"La naturaleza no hace nada en vano”
-Aristóteles-



Este post, es tan sólo una nota de agradecimiento.
Al leerlo, espero que encuentres entre sus líneas el por qué...

Este fin de semana fui invitado al Encuentro Nacional de Familias con personas
que alguno de sus miembros tienen síndrome de Down.
Se celebraba en Valencia, en la Ciudad de las Artes y las Ciencias.
Asistieron más de 500 personas.
Mi participación consistía en abrir el evento, con una conferencia plenaria,
en la que debía hablar, según el briefing recibido por los organizadores,
de la importancia de aprender a vivir y enfrentarse, con actitud positiva, ante cualquier adversidad.

Cuando me puse a preparar ls ponencia no sabía qué contar.
Nada me venía a la cabeza. Me sentía como vacío de ideas.
No sabía qué me pasaba... Hacía tiempo que no tenía esa sensación.
Mi mente estaba como navegando en un entorno de niebla espesa.
El rotulador negro Sharpe permanecía largo rato sin moverse sobre la gran libreta de diseño,
la que utilizo para preparar mis ponencias y cursos.
No conseguía dibujar ni escribía nada.
Llevaba mirando la hoja en blanco ya mas de una hora.
Las musas estaban apagadas. Esa tarde no me querían visitar.
Lo que parecía claro, según yo me sentía a mi mismo, es que no se trataba de cansancio.
Y sabía que tampoco era hastío, ni falta de interés.

No era capaz de saber por donde empezar.
¿Qué decir para hablar de adversidades, y de cómo enfrentarnos a ellas,
a un gran número de familias que no conoces y que sientes que,
por el hecho de tener a un síndrome de Down entre ellos, no viven bajo la adversidad?

Podría hablar de adversidades como en otras ponencias pasadas mías, me decía yo ...
Pero no, aún así, no me salía nada. Nada que me inspirase.
En ese momento, mientras escuchaba el piano de Lang Lang con la Filarmónica de Berlín,
dirigido por Rattle e inspirado por el último libro que había leído de Simon Sinek,
"los líderes comen al final”, me di cuenta que  EDSO 
era mi llave perfecta para abrir mi ponencia.
Ya, en muchas otras ocasiones, mucho antes de leer a Sinek,
solía terminar mis charlas hablando de estas cuatro letras y de su significado.

El ser humano vive bajo una gran paradoja:
la de ser una unidad a la vez que un ser social.
La vida del “YO” y del  “NOSOTROS” al unísono.
El individuo que es un ser único a la vez que forma parte de un grupo que le hace sentirse igual,
con características comunes.
Las personas con síndrome de Down forman parte de una gran familia,
a la vez que cada una de ellas es única.
Como tú. Como yo.
Lo que nos une y lo que nos diferencia.
Todos y cada uno a la vez. Yo soy uno y, a su vez, soy uno de muchos siempre.
Con síndrome de Down o sin él.
Con síndrome autista o sin él.
Con inteligencia de gran capacidad o sin ella.
En todos los casos, siempre somos uno y formamos parte de un grupo.

Quise empezar mi ponencia con una pequeña clase de biología.
Con EDSO. Cuatro letras que unidas entre sí no significan nada.
Se trata de las cuatro iniciales de cuatro hormonas.
Dos de ellas, ED, hormonas que nos ayudan a ser seres en defensa del individuo,
de lo personal.
Se trata de la E, de endorfinas.
Un conjunto de hormonas responsables de la euforia.
Las hormonas responsables del subidón cuando hacemos algo que nos gusta.
Necesarias para competir. Para ganar.
Hormonas de la euforia. Analgésicos naturales que nos ayudan ante el dolor natural
provocado por el esfuerzo físico y mental, que nos potencian la resistencia física.
Y la D, de Dopamina.
La hormona del progreso. La que nos ayuda a querer ser cada vez mejor en algo.
A perseguir la meta. Y a marcarnos una nueva.
La que nos produce excitación cuando hemos conseguido algo que deseábamos.
La que nos da placer cuando tenemos sensación de éxito.
Y cuando cumplimos con una tarea asignada.


Por otra parte estaban las otras dos, SO.

La S de Serotonina.
La hormona del bienestar.
La responsable de sentirnos orgullosos de pertenecer a algo. De llevar la camiseta.
De formar parte de un equipo. De la recompensa del éxito cooperativo.
De hacernos sentir parte de una familia.
De defender lo que nos iguala.

Y la O, de oxitocina.
La hormona del amor. Y de la amistad.
La que nos produce vínculos sociales sólidos. La que nos ayuda a saber en quién confiar.
La responsable de hacernos ser unos seres sociales.

Cuatro hormonas que nos igualan a todos los seres humanos,
...con o sin Síndrome de Down.

Todas juntas, desde la biología, participan en la generación de una
de las grandes paradojas de la vida humana,
la que nos hace seres individuales y grupales al mismo tiempo.
Como las familias con personas que tienen Síndrome de Down,
sienten que cada individuo es único, cada familia única y, a la vez, todas una.



Les hablé de lo que consideré más importante para ese día:
de la igualdad entre personas 

de la diferencia entre las personas.
De lo que nos une y de lo que nos separa.



Y, ... ya de paso, también les hablé de adversidades, de talento, de ilusión, de...

Lo mejor, y como en tantas otras ocasiones anteriores,
una vez más comprobé que las lecciones no se dan, ...

SE TOMAN !!!


Gracias a Sergio y Fabian por su invitación a participar en este encuentro.
Gracias a todos los asistentes.
Gracias por regalarme algunas GRANDES LECCIONES.