domingo, 26 de marzo de 2017

LA MENTE ERRANTE




Hay un gran negocio entorno a la felicidad. No me interesa.
Hay un numeroso grupo de autores que viven de predicar sobre ello.
Una auténtica ametralladora de charlas sobre el tema.
Les respeto, hacen una labor social quizás importante para cierto grupo de personas.
Aún así, a mi no me interesa.
Hay muchos libros baratijas que, como si de manuales de cocina se tratase, están llenos de recetas
que pretenden hacernos más felices. Seguro que algunas funcionan. Son válidas. Ayudan.
Aún así, a mi no me interesan.

Me interesa la FELICIDAD  en su aspecto más purista.
En mi opinión esta felicidad a la que me refiero no necesita recetas, ni predicamentos.
Es más sencillo de entender de lo que parece.
Aunque comprendo la dificultad de llevarlo a cabo. De ponerlo en marcha.

Yo me refiero a la capacidad humana de aceptar lo que uno es, uno tiene, uno hace, uno ...
Es decir, soy un convencido de que la auténtica felicidad consiste en experimentar
una nueva percepción de la vida, de la existencia en la que uno
está contento aceptando lo que es.
La que consiste en aprender a dirigir la mirada en aquello que somos
y en aquello que nos rodea.
Quizás consista en gestionar adecuadamente las expectativas con las que vivimos lo cotidiano.
Adecuar esas expectativas a la realidad posible.
Con ambición, pero dentro de los límites que cada uno tenemos, siendo conscientes de ellos.
Luchando para alcanzarlos porque así la vida nos dispondrá de nuevos límites, de nuevos sueños.

Soñar es fantástico para ser feliz.
Y también para vivir frustrados si no lo controlamos,  si no nos auto-gestionamos adecuadamente.

Dice el diccionario de la RAE que felicidad es:

Un estado de ánimo de la persona que se siente plenamente satisfecha por gozar de lo que desea
o por disfrutar de algo bueno.
Y si lo que deseamos, o lo que creamos que es bueno, ya está en nosotros. Ya vive aquí.
Mi querido y admirado Mario Alonso Puig lo dice así:
"Consistiría en aprender a mirar el universo en un grano de arena. O el paraíso en una flor,..."

Quizás la felicidad consiste en aprender a ver la eternidad en cualquier instante.
En comprender que la vida son momentos. Sólo eso, momentos. Instantes.
Y que, al dejarlos pasar sin vivirlos, tocamos la infelicidad.

El psicólogo de la Universidad de Harvard, Dan Gilbert, dice conocer la receta de la felicidad.
Nos lo cuenta bajo el mismo criterio que aquí defiendo.
Nos recuerda para explicar este concepto la historia de Moreese Bickham,
un ciudadano negro de Luisiana (EEUU) que en 1958 mató a dos policías
vinculados al ku klux klan  en defensa propia, cuando intentaban quemarle en el porche de su casa.
A pesar de ser en defensa propia, Moreese fue condenado a muerte por los jueces racistas
de aquel momento. Pasó más de 37 años en la carcel, 14 de ellos en el corredor de la muerte.
Encerrado 23 horas al día en total aislamiento. Hasta que por la presiones de la sociedad civil
fue puesto en libertad en 1996.
Al salir dijo sobre su tiempo en la cárcel:
"No lamento ni un minuto. Fue una experiencia gloriosa"

¿Quiere decir esta historia, basada en un hecho totalmente real, que Moreese quiso estar en la cárcel?
No! Claramente no.
Pero supo aceptar lo que no podía cambiar.
No aceptarlo hubiera supuesto seguir estando en la cárcel una vez en libertad.
Aceptar, sin resignación, y ser capaz de superar lo antiguo
quizás sea el mejor síntoma de saber vivir feliz.

En un estudio de Science leo que la mayoría de las personas pasan el mismo tiempo pensando
en aquello que les está ocurriendo, en aquello que están viviendo, o que está delante de sus narices,
que en aquello que no les ocurre, tan sólo lo desean. Es la llamada, según Dan Gilbert,
"la mente errante".
Es necesario el deseo. Es lo que mueve la mente humana. Nos hace evolucionar.
Nos genera una insatisfacción necesaria, inspiracional. Nos permite crecer. Desarrollarnos.
Pero, fuera de su estado natural, a su vez, es lo que nos hace más infelices.

Intentar ser mas feliz quizás no tenga secretos.
Es como bajar de peso: si comes menos y haces deporte, bajarás de peso.

Si pasas más tiempo con la gente que amas, con los amigos, serás más feliz.
Si sabes sacar un buen partido a cada momento. Sea el que sea. Pase lo que pase, serás más feliz.
Si aceptas el presente sin perder la mirada del deseo futuro,
pero conociendo los límites y gestionando las expectativas, serás más feliz.
Si ríes más, serás más feliz.
Si cuidas tu salud física y haces ejercicio, serás más feliz.
Si compartes un abrazo con esa persona que tanto lo deseas, serás más feliz.
Si practicas el amor, haciéndolo y viviéndolo, serás más feliz.
Si apagas la mente errante, preocupada de futuro y atrapada por exceso de pasado,
serás más feliz.
Si eres valiente para cambiar, ...y para cambiar lo que ya no deseas, serás más feliz.
Y si

DISFRUTAS
DE LO COTIDIANO


serás más FELIZ.






domingo, 12 de marzo de 2017

KINTSUGI, el arte de reparar


La cicatriz también forma parte de la historia

Kintsugi es un término japonés 
cuyo significado podríamos traducir como el arte de reparar,
también se le ha llamado la carpintería de oro.
Es un arte que se remonta al siglo XV; y consiste en arreglar las fracturas de los objetos 
que con el tiempo o por accidente se rompen o sufren desperfectos.

En Japón, los objetos rotos no se desechan. No se tiran. No se abandonan. 
Es frecuente que un objeto roto y reparado con el "pegamento de oro" del Kintsugi adquiera
más valor si cabe que uno nuevo.

El Kintsugi nos ayuda a entender que las cicatrices también forman parte de la historia,
que son la historia en sí misma. Que no hay vida que haya sido vivida sin cicatrices.
Y no se ocultan. Se reparan. Son motivo de orgullo.
Dicen que los objetos se vuelven más hermosos cuando se reconocen y se reparan sus roturas,
sus heridas, manteniendo la cicatriz a la vista.

Al reparar el objeto, éste adquiere un nuevo significado. Aumenta su valor.
Pertenece a la filosofía del Wabi-Sabi ,que consiste en hallar la belleza de los objetos rotos, 
en lo que aparentemente está deteriorado.

Qué aprendizaje tan grande para nuestra vida, llena de cicatrices, 
unas reparadas otras pendientes de reparación...
A las que tenemos que aprender a admirar, comprendiendo su belleza.
Cicatrices que forman parte de nuestra historia. Son nuestra historia.
Que no han surgido así para desprendernos de ellas, para abandonarlas, 
como objetos rotos o deteriorados, 
sino para ser arregladas con oro, para convertirnos a nosotros en carpinteros de oro, 
y hacer que la vida todavía adquiera más valor.

A veces las personas nos rompemos por dentro.
Y requerimos de arreglos. 
Necesitaremos un poco de masilla de oro 
y la maestría del carpintero para practicar el Kintsugi,

...y restaurarnos