jueves, 22 de febrero de 2018

ON/OFF...LAS DOS PUERTAS



Imagina la vida como un camino lleno de puertas.
Unas se abren, otras se cierran.
Unas veces tu las abres o cierras,
mientras que en otras ocasiones
que tú puedes hacer nada, son ellas las que se abren o se cierran.
Con unas decides, con otras no.  
O de ti dependen o de ti no dependen.

Con las segundas, las que de ti no dependen, no gastes energía. 
Transítalas bajo el signo de la aceptación. 
Gestiona tu actitud de una forma inteligentemente positiva con ellas.  
Acepta su realidad sin dañarte.
Y además, ...sé agradecido.

Por el contrario, otras puertas, las que tu controlas,
requerirán de ti toda tu energía. Todas tus fuerzas.
Se abrirán o cerrarán para ti bajo tu propia decisión. 
Decidir atravesarlas o no sólo dependerá de ti. 
De la intención, foco y esfuerzo que en ello pongas. 
Decidir pasar por ellas depende sólo de tu criterio.
Es en estos casos donde deberás esforzarte en elegir bien. 
Usa tu libertad de elección para avanzar en el camino a través de ellas. 
Para ello será necesario que te conozcas un poco mejor.
Son las puertas que participan en la creación de tu propio destino. 
las que te permiten llevar tu timón.

Entre todas las puertas que no tienes poder de elección 
a lo largo de tu vida hay dos muy especiales.
Aceptarlas te hace vivir una vida llena de mucho más esplendor, más brillante.
Aceptarlas y no vivir con miedo a ellas te llena de goce continuo, de alegría e ilusión. 
De magia.

Una de ellas es la puerta que te trae a la vida. 
La primera que se abre para todos nosotros. 
La que te trajo al mundo. 
Es la puerta del nacimiento.
No decidiste nacer. Ni no nacer tampoco.
Ni dónde nacer. Ni cómo nacer. Ni con qué físico. Ni con qué carga genética.

La otra puerta incontrolable para ti es la que 
corresponderá al último instante de tu vida.
No sabes cuando se abrirá. No sabes dónde. No conoces su momento.
Lo único que sí sabes es que algún día, el último de tu vida, se abrirá.
Es la puerta de la muerte.
Es la puerta del adiós para siempre.
La puerta que apaga el reloj de nuestro tiempo.

Vivir bajo el signo perpetuo del sufrimiento 
por cualquiera de estas dos puertas es perderse la vida.
Es vivir con angustia. 
Es vivir bajo el yugo del estrés. 
Bajo la desesperación que provoca la impaciencia. Es vivir con prisa.
Bajo la carpa de la desesperanza. 
Bajo el miedo al futuro. 
Bajo el síntoma continúo de “no es el momento”.

Hay un aprendizaje importante referente a estas dos puertas, 
sobre la que te da la vida y sobre la que te la quita.
Y que podemos resumir así:

La primera puerta,
la del nacimiento,
nos hace a todos DIFERENTES


La última puerta,
la de la muerte,
nos hace a todos IGUALES


Comprender bien esta gran diferencia 
y estar agradecido por ello,  
te hará entender en cada instante que...

la vida es irrepetible,
y que está para ser

¡Vivida!



miércoles, 7 de febrero de 2018

CALMA, ¿QUÉ CALMA?



El mar está en calma

¿Qué es más difícil frenar a un caballo o dejarle correr?

Nos piden de forma repetida que mantengamos la calma,
que aprendamos a ser más calmados.
Permanecer en calma para no mostrar con mucha vehemencia nuestro sentir, 
nuestra rabia, incluso nuestra alegría o nuestros deseos.
Que vivamos sin desmedidos.

Estar calmados parece ser la oferta mejor que se nos presenta para tener 
la mejor conexión con el entorno, 
acorde además con la forma de entender la espiritualidad que está más de moda.
¡Que error!
¡Que cegados!

Confundir la clama con sentir armonía y paz con lo que nos rodea, es un error.
Todos apreciamos esos momentos de tranquilidad de espíritu, 
de paz, de equilibrio con el entorno, donde parece que el mundo está en orden,
y que el tiempo tiende a detenerse.
Es un estado de paz. Pero no necesariamente de calma.

En mi modesta opinión, es muy bueno comprender la distinción,
que diría un coach, entre calma y paz.

La palabra calma es un término griego de origen marítimo.
Se refería al mar tranquilo, sin viento, apaciguado.
Pero..., por el contrario, obligaba a los marineros a permanecer inactivos,  sin trabajo,
sin faenar, sin la pesca del día, sin comida, ni recursos, es decir a estar parados.
La calma es la ausencia de movimiento.
Es vivir en estado estático.
…Y como dice Jorge Drexler en su último disco,  Salvavidas de hielo”, 
todo lo que se para, se muere.

Yo no quiero estar en calma.
Si estoy triste, quiero que se me note.
Si estoy enfadado, quiero que se me note. Mostrarlo.
Si estoy alegre, quiero que se me note. Vivirlo.
Si tengo rabia, quiero que se me note. Transmitirla.
Si tengo miedo, quiero que se sepa que tengo miedo.

La calma consigue ovejas dóciles. Rebaños uniformes.
Y no debe ser muy bueno para el hígado J

La calma reside en la antípoda de la vida.
Junto a lo que está muerto.
Cuando te mueras, estarás ya para siempre en calma.

La paz es diferente. Viene del griego, pegh,
y que en latín encontramos como pax, 
que significa, reparar, ajustar trabajar.
Todo lo contrario a estar en calma.
La paz implica esfuerzo para que las cosas se ajusten adecuadamente.

La paz me permite vivir como estoy viviendo cada momento.
Tal como es. Aceptándolo. Y, a su vez, luchando para estar mejor.
Sin calmas que lo apaguen.
Me permito vivir en el oleaje, en el viento, y así poder moverme, transitar.

La paz necesita del entusiasmo. De la energía.
La calma lo apaga.

Buda, Gandhi, Mandela, Luther King, Dalai Lama…, 
buscaban la paz, desde la paz, sin estar en calma. 
Han sido auténticos revolucionarios.
Estaban en movimiento. Y pusieron en movimiento a la humanidad.
No en calma.
Desde la paz cambiaron una realidad. Le dieron la vuelta.

La paz no es resultado de apagar lo que nos está ocurriendo.
No se trata de  vivirlo con calma. Sino de transmutar la realidad.

Por ello, si algo está enfermo, generará angustia, …y es normal.
Vivirlo en paz, aceptando la realidad, será necesario
porque desde ahí se buscaran las mejores soluciones posibles al mal. 
Ahora bien, no se confunda con vivirlo con calma,
porque desde la calma no se hará nada por cambiar el estado de la enfermedad.

La paz tiene que ver con vivir la vida con serenidad,
para que desde ese estado mental podamos aceptar lo acontecido.
Y desde ahí, poder hacer los cambios necesarios,
adaptándose a lo nuevo, provocando a la realidad conocida,
generando nuevas posibilidades.
La calma, sin embargo, tiene más que ver con vivir apagado.
Dejando las cosas como están.

La paz genera TRANSFORMACIÓN.
La calma genera CONTINUIDAD.

VIVE EN PAZ
NO EN CALMA