domingo, 25 de mayo de 2014

¿Sabes el valor que tiene una nube gris?



Cuanto valor tiene una nube gris...

Las nubes grises también forman parte del cielo, dice un dicho popular.
Las nubes grises también forman parte del paisaje de la vida.
Aprender a abrazarlas es importante.
Muchos vendedores de falsa realidad nos confunden, al intentar vendernos un paraíso sin nubes.
Las nubes grises son, como las blancas, necesarias.
Al menos tan necesarias en el paisaje cotidiano como el cielo azul, luminoso y limpio.
Esta es mi opinión...

Esta semana he podido asistir a varios eventos, invitado como conferenciante,
para hablar de incertidumbre, de ilusión, de creatividad, de actitud positiva.
Me encantan participar en este tipo de eventos.
Me encanta mi profesión.
Me encanta reflexionar y compartir mis reflexiones, sobre este tipo de temas.
Pero me aburren soberanamente los farsantes. Oírles ya me da grima.
Me refiero a esos que intentan hacernos creer que la ilusión, o la visión positiva de la realidad,
consiste en vivir sin nubes grises.
Esos que pretenden, vía powerpoint y micrófonos inalámbricos,
engañarnos pintando sólo paisajes de color la realidad cotidiana.

Adoro el rojo. Es mi color favorito. Pero también sé que no podemos vivir sin el gris.
El gris forma parte de la paleta de colores. Es tan necesario como el azul.
La alegría es vital. La tristeza también.
La soledad nos acompaña a veces con su energía reparadora.
Y por el contrario, a veces, el gentío nos molesta.
La rabia es necesaria, a veces.
¿Y el amor? Siempre.
El miedo es útil, biológico. Huir de él es un equivoco.
Y no debe ser confundido con el temor. Su cara negra.
El negro también es necesario. Al menos conocerlo. Sentir que también en algunos momentos aparecerá.
El temor, debe ser gestionado, con coraje. Salir del temor sí es una necesidad, para avanzar, para seguir.

Todo el panel de emociones son necesarias. De todas se aprende. Con todas se vive.
Unas no existirían sin las otras.
Unas se encuentran con otras en la dicha del vivir cotidiano.
Son emociones encontradas.

Esta semana también he vivido una nueva experiencia,
gracias a mis amigos de la Fundación Theodora,
los Doctores Sonrisa.

Viví una tarde compartiendo ideas en el hospital de La Paz, con la Doctora Sonrisa Cariburí 
acompañados del conocido periodista radiofónico y televisivo Toni Garrido,
y con el Doctor Sonrisa Picatoste acompañados de la actriz Toni Acosta.
Acababan de visitar juntos habitaciones de niños ingresados en el hospital.
Traían la cara llena de amor y satisfacción por su labor.
Y traían el dolor de la enfermedad, de la desesperación de los padres, de la angustia y la incertidumbre.
Ambos tipos de colores, los luminosos y los oscuros, convivían en el paisaje esa tarde.
Ambos tipos de emociones se daban la mano. Se encontraban.
Cuantos aprendizajes para una sola tarde.

Ahora no os puedo contar más de esta experiencia y del proyecto que esconde detrás.
Muy pronto sí.
Famosos cantantes, actores, médicos, periodistas, restauradores, deportistas, ...
pasarán por la experiencia de acompañar en algunas de sus visitas a Doctores Sonrisa,
en las habitaciones de un hospital. Y de ahí saldrá un gran proyecto para después de este próximo verano.
Ya os iremos contando...
Cuanto podemos aprender de los Doctores Sonrisa. Que grandes. Que talentosos.



Me afano, esta semana también, en leer el último libro, póstumo, de José Luis Sampedro,
Sala de espera.
Nos cuenta el descubrimiento que tuvo casi al final de su vida.
El entender que la barbarie es tan necesaria como la creación.
Que la creación no es posible sin la destrucción previa.
Ya lo sabíamos.
Esa destrucción la necesita el pensamiento crítico, para poder ser verdaderamente crítico,
pensamiento del que tanto nos habla Sampedro en sus libros y entrevistas.
Y también destrucción que necesita el pensamiento creativo.
Crear sin romper con lo viejo es muy difícil. Avanzar nos lleva a borrar lo que ya no vale.
Para construir tenemos que romper lo viejo y darnos un tiempo para retirar los escombros.

Como dice en su libro Sampedro:


“Cómo no percibí antes que la vida, 
como su propio dios Shiva, 
nunca retrocede, 
sino que crea destruyendo, 
y destruye creando"

La luz, necesita de la oscuridad.
El sol re-aparece tras la noche. Y la luna tras el día. Ambos nos traen luz.
La tormenta trae rayos. Y también arco iris. Y también agua, tan necesaria para la vida.
Las emociones se encuentran para hacernos comprender la vida en toda su inmensidad.

No reniego de la tristeza.
No reniego de la rabia.
No reniego del miedo.
Están para que sepamos el valor de la alegría, la luz de la risa, el valor del amor.

Me niego a escuchar a tanto farsante, charlatán de estupideces, hablando de la vida en color rosa.
Sin ayudarnos a comprender que el rosa convive con el gris.
Sin enseñarnos cómo salir o como aceptar cuando estamos bajo el ambiente del gris.
Falto de ideas. Falto de energía.
Y sin hacernos entender el significado real del gris como catapulta al azul.
Sin ayudarnos a aceptarlo para desde ahí avanzar.
Ya sabéis que no hablo de resignación.
Ya sabéis que vivo ilusionado.
Que creo en el entusiasmo como energía vital. Que defiendo la pasión. Que elijo amor.
Ya sabéis que hablo desde el "sí “.
Desde el ...,
¿qué puedo hacer?





domingo, 11 de mayo de 2014

Una lección de H U M I L D A D




La humildad es sinónimo de grandeza 

Vengo de viaje.
He pasado una semana en México DF y en San Luis Potosí.
Un viaje a partes iguales de turismo y de trabajo. En ambos casos de placer.
Invitado para participar en la Decíma Semana LAG (=Licenciatura en Administración y Gestión)
de la Universidad Politécnica de San Luis Potosí.

Uno siempre aprende cuando viaja con una mochila abierta.
Con una mente despejada de durezas, sencilla, afable a lo que está por llegar.
Aprende si se siente aprendiz en todo, con todo, con todos.
Prende si se permite descubrir cosas nuevas cuando ya las creía saber. Si su mente es inquieta.
Aprende si explora, como si de una aventura se tratase, en cada paisaje cotidiano al que se enfrenta.
Y uno aprende si la humildad es su postura existencial ante la vida.

Fui a San Luis Potosí a dar una conferencia a unos alumnos universitarios.
Y me sorprendieron. Como pocas veces.
Por décimo año, los del octavo semestre, organizaban la Décima Semana LAG.

Me habían invitado a ilusionarles.
A dar una charla sobre los pilares en los que se sustenta la pasión por el oficio, por la vida,
por el equipo, por los sueños, ... A como despertar todo ello.

Pero cómo yo iba a darles a ellos una lección sobre ilusión
si nada más entrar en el recinto, el gimnasio de la universidad me encontré
con más de trescientas personas bailando, gritando de alegría, riendo, mostrando gozo y júbilo,
disfrutando con lo que allí pasaba.
Un ambiente a rebosar de pasión, de vida, de juventud, ...

Todos los participantes estaban con cada gesto, con cada comentario, dando muestras de pasión.
También con la sencilla e hiper-efeciaz organización, con cada intervención, con cada baile,
con cada experiencia, con su capacidad para perseverar, con su talento,
y con su talento cuestionado, al servicio de la mejora continua, actualizándolo.
Llenos de diversión, de conexión con lo que allí estaba pasando,
de actitud positiva ante las adversidades que se producían durante la misma organización del evento, ...

Llegó la hora de salir al escenario y lo único que se me ocurría decirles era  G R A C I A S
Quería transmitirles mi gratitud por lo que yo estaba allí aprendiendo de ellos ese día.
Invitarles a que fueran ellos los que dieran conferencias por muchas de las universidades de este planeta
donde lo que más falta es eso, ... I L U S I Ó N

Hice mi ponencia. Fue divertido. Vi como sus caras se iluminaban.
Les sentía muy cerca, a pesar del gran foco que me deslumbraba.
Les sentí como si todos ellos, más de trescientos alumnos, estuvieran en el escenario
formando parte activa de la charla.
Sentí como sonreían sus ojos. Como de sus labios salían palabras agradecidas.

Y en ese momento comprendí, como hacía tiempo que no me pasaba,
el significado en su estado más puro de la

h u m i l d a d

Palabra que viene del latín y que, en su origen, tenía dos significados:
lo que va por debajo y cultivo.
Ambos significados me gustan.
De ambos podemos aprender.
No perder de vista lo que va por debajo. Y cultivarse continuamente.
Identificar y crecer.

Aceptar nuestras habilidades, nuestros talentos, sin vanagloriarnos.
Aceptar también nuestros defectos y desde ahí seguir aprendiendo.
Desde ahí, explorar nuevos horizontes. Avanzar.
Desde ahí fabricar nuevos sueños. Y ayudarles a despertar con nuestras acciones.
Desde ahí, sorprendernos por todo. Revisar los paradigmas más afincados en nuestro ser.
Desde ahí huir de la soberbia. Del orgullo mal intencionado. Del ego rebosante.
Desde ahí no permitirnos no actuar pretencieramente, ni ser mal interesados.
Desde ahí cambiar el egoísmo del ego por el altruismo del yo positivo.
Desde ahí comprender de verdad el verbo compartir. Y colaborar. Y dar.
Y desde ahí, también aprender a solicitar lo que uno mismo necesita.

Las personas que carecen de humildad se impiden a sí mismas la posibilidad de progreso.

Dicen que la humildad es la reina de todas las virtudes.
Les creo. Lo comparto. Es, quizás,  la virtud más noble.
Porque la humildad no es un concepto.
Es un modo de vida.
Es un modo de ser.
Es un modo de relacionarte.

La humildad es un signo de fortaleza. No de debilidad.
La soberbia es un signo de debilidad. No de fortaleza.
La humildad nos ayuda a mostrar la vulnerabilidad y así poder mejorar. Y así ser más fuertes.
Porque nos ayuda a liberarnos de las imperfecciones y de las impurezas de nuestra mente.
La humildad nos genera adherencia a la tolerancia. A la diversidad.
La humildad nos refuerza la paciencia y la esperanza.
La humildad nos concede tranquilidad y armonía.
La humildad nos ayuda a ser compasivos, a perdonar de verdad, a mostrar gratitud.
La humildad nos ayuda a apreciar todo aquello de lo que disponemos, sea material o espiritual.
La humildad nos ayuda a ser consciente para vivir la vida sabiendo que todo es un regalo.
La humildad nos ayuda a desistir de querer tener siempre razón, y a mantener la mente en continua escucha.

Dice un viejo proverbio que el secreto de todo conocimiento, sabiduría y poder es la humildad.
Y también otro que debemos procurar ser tan grandes como para que todos quisieran alcanzarnos y,
a la vez, ser tan humildes como para que todos quisieran estar con nosotros.
Gandhi nos enseñó que ponernos al servicio de otros sin humildad es egoísmo.
Así sólo enalteces al propio ego.

Me sentí bien con los alumnos de la universidad de San Luis Potosí.
Aprendí y revisé esta gran virtud.
Y comprendí, ahora viviéndolo en primera persona, como ya antes había leído que

SER HUMILDE 
NO ES PENSAR MENOS 
DE TI MISMO
SINO PENSAR MENOS 
EN TI MISMO



... Una gran lección de H U M I L D A D



lunes, 5 de mayo de 2014

LOS HÉROES ANÓNIMOS





El pasado jueves fue el día 1 de Mayo, festivo en prácticamente todo el mundo.
Yo aproveché la mañana para leer el último libro de Juan José MillásLa Mujer Loca.
Una novela altamente recomendable.
Millás, a través del personaje de Julia, una pescadera enamorada de un filólogo que trabaja
en el mismo supermercado en el que ella trabaja, nos hace sentir, con su característico estilo literario,
el valor y significado del lenguaje en relación a  la capacidad perceptiva de la realidad.
Una novela donde, según expresa su propia contraportada, es el lector el que debe decidir lo que es verdadero y lo que es falso.
Una novela que nos cuenta también la historia de Emerita, una enferma terminal que solicita
voluntariamente la eutanasia para poder salir de su situación de sufrimiento. Y de su marido, Serafín.
Una novela, en fin,  que nos habla de historias cotidianas, anónimas, pero muy cercanas 
a una realidad a la que todos tenemos acceso. 
Una novela con mucho humor, provocadora, con diálogos excepcionales.
Y en la que aparecen héroes anónimos, como Carlos Lobón, miembro del MDM, Derecho a Morir Dignamente.
Así empezaba mi día festivo...

Al medio día, mientras almorzaba veía la televisión, emitían un programa lleno de “corazón”, 
...o así lo llaman. 
A mi me parecía mas bien abarrotado de basura para nada informativa, 
abusando de historias sin sentido ni importancia.
Nos contaban cosas de una fauna reconocida socialmente como “famosos”.
Un programa, al parecer de emisión diaria, donde se muestra, como si de la visita a un zoo se tratase, 
a diferentes especímenes de animales que cambian las jaulas del zoo por alfombras rojas y fotocols
Especímenes a los que se les augura un tiempo cortísimo de fama, 
dentro de muy poco dejarán de interesar y entraran en estado de extinción dejando paso a otros
que les sustituirán con la misma intensidad famosil que ahora estos tienen.

Al terminar ese programa pastoso, insufrible,
que en poco tiempo había hecho que me olvidase de que la tele estaba encendida, empezó el telediario.

En este telediario contaban esta noticia:

En el hospital La Paz de Madrid, un equipo médico, había realizado el segundo transplante 
múltiple de todos los órganos del aparato digestivo a una niña.
Una niña que estaba condenada desde su nacimiento a morir en poco tiempo, pero que gracias a que
le habían transplantado el páncreas, hígado, estómago, intestino grueso, intestino delgado, etc… 
se había salvado y viviría una vida como cualquier otra persona.
¡Increíble!
Y, añadía la noticia, que hacía 11 años, otro niño, había recibido un transplante igual 
y se encontraba muy bien, hacía una vida normal.
El telediario nos mostraba también un pequeño reportaje del niño y de sus familiares, todos muy felices.
Era una noticia llena de sonrisas y caras de alegría.

Perdonar que no os pueda decir el nombre del cuadro médico que llevó a cabo estas operaciones.
Lo desconozco.

En ese momento, mientras escuchaba el telediario, 
me acorde de los “famosos” que habían aparecido en la misma pantalla de mi televisión unos minutos antes.
Todos ellos llenos de historias vacías.

Me pregunté:
“¿Quién conoce a los especialistas que han hecho posible el “milagro” de que estos niños transplantados sigan jugando con sus amigos, disfrutando de sus familias, sonriendo, viviendo, …
¿Por qué estos héroes anónimos no son reconocidos socialmente, 
ni aparecen en ningún programa de televisión especial para ellos, 
ni se les pone alfombra roja al salir del hospital, ni ningún medio de comunicación les sigue, 
ni se les hace la “ola” por la calle, ni se les pide autógrafos,  ni …?
Por no ser nombrados ni lo fueron en el telediario.

Quizás las respuestas a mis preguntas son bien sencillas: 
es que no es lo importante; ni para ellos, ni para su aportación de valor social.
Estos son los verdaderos héroes. Anónimos. 
Estos habitan las calles de nuestras ciudades y pueblos, viajan en el metro sentados a nuestro lado,
compran el periódico en el mismo kiosco que nosotros, ...

Estimo a los héroes cotidianos.
Me encanta encontrar personas desconocidas y anónimas que adoran su trabajo 
y lo llevan a cabo con el máximo interés, con sentido de servicio por los demás, cuidadosamente, 
intentando superarse siempre, mejorando y aprendiendo algo nuevo cada día, 
buscando nuevos retos, auto-motivados, 
esos que convierten lo cotidiano en algo único para que a los demás nos parezca extraordinario.

Personas como estos doctores que consiguieron el transplante de los niños del telediario,
o como los ingenieros expertos en tecnología que nos permiten comunicarnos como nunca antes se 
pudo en la historia de la humanidad, 
o como la pescadera experta en preparar un buen pescado en la pescadería del súper de la novela de Millás,  
o como el taxista que limpia cada día su taxi con esmero para atender de la mejor forma posible a sus pasajeros, 
o como el cocinero que consigue hacer que platos iguales de una carta 
sean distintos para cada comensal que se sienta en la mesa de su restaurante,  
o como la recepcionista del hotel que te recibe no con la mejor de sus sonrisas,
sino con una sonrisa auténtica, 
o como el actor de teatro que al salir a escena olvida su vida y se mete de lleno en el personaje 
para contarnos una historia,
o como el maestro que entiende la pedagogía como un acto de amor y de provocación
defendiendo el pensamiento crítico,
o como el músico que decidió dedicar su vida a dar clase con su piano 
en esa escuela de una pequeña ciudad, y que ha conseguido que los niños aprendan el valor del silencio.

O como las madres, que en este mes celebran su festividad,
entregándose responsablemente al cien por cien por sus hijos,
traspasando su propio yo, anulando su ego si es necesario por estar siempre al servicio de la familia.

Amigo lector, añade, añade, añade a todas estas historias otras que tú consideres…
¡Enriquécelo!

Todas estas historias cotidianas que nos rodean, … y en las que de normal no ponemos mucha atención, 
son las que conforman nuestra vida, son las responsables del verdadero progreso humano, 
las encargadas de que las cosas sucedan.
Son las verdaderas historias de carne y hueso, nacidas de personas normales que viven de forma normal,
y que luchan por hacer del mundo un lugar en el que

VIVIR MEJOR