
Otras, en cambio, podemos permitirnos dejar los pedales a su libre albedrío.
Son de piñón libre.
Nos permiten descansar en cuestas abajo, mientras ella nos lleva en la dirección que le hemos marcado.
Es posible así abandonar por un momento el esfuerzo.
Aún sabiendo que será sólo por un instante porque sino terminaríamos cayendo.

También hay un tipo de bicis que son estáticas.
No se mueven.
No se desplazan.
Mírales la cara: están tristes.
Normalmente son de  interior. Viven en una realidad contrariada.
Fueron creadas para dar servicio y sólo eso, sin pensar en ellas mismas.
Les es tan difícil mantener la motivación. Son esclavas del espacio en el que se colocaron.

Muchas personas también viven como bicis estáticas.
Aparcados para siempre.
Sin movimiento. Sin desplazarse.
Con mucho esfuerzo para satisfacer a otros, pero sin cuidarse así mismos.

Hoy hablo de la bici, no por hacer un homenaje a este clásico transporte, ... que también,
sino porque es una fantástica metáfora para entender  de qué va esto de la vida.
La bici nos refiere grandes enseñanzas.
Sólo hay que mirarla con atención.
Aprender de su mecanismo.
De sus elementos tan básicos.

Algunos de los aprendizajes, en mi opinión interesantes metáforas,
del hecho de montar en bici son:


TÚ ERES EL MOTOR

Claro...
No puedes dejar de pedalear porque todo el sistema se detiene y puedes caer,
salvo cuando vas cuesta abajo. Cuando el propio rodamiento genera la fuerza de movimiento a tu servicio.
Por cierto, porque antes te has ganado con tu esfuerzo la cima, el punto alto desde el que deslizarse.
Desde el que poder ahora permitirte dejar por un rato el pedaleo. Disfrutar de lo conseguido.
Tú mueves la bicicleta. Tú mueves tu vida.

Cuando estás cansado, a veces, la mueves con mayor dificultad.
Otras veces, no.
Si ha sido un día agotador, no sabes cómo pero sacas fuerza para ella
y eso, a su vez, te genera una nueva carga en tu batería personal.
Es como si te retro-alimentaras al conducirla, al pedalear, al desplazarte.

La energía que la mueve nace de tu propio entusiasmo.
Es regulable. Con más o menos fuerza e intensidad.
Puedes decidir viajar, (=vivirlo), en modo paseo o en modo carrera.


NO TIENE EDADES
NO TIENE PROFESIONES
NO TIENE ...

Da igual la edad que tengas, hay un modelo para ti.
Da igual que seas un niño pequeño o un anciano, una persona madura o un jovencito.
Un ejecutivo o un personaje público. Una persona dedicada a la enseñanza o a las ventas.
Un político o un periodista.
...

Puedes conducirla cada día. O sólo cuando sea el momento apropiado, cuando decidas.
Como la propia vida. Tu eliges cuando llevas el timón y cuando no.
La bicicleta no se pilota, se conduce.
Como la vida, se conduce.
No necesita de la tecnología, aunque se puede ayudar de ella.
Como en la vida, la tecnología o la experiencia, te ayudan, pero no te garantizan el éxito.


SE MONTAN

Las bicis se montan.
Puedes observar una bicicleta, pero seguro que lo pasarás mejor montándola.
Se disfruta viajando en ella, desplazándote. Yendo y viniendo. Cayendo.
La vida también se monta. Se vive. Lo importante es vivirla, no observarla.
Caer, ir y venir, de eso se trata...


ES SILENCIOSA

No hace ruido, más allá de que le falte un poco de aceite en su cadena.
Aprendamos de las bicis a no hacer ruido. O tan sólo a poner un poco de aceite cuando en nuestra cadena nos haga falta. Engrasarnos si es necesario para seguir funcionando de maravilla, sin ruido.

A lo largo de su evolución su motor no ha necesitado hacer más ruido.
No ha necesitado generar explosiones. Ni emitir gases. Ni ser tóxico.

La bicicleta ha entendido bien que progreso y velocidad no son una misma cosa.
Que se puede progresar sin necesidad de ir más deprisa.
Que a veces corremos más deprisa para estar en el mismo sitio.
O que, con frecuencia, vamos a toda velocidad, pero sin saber muy bien a dónde vamos.

El silencio hace además que sea un motor que requiere de esfuerzo pero que en muchas ocasiones
se comporta sin esforzarse.


EL MANILLAR

Artilugio importantísimo. Nos marca la dirección.
Nos ayuda a elegir el camino, la ruta. A priorizar.
Con frecuencia en él se encuentran el “timbre” , el “farol” y los “frenos".

El timbre nos da la fuerza para decir “NO”, para avisar que se nos quiten de en medio, para no atropellar,
para poder viajar más seguro.

El farol nos ilumina el camino en momentos de oscuridad.
Se alimenta de la dinamo que, a su vez, genera la energía necesaria de nuestro propio pedaleo.

El freno nos permite parar, descansar, poner los pies en el suelo.
Y nos ayuda a no chocar, a detener la velocidad para cambiar de dirección.
O a reducir la velocidad cuando se aprecia peligro porque la bajada tiene mucha inclinación,
o porque hemos perdido parte del control.


EL SILLÍN

Todas llevan un sillín.
El lugar en el que descansar nuestro cuerpo cuando estamos parados, con los pies sobre el suelo.
Y el mismo punto donde apoyarnos para hacer el esfuerzo.
Viajar la vida sabiendo que el descanso es necesario, y que desde ese lugar de descanso
será desde donde podamos apoyarnos para realizar nuestro próximo esfuerzo,
para alcanzar la nueva meta.




Cuanto podemos aprender de una bicicleta.
Que placer mental y físico al mismo tiempo.
Que sencillo.
Cuantos aprendizajes desde el valor de lo más simple.

Al montar en bici, si nos gusta, si lo hacemos con placer, además...

F L U I M O S

Quiero decir que en ese instante somos capaces de perder el concepto del tiempo.
El tiempo pasa sin darnos cuenta.
Vivimos el momento en un auténtico aqui y ahora. En presente.
La mente se para.
Nos sentimos poseídos por un alto grado de concentración activa.
Nuestro pensamiento se concentra en lo que tiene que hacer y descarta el resto de ideas.
Es la integración consciente e inconsciente de la vida, al unísono.
Es momento de integración del cuerpo y la mente.
Momento en el que el ego no está presente, en el que desaparecen los problemas o se les encuentra soluciones,
sin saber muchas veces ni de donde vienen las ideas, en fase de incubación inconsciente.
Es disfrutar de vivir conscientemente en piloto automático.

Ya sabes, ...

No 
dejes de 
pedalear





domingo, 2 de marzo de 2014

Vivir con C O R A J E





Ha comenzado el mes de marzo. El invierno empieza a decir adiós.
La primavera está cerca; nos lo anuncian las tardes de lluvia, el clima tan cambiante, los días más largos.
Las cuatro estaciones están de paso, se van y luego vuelven. Siempre vuelven, cada año.

Pero no todo lo que vivimos vuelve.
No todo lo que está relacionado con un determinado tiempo nuestro, vuelve.
Muchas de las cosas a las que estábamos habituados se van para siempre.
Se van personas que nos acompañaban. Se van trabajos que nos hicieron llegar hasta aquí.
Se van ideas que fueron nuestros valores y conocimiento. Se van entornos que nos dieron comodidad.

Desaparece lo certero.
Desaparece lo que parecía seguro.
Desaparece lo conocido, lo cómodo.

Quizás sea por este motivo por lo que una de las habilidades más demandadas social y profesionalmente
sea des-aprender, o lo que es lo mismo: aprender  a decir adiós, aprender a cambiar,
aprender a ir por delante de los cambios, aprender del esfuerzo obligado,
aprender a ser generador de sacudidas inesperadas,
aprender a perseguir nuevas visiones, aprender a vivir creando,
aprender a comprometerse con compromisos a mucho más corto plazo,
aprender a enfrentarnos a las críticas, aprender a estar en continuo movimiento,
aprender a salirnos del círculo, aprender a no hacer caso a las críticas que se hacen desde el visillo de la ventana,
aprender a estropear las máquinas y los procesos para crear otros.

En resumen, a vivir con coraje.

El coraje es la valentía humana para vivir plantando cara al temor.
El coraje te permite sentir el riesgo y desde ahí aprovechar su energía.
El coraje no es no tener miedo, es la conquista del miedo tóxico.
El coraje necesita de la fuerza de la voluntad, es decir de la determinación para algo. Del estar dispuesto.
El coraje es el ánimo con el que perseguimos algo a pesar de los impedimentos, de los obstáculos.
El coraje es la fuerza al servicio de los sueños. Es la energía que necesitamos para despertarlos.

La palabra coraje etimologicamente deriva del latín. De “cor”, corazón y de “kardià” , hacia adelante.
Poner tu corazón en lo que haces para así seguir hacia adelante.
¡Genial definición! Ella, por sí sola lo explica todo. No necesita más.

"Coraje es curar las cicatrices y olvidarse del ayer. 
Es vivir con preguntas. Con la duda del saber”

Así nos lo dejaba cantado Antonio Flores en su canción Coraje de vivir.

El coraje nos dispone a vivir peligrosamente feliz.
A investigar. A ser curiosos. A buscar los motivos que nos hacen movernos dentro de uno mismo.
A estar predispuestos. A lanzarnos. A avanzar. A no necesitar siempre la aprobación.
En definitiva, a vivir.

El coraje no viaja sólo. Necesita apoyarse en algunos amigos para hacerse más fuerte,
para ponerse en primera fila.

En mi opinión, los amigos de viaje más importantes son:

LA PERSEVERANCIA

No abandonar. Persistir.
Mantener esfuerzo en el tiempo para así conseguir lo soñado.
La dedicación con firmeza. La defensa mantenida de una actitud pro-activa.
La búsqueda constante de nuevos caminos, de nuevas formas.
Y, sobre todo, la constancia en la realización, en el hacer cotidiano.


LA RESILIENCIA

Capacidad para sacar partido de una adversidad. Para superarla.
La paradoja más creativa: aprovechar la incertidumbre para ser más fuerte.
Saltar los obstáculos.
Fijar la mirada en la meta y no en la barrera.
Comprender que los obstáculos son hitos de los que aprender.
No visionar ni sentir un error como una molestia, sino como algo pasajero.
Requiere de flexibilidad y apertura.
De saber compensar lo roto con lo nuevo que se está creando.


LA AMBICIÓN

Nace del deseo.
De la idea humana de conseguir logros.
Ambición no es poder en sentido sustantivado, sino poder en sentido verbal.
Es decir, es poder desde ¡podemos!
No referido al poder que da una tarjeta, bien sea de puesto profesional o de crédito.
La ambición no garantiza el éxito, pero sí te pone en el camino.
La ambición te hace que te arriesgues.
El deseo, en forma de ambición, ha sido el motor del desarrollo humano. De la evolución.
Y de la R-evolución.
La ambición te conduce al cambio. Te orienta al futuro. Crea porque te hace hacer las cosas de una forma distinta.


EL COMPROMISO

Hay muchas definiciones de compromiso.
A mi me gusta definirlo con un casi sinónimo: es estar implicado.
Estar comprometido es estar dispuesto a perder algo.
Es voluntario. Genera vinculación.
Se enriquece del entusiasmo. Del amor por lo que deseamos.
Y de la visión hacia donde dirigirnos.
El compromiso entendido como una obligación de cumplimiento con uno mismo.
Vive bajo el paraguas de la responsabilidad.


LA ALEGRÍA

Para poder así perseguir los sueños con la capacidad necesaria de interpretar la realidad de una forma inteligente.
No se trata de vivir desde el optimismo estúpido, mentalmente engañoso.
Ni de asignarle una plusvalía al pesimismo derrotador.
Se trata de cambiar los  “porque no” por los   “¿ por qué no ?”.
Es vivir la vida con una sonrisa.
Es abandonar la cara de pato injusta. No hay razones para vivir así. Hace la vida insulsa.
Es no vivir como un zombie, sin sangre.
Es abandonar el espíritu de vampiro tóxico y chupasangres.
La palabra alegría vienen del latín alicer, que significa estar vivo.
Es decir vivir la vida con ánimo.


Quizás me falten algunos otros elementos necesarios para vivir con C O R A J E.
Quizás se me hayan olvidado.
Añádelos tú. Serán bien recibidos.

Afronta el futuro con coraje.
Coraje para no paralizarte por las críticas, ni por los sabotajes.
Vengan de donde vengan. Sean su origen en otros, o provengan de tu propio diálogo interior.
Coraje para llegar donde deseas.
Coraje para vivir...

sin añoranzas del pasado, 
sin complacencia del presente,
sin miedo al futuro