miércoles, 7 de febrero de 2018

CALMA, ¿QUÉ CALMA?



El mar está en calma

¿Qué es más difícil frenar a un caballo o dejarle correr?

Nos piden de forma repetida que mantengamos la calma,
que aprendamos a ser más calmados.
Permanecer en calma para no mostrar con mucha vehemencia nuestro sentir, 
nuestra rabia, incluso nuestra alegría o nuestros deseos.
Que vivamos sin desmedidos.

Estar calmados parece ser la oferta mejor que se nos presenta para tener 
la mejor conexión con el entorno, 
acorde además con la forma de entender la espiritualidad que está más de moda.
¡Que error!
¡Que cegados!

Confundir la clama con sentir armonía y paz con lo que nos rodea, es un error.
Todos apreciamos esos momentos de tranquilidad de espíritu, 
de paz, de equilibrio con el entorno, donde parece que el mundo está en orden,
y que el tiempo tiende a detenerse.
Es un estado de paz. Pero no necesariamente de calma.

En mi modesta opinión, es muy bueno comprender la distinción,
que diría un coach, entre calma y paz.

La palabra calma es un término griego de origen marítimo.
Se refería al mar tranquilo, sin viento, apaciguado.
Pero..., por el contrario, obligaba a los marineros a permanecer inactivos,  sin trabajo,
sin faenar, sin la pesca del día, sin comida, ni recursos, es decir a estar parados.
La calma es la ausencia de movimiento.
Es vivir en estado estático.
…Y como dice Jorge Drexler en su último disco,  Salvavidas de hielo”, 
todo lo que se para, se muere.

Yo no quiero estar en calma.
Si estoy triste, quiero que se me note.
Si estoy enfadado, quiero que se me note. Mostrarlo.
Si estoy alegre, quiero que se me note. Vivirlo.
Si tengo rabia, quiero que se me note. Transmitirla.
Si tengo miedo, quiero que se sepa que tengo miedo.

La calma consigue ovejas dóciles. Rebaños uniformes.
Y no debe ser muy bueno para el hígado J

La calma reside en la antípoda de la vida.
Junto a lo que está muerto.
Cuando te mueras, estarás ya para siempre en calma.

La paz es diferente. Viene del griego, pegh,
y que en latín encontramos como pax, 
que significa, reparar, ajustar trabajar.
Todo lo contrario a estar en calma.
La paz implica esfuerzo para que las cosas se ajusten adecuadamente.

La paz me permite vivir como estoy viviendo cada momento.
Tal como es. Aceptándolo. Y, a su vez, luchando para estar mejor.
Sin calmas que lo apaguen.
Me permito vivir en el oleaje, en el viento, y así poder moverme, transitar.

La paz necesita del entusiasmo. De la energía.
La calma lo apaga.

Buda, Gandhi, Mandela, Luther King, Dalai Lama…, 
buscaban la paz, desde la paz, sin estar en calma. 
Han sido auténticos revolucionarios.
Estaban en movimiento. Y pusieron en movimiento a la humanidad.
No en calma.
Desde la paz cambiaron una realidad. Le dieron la vuelta.

La paz no es resultado de apagar lo que nos está ocurriendo.
No se trata de  vivirlo con calma. Sino de transmutar la realidad.

Por ello, si algo está enfermo, generará angustia, …y es normal.
Vivirlo en paz, aceptando la realidad, será necesario
porque desde ahí se buscaran las mejores soluciones posibles al mal. 
Ahora bien, no se confunda con vivirlo con calma,
porque desde la calma no se hará nada por cambiar el estado de la enfermedad.

La paz tiene que ver con vivir la vida con serenidad,
para que desde ese estado mental podamos aceptar lo acontecido.
Y desde ahí, poder hacer los cambios necesarios,
adaptándose a lo nuevo, provocando a la realidad conocida,
generando nuevas posibilidades.
La calma, sin embargo, tiene más que ver con vivir apagado.
Dejando las cosas como están.

La paz genera TRANSFORMACIÓN.
La calma genera CONTINUIDAD.

VIVE EN PAZ
NO EN CALMA





domingo, 21 de enero de 2018

¡TE VAS A MORIR!





Era la hora del aperitivo.
Él llevaba en la bandeja una lata de mejillones, las patatas fritas, las dos cervezas.
Salía a la terraza donde ella le esperaba;
cuando sin darse cuenta tropezó y toda la lata se derramó por el suelo.
El aceite manchó la madera. Sería, ya para siempre, una mancha insalvable.
Automáticamente, como si de un trueno se tratase, estalló su cabeza.
También su boca. Empezó a blasfemar. A maldecirse...
Sus palpitaciones en ese momento superaban las 200 por minuto. 
Entró en crisis nerviosa. No parecía la misma persona.
Gritaba y gritaba. 
Había sido secuestrado por su propio sistema límbico, por sus amígdalas.

¿Tan importate era lo que había pasado?
¿Como para estropear, no sólo la madera, sino el resto del día?

Nadie te puede poner triste.
Nada te puede poner triste.
Nadie te puede poner nervioso.
Nada te puede poner nervioso.
Nadie te puede poner alegre.
Nada te puede poner alegre.
Nadie te puede poner rabioso.
Nada te puede poner rabioso.
Nadie te puede poner feliz.
Nada te puede poner feliz.
Nadie te puede enfadar.
Nada te puede enfadar.

¡Sólo tú puedes!

Ciertas personas en ciertos momentos, ciertas situaciones, te pueden hacer daño.
Pero tu debes elegir cómo enfrentarte a ese daño.

Actuamos como autómatas emocionales.
Dejamos que el entorno, u otras personas, elijan nuestro comportamiento.
Buscamos los culpables de nuestras expresiones y de nuestro sentir fuera de nosotros. 
Cuando lo bonito, porque somos humanos, cargados de razón, 
es que podría ser una elección de cada uno...

Era la hora del aperitivo.
Él llevaba en la bandeja una lata de mejillones, las patatas fritas, las dos cervezas.
Salía a la terraza donde ella le esperaba;
cuando sin darse cuenta tropezó y toda la lata se derramó por el suelo.
El aceite manchó la madera. Sería, ya para siempre, una mancha insalvable.
Automáticamente, como si de un trueno se tratase, estalló su cabeza.
Pero él la controlo. Apagó el trueno. Le quitó importancia.
Penso, uf! ...tendremos que cambiar estas tablas del suelo. 
O no..., y así tendremos un recuerdo para siempre de este fantástico día.
Como no tenían más mejillones, comieron sólo patatas. Bebieron cerveza. 

Y, comentándolo con unos amigos, unas horas más tarde, 
ellos no le entendieron. No comprendían como alguien se puede tomar algo así, tan bien.
Lo normal en esos casos es "pillar un enfado", le dijeron.
Pero él sólo sabía decir, haciendo una mueca con sus labios, 
y con una leve sonrisa:


Recuerda...
TE VAS A  MORIR




domingo, 14 de enero de 2018

¿QUÉ QUIERO?

¿Qué quiero?
Un “buenos días”
al abrir los ojos,
un beso de mañana
con sabor a madrugada,
degustar, sin prisas,
el primer café.
¿Qué quiero?
Compartir unas risas.
Un paseo al mismo paso.
Esa caricia...,
ya sabes cómo,
que turba la mirada.
¿Qué quiero?
Un té a media tarde,
y la copa de vino al anochecer.
Una ducha caliente.
Un pie que calentar
en una cama compartida.


¿Qué quiero?
Descansar
mientras miro otros ojos.
Leer, y leer más,
y no dejar de leer.
Aprender de todo.
¿Qué quiero?
Manta, chimenea, peli.
El olor a pan recién hecho.
La lágrima natural.
El tacto de la lana.
Los colores vivos.
¿Qué quiero?
Una salida de emergencia
por la que escapar
cuando se necesita...
Un perdón que pedir.
Recuerdos para siempre.
De siempre.
Apegos elegidos.
La sonrisa que me acompaña.
Sólo el miedo necesario.
No tomarme muy en serio.
¿Qué quiero?
Lo que soy.
Lo que tengo.
Lo que hago.
Lo que vivo.
Incluso lo que he perdido.
Mi vida, ...tal cual. Cotidiana.

miércoles, 3 de enero de 2018

ELOGIO AL EGOISMO. UNA NUEVA REVISIÓN



Si eres infeliz no podrás hacer a los demás felices. 
Contaminarás sus vidas con desdichas.
Si vives en la oscuridad, no podrás ayudar a otros a ver la luz. 
Ensombrecerás a los que te acompañen.
Si apestas emocionalmente, no podrás compartir alegrías y esperanza.


Si estás enfadado, compartes enfado.
Si eres ambicioso, compartes ambición.
Si eres rico en ideas, compartes ideas.
Si eres amoroso, compartes amor y amistad.

Este es el principio fundamental del egoísmo positivo:

DAS 
LO QUE 
 ERES


Sólo puedes compartir lo que vive dentro de ti. 
Lo que tú eres. 
Lo que tu tienes.
Es básico, no se puede dar lo que no se posee.

Por lo tanto, ... ¿y si primero te AYUDAS A TI MISMO?

Sé egoísta.
Pero..., déjame explicarme:
si entiendes bien el egoísmo, 
sabrás que de él surge el altruismo.

Cuando alcanzas tu mejora interior, 
el resto es más sencillo.
Aparece la compasión, el servicio a los demás, 
la capacidad de enseñar y compartir, el verdadero amor.Si tienes interés en salvar a otros, en ayudar a los demás, en transmitir aprendizajes,
empieza por salvarte a ti mismo, en revisar tu esencia.

El día que descubrimos que "el secreto" 
de la vida no está afuera, todo cambia.
Quizás más bien está en el interior de cada uno de nosotros.
Si me permites la licencia lingüística, te diré que la vida no es extrovertida. 
Vives dentro de ti.

El día se puede ver como gris y nublado, 
mas allá de como esté su estado meteorológico.
O puede ser visto como azul y limpio.
Lo mejor, siendo el mismo día.
Tú eliges en todos los casos. 
Eliges desde tu interior. 
Desde tu ser.

¡Sé egoísta!
y por ello elige la luz, la claridad, el milagro, la alegría, la risa, el amor, …
Elegir la tristeza también es una opción.
No reniego de ella... 
La tristeza, en según que momentos, desarrolla la creatividad, 
es un buscador de soluciones, te conecta paradójicamente con un futuro positivo.

Si lo que te rodea hoy está triste por cualquier motivo, 
elegir tú estarlo o no, es cosa tuya.
Sentir su tristeza no significa que tu te pongas triste.
Sentir su tristeza significa que comprendes el estado de otro/os
o que ayudas a buscar el origen de la misma.
Pero estar triste o no, también puede ser una elección.
La decisión es tuya...

¡Sé egoísta!
...y 
ELIGE

domingo, 26 de noviembre de 2017

LUCIDEZ


Lucidez = claridad mental

Cuando la mente se libera de ataduras, llega la luz.
En ese momento, se relativiza la razón. 
Pierde importancia.
Se le quita peso a la idea por la idea.
Se disuelve la ofuscación.
Y surge la sabiduría, la inteligencia supra-consciente. 
La visión más pura.
La lucidez.

La realidad no siempre es como se muestra. 
Depende de la percepción, de los temores, de las experiencias aprendidas, 
del conocimiento, de los valores, de las propias carencias, de la imaginación, 
de las expectativas, de las creencias adquiridas, del autoengaño, ...
Desde ahí vemos y vivimos la realidad. 
La hacemos nuestra.

Cuando nos vamos liberando de todos estos condicionamientos, 
pensamos con más claridad,
decimos que decidimos con más lucidez.
Sonreímos más, somos más creativos, más abiertos al aprendizaje, 
al crecimiento, tolerantes, ...aparece la verdadera inteligencia, 
y el corazón se vuelve más lúcido.

Esta lucidez es esencial para la vida espiritual, ¿cómo no?, 
...pero, sobretodo, para la vida terrenal;
necesaria en el día a día, útil en lo corriente, 
en la vida dedicada al trabajo, a la familia, en lo cotidiano.

Esta lucidez nos aleja del odio. Nos acerca al amor.
Nos aleja del apego. Nos acerca a la interdependencia.
Nos aleja de la pena. Nos acerca a la compasión.
Nos aleja de la seguridad. Nos acerca al aprendizaje.

La lucidez mental nos permite enfrentarnos
con la calma cuando llegan esos momentos de parada necesaria; 
y también vivir en los turbulentos tiempos de tormenta
Todo es vida. Todo es por algo. Todo se necesita.

Un pensamiento lúcido nos ayuda a aceptar lo inevitable, 
lo que está fuera de nuestro control, en lo que no podemos intervenir,
con lo queda fuera de nuestra capacidad de influencia.
Y, al mismo tiempo, una mente lúcida,
nos activará para poder resolver lo resoluble;
para centrar nuestra energía en aquello en lo que sí podemos influenciar. 
En lo que sí depende de nosotros.

Una mente lúcida nos lleva a poder 

ELEGIR 
nuestras 
PRIORIDADES VITALES