domingo, 4 de noviembre de 2018

CUALQUIER TIEMPO PASADO, ¡...FUE PEOR!


"Familia y moto", una ilustración de Anna Botella


"No hay nada más responsable de la añoranza 
de los buenos tiempos pasados que una mala memoria"
David Lykken

Cualquier tiempo pasado generalmente es interpretado como mejor.
Quizás, como indica Lykken, por una falta de memoria real.

Un día, un sociólogo, andaba por un pequeño pueblo haciendo una encuesta epidemiológica
a la población. Se encontró a una señora por la calle y le preguntó:
"¿Cuál cree usted que es la tasa de mortalidad en esta zona del planeta?".
La señora, se paró a pensar un poco, ... y en unos segundos le contestó con total seguridad
y con esa cara de felicidad que a uno se le queda cuando ha encontrado la respuesta correcta: 
"una muerte por persona".

No estaba equivocada. 
Algo que, al menos en mucho tiempo, :-) ,  no cambiará.
Aunque me temo que el sociólogo seguramente lo que quería demostrar era que 
la durabilidad de la vida, la llamada esperanza de vida, y la calidad de la misma
si había cambiado con el tiempo en sentido de mejora. 
De vez en cuando es bueno recordar que tan sólo a principios del siglo pasado cerca del 70%
de los niños fallecían de una infección tipo amigdalitis o de una diarrea.
La muerte invadia los hogares con mucha presencia que hoy lo hace el cáncer, la depresión
o el Alzheimer, aunque estas nuevas enfermedades sean algunas
de nuestras principales amenazas.

A muchos se les olvida que no hace muchas décadas, con la edad de nuestros padres o abuelos, 
la educación era el privilegio de tan sólo unos pocos. 
Tendemos a pensar que nunca como ahora ha existido tanta inseguridad, pobreza, soledad, etc...
Cuando con datos en la mano, la realidad es contraria a este pensamiento.
Recomendable el libro de Johan Norberg, editado por Deusto en nuestro país, y titulado
"Progreso, 10 razones para mirar el futuro con optimismo".
El autor nos da suficientes datos, hechos, basados en la realidad, para demostrarnos que ningún
pasado fue mejor que el momento actual. Y también para prever que el futuro irá a mejor...

Todos los días nos bombardean con noticias de "lo mal que va todo".
Trump y sus aventuras desafortunadas y peligrosas, el brexit inglés, el colapso financiero
y las nuevas crisis económicas que están por llegar, el desempleo, las guerras en oriente próximo,
la desnutrición, la explotación laboral, etc...
Todas noticias verdaderas.
Y aún así hemos progresado más en los últimos 100 años que en los anteriores 100.000 años.
La pobreza, la desnutrición infantil, el analfabetización, la explotación laboral, la mortalidad infantil,
las muertes por cáncer, el sida, y un largo etc... están reduciéndose de una forma más rápida,
acelerada, exponencial, que nunca antes en toda la historia de la humanidad.
La esperanza de vida al nacer ha crecido hasta tres veces más durante el último siglo que los  anteriores 200.000 años.

No, cualquier tiempo pasado no fue mejor. 
Probablemente en nada de lo que nos acontece en nuestra vida.

Y de igual manera pasa en lo cotidiano. Sin alejarnos mucho de unas épocas en relación a otras.
Me refiero a cuando hablamos de un año en relación a otro, 
del mes pasado vs éste, o de ayer frente a hoy.
Sólo que en estos casos es más difícil de percibir; el tiempo es tan corto que no nos damos ni cuenta.
Y así, es frecuente, que el ayer nos parezca mejor que el hoy.
Aunque no sea en todos los casos, pero sí con frecuencia nos ocurre
en los momentos especiales de cambio.
Momentos en los que solemos conectar de una forma más arraigada con la incertidumbre,
con los miedos tóxicos, con la falta de atrevimiento, con la previsión negativa del futuro.
Es normal, se trata de un acto de supervivencia biológica.

Podríamos decir que uno de los pensamientos derrotistas más frecuentes entre los humanos,
consistiría  en pensar que el pasado fue mejor que el hoy. 
Lo anterior a lo de ahora. 
Este tipo de pensamiento tiene además una consecuencia terrible: 
vislumbrar el futuro con tintes negativos.

Solemos oir entre las conversaciones de las personas estos tres fenómenos paralizantes:
la glorificación del pasado, 
la devaluación del presente,
y la previsión terrorífica del futuro.

Mal vamos así si lo que queremos es cambiar, avanzar, seguir caminando...
¿Por qué no pensar y sentir que  quizás nos espere un futuro mejor?
Y comprender el presente sin necesidad de ser comparado con el pasado.

Déjame darte dos noticias que hoy, en este post, no toca demostrar:

1.- El futuro no es continuidad del pasado.
Pensar esto es una falacia mental, que no nos permite transformarnos, cambiar nuestros propósitos.

2.- La estabilidad es sólo una ilusión.
Nada es estable. Todo se mueve. El estado natural de las cosas es líquido.

Si ambas se comprenden bien, convivir con la incertidumbre y con la inseguridad
será considerado como natural. En eso consiste vivir...
Y nos hará sentir más felicidad con el momento presente, mas agradecimiento con el pasado,
y mejor orientación positiva hacía el futuro.

Y para ello recuerda:

Con lo que HACES aprendes.
Pero con la misma máxima, ...

CON LO QUE 
NO HACES,
TAMBIÉN APRENDES





martes, 2 de octubre de 2018

Ya es Otoño...


Ya es otoño, 
…y aquí estamos, agradecidos.
¡Y dándolo todo!
La vida gira, gira
y no deja de girar.
Va y viene.
Ya es otoño.
Algunas hojas empiezan
a cambiar su color,
del rojo intenso al ocre amarillento,
del verde brillante al marrón.
Pasan de la rama que las sujetaban,
a fundirse con la tierra del suelo.
Lo que está vivo, cambia.
Lo que está muerto también.
Nada permanece.
Todo es efímero.
Lo vivo es efímero. Pasa. Desaparece.
Lo muerto también,
tan sólo vive en el recuerdo temporalmente.
Lo que hicimos ya pasó.
Lo que tenemos pendiente por hacer, pasará.
Así es como gira el reloj del tiempo.
Incansable, avanzando,
siempre hacia adelante.
No sólo pasan los años o los segundos, …
Pasan los deseos, cumplidos o no,
pasan los lugares visitados o no,
pasan las noches, amadas o no,
pasan las olas del mar, saltadas o no,
pasan los besos, regalados o no,
pasan los amores, sentidos o no,
pasan las tardes de sofá, dormidas o no,
pasan las gripes, febriles o no,
pasan las botella de vino, disfrutadas o no,
pasan los concierto de piano, con toda atención o no,
pasan los caminos, recorridos o no.
Todo es efímero,
también la vida
...y todo lo que la conforma.
Por ello, aprender a vivir dándolo todo
es saber de la vida.
Y saber vivirla.
Se trata de apresurarse despacio a todo.
E intensamente.
Se trata de romper con el tedio
cuando no es deseado.
Salir de la rutina.
Se trata de sentir el movimiento.
Lento o veloz.
Y así, al haber vivido,
cuando caiga la hoja de nuestro otoño,
estaremos mejor preparados
para fundirnos con la tierra, en el suelo.
O para dejarnos llevar en el agua del mar.
O para vivir la intensidad del fuego.
La vida no es una farsa.
El engaño está en nosotros.
Es, tan sólo, efímera.
Quizás todo es más sencillo
de lo que nosotros lo hacemos…
Quizás es que la vida no necesita
de un mapa para ser vivida.
Queda tanto por vivir,
que hoy debemos dar
la bienvenida a este nuevo otoño.
¡A vivirlo!
¡A sentirlo!
A sentir su frío; cuando llegue.
Y los rayos del sol, que ya no queman.
A dejarnos fluir con todo
lo que nos vaya llegando.
Deseando conocer las sorpresas
que nos aguardan, todavía desconocidas,
..., inesperadas.
A la vez que trabajando intensamente
para hacer que los deseos
más esperados se cumplan.
aquí estamos, girando y girando
que YA ES OTOÑO
...y aquí estamos,
¡dándolo todo!


viernes, 3 de agosto de 2018

Tocarnos



"El tacto es, al fin y al cabo, otra forma de leer con la mente"
Sarah Orne



No podemos comunicarnos en su totalidad los seres humanos, si no nos tocamos.
La verdadera comunicación necesita también que sea a través de la piel.

La doctora e investigadora Mariana Caplan, de Berkeley, ha estudiado durante muchos años,
en diferentes estudios científicos, la importancia de tocar y ser tocados 
para poder comunicarnos y ser más felices. 
Los bebés lo saben bien, antes casi de ver ya buscan el tacto de sus padres.
Su primera acción es recostarse sobre el pecho de su mamá.
Un bebé sin caricias difícilmente llegará a ser feliz en ninguna etapa de su vida.

Sentirnos conectados a los demás es fundamental para nuestra salud emocional.
Para dar. Y para recibir. 
Para entregarnos. Y para llenarnos.

Sin embargo, vivimos en un modo donde, en mi modesta opinión, 
necesitaríamos re-educar este sentido... 
No sólo el de la escucha (oído), necesita ser mejorado, del que tanto hablamos, 
sino también el del tacto.
De él se habla poco. Se le tiene poco en cuenta.
Como mucho, se recomiendan abrazos, ...cosa que está muy bien. 
Pero no se nos enseña a coger una mano a la hora de compartir un determinado mensaje, 
o a acompañar una bonita mirada con un entrañable roce de brazos.
O simplemente a dar una pequeña palmada en el hombro.

Tocar es hacer saber, sin tener que decirlo, que les queremos, que nos importan, ...

Se ha demostrado que las personas que viven haciendo más uso del contacto físico
con otras, tienen más autoestima y serenidad. Y viven con mucha más gratitud.

Re-aprender a tocar de nuevo cuando ya somos adultos es una tarea necesaria.
Es, el tacto, quizás el sentido más desatendido que tenemos.
Y esto no nos ayuda mucho.

Alguna pequeña recomendación:

Habla con gratitud, aprecio, admiración,  a las personas que tienes cerca mientras les
coges una mano o les pasas tu brazo por su hombro.
Incorpora el ritual de saludar con un abrazo. No se trata de ir repartiendo abrazos por ahí, 
sin ton ni son, sino de una forma elegida, para mostrar afecto y como una forma más de lenguaje.
Que la prisa ni la falta de tiempo te dejen sin dar el beso que quieres dar.
Quita palabras a tu forma de comunicar y añade más miradas cómplices y más tacto.

Pregúntate cuánto tiempo hace que no das un abrazo de verdad.
Son también alimento y fuente de energía.
Y una fuente inacabable de amor para nutrirte.

Somos cada vez más reacios a tocarnos. 
Y sin ser conscientes, estamos agriando nuestro carácter.

No apartes la mano. Tiéndela.
No te alejes. Acércate.

Toca
Toca
Toca

...además ahora es verano.



domingo, 1 de julio de 2018

MARAVILLARSE



"Todo son sueños a nuestro alrededor"
George Braque

Me encanta maravillarme, sorprenderme cada día, al ver los dos cocoteros que hay junto piscina.
Sentado en la hamaca escribo, leo, bebo mi elixir, y me maravillo de la luz potente del sol
que nos da calor e ilumina cada día.
Ver la vida desplegarse cada día delante de uno.
¿No es eso ser feliz?
La verdadera felicidad quizás nazca por el hecho de maravillarse con lo cotidiano.
No creo en la felicidad que nos venden como algo dulzón, armónico en su perfección, confortable.
No creo en la felicidad edulcorada. Sino como una aventura. A veces, difícil. Arriesgada.
Llena de momentos heroicos, de episodios inesperados, donde lo incierto es lo natural,
combinado con el aprovechamiento consciente de lo maravilloso que representa lo cotidiano.
Ser feliz, quizás tenga mucho que ver con el descubrimiento de nuevos paisajes,
a la vez que aprender a vivir con la sensación de no tener lo conocido bajo control,
sino abierto al "WOW".
Quizás la felicidad está más relacionada con el acto de maravillarse que con el bienestar en sí mismo.
Consistiría más bien en vivir una existencia plena de sentido.
Que incorpora momentos complejos, donde el sufrimiento también forma parte de ella,
...porque forma parte de la vida.
Un modo de sufrir que no deberíamos intentar evitar, sino comprender.

Me maravillo escuchando a Mozart, o a Sting. Me hacen salir de mi.
Me maravillan las pequeñas cosas que me hacen encontrar la paz.
Estar despierto al amanecer en la cama, boca arriba, sin pensar en nada, desnudo,
sintiendo el paso del tiempo sin más...
Me gusta ver el agua fría, recién sacada de la nevera, en una copa de vino de balón, gigante.
...Y beberla.
Me gustan los días con lluvia. Mojarme.
Me gusta mirar la arena del mar y ver como se mueve la hoja de la palmera por el viento suave.

Me guata lo cotidiano. Descubrirlo una y otra vez me hace feliz.

Dicho esto, maravillarse no significa vivir una vida ensoñada, fuera de la realidad.
Ni solamente soñar con los ojos abiertos.
Maravillarse no es negarse a enfrentarse a las dificultades del día a día. No es no plantarles cara.
Sigamos haciendo lo que tenemos y debemos hacer,
pero con el consciente atento y maravillado por lo normal.

"Vivir es tan apabullante que deja poco espacio para otras ocupaciones",
nos decía la poetisa E. Dickinson.
La realidad es que debemos ocuparnos, claro que sí, de la ocupaciones,
...pero que esa ocupación no nos atrape y se nos olvide vivir.
Es lo más urgente, nos enseñó Mario Alonso Puig.

"El que no posee el don de  la maravilla, más le valdría estar muerto, 
porque sus ojos están cerrados", pregonaba Einstein.
Que verdad tan verdadera.

Habitamos siempre uno o varios personajes.
Aquí soy un buen padre, allí un profesor.
Vamos viviendo la vida de mascara en mascara.
Pero..., ¿qué ocultamos detrás de ellas?
Porque quizás ahí resida la esencia del yo.
Cuando nos conectamos con lo normal, con lo que en ese momento estás viviendo,
el personaje se apaga por un instante y deja espacio al descubrimiento feliz del momento que vives.
La vida son momentos, no lo olvides.
No vivirlos, es no vivir.

Maravillarse provoca un alivio extraordinario.
Ves la realidad de forma diferente.
Genera sorprendimiento. Aprendizajes nuevos. Mentes abiertas.
Maravillarnos nos ilumina. Nos acerca al espíritu perdido de la infancia.
Nos hace aprender que la felicidad no sólo depende de las circunstancias.

Maravillarse 
nos otorga una gran 
LIBERTAD




domingo, 10 de junio de 2018

El AVEFRIA y los HUEVOS de PASCUA





La historia en la que se basa la tradición de los huevos de Pascua es fantástica para entender
algunas de las cosas que nos pasan en la vida..., cada día.
Para aprender que en realidad no vivimos la vida tal como es sino tal como la interpretamos.

Con la primavera, cuando se renueva la vida, aparecen en los campos de muchos países
las primeras liebres. Ante nuestras observación se muestran tímidas, huidizas, en celo.
Al rededor de ellas muchos machos esperando ser elegidos.
Se convierte en un espectáculo curioso...

De manera muy frecuente, especialmente en zonas de centro Europa
y en los campos de Inglaterra, estas liebres se sientan entre un montón
de huevos de diferentes colores en una hendidura poco profunda del terreno.
En realidad son liebres que están sentadas sobre nidos de un pajarito escurridizo,
y que no se deja ver, el avefría.
Pero ante esa observación fotográfica instantánea cualquiera diría que esa hendidura
ha sido hecha con las patas de la liebre y que estás han puesto unos huevos preciosos.
Esto hizo que en la época medieval, por toda Europa, corrieran leyendas que versaban
sobre liebres que eran capaces de poner huevos preciosos, de colores, sólo en primavera,
con la llegada de la Pascua.

El mito perduró.
Y hoy todavía, en Pascua, asociamos la fiesta a liebres de chocolate,
u otro tipo de manjares, con huevos de colores también de chocolate,
o la famosa tradición de poner un huevo a una mona de pascua.

Pensemos esto: hay huevos de colore en una hendidura, en la que están las liebre,
que vemos como se aparean a campo abierto, ERGO ... las liebres ponen huevos
después de haber hecho una hendidura y estos huevos sin duda son de colores.

¿Cuántas veces hacemos una afirmación y la damos por buena, y definitiva,
desde la propia observación de una realidad que no tiene porque ser la correcta?
Y, lo peor, queda impresa como si se tratase de una verdad.

LO VEO ASÍ,
LUEGO LO CREO ASÍ,
LUEGO ES ASÍ

Como nos dejamos engañar. Es fácil.
Nos interesa hacer real lo que imaginamos aunque no lo sea.
Es antes la justificación de la realidad que el propio hecho.
Y que consecuencias suele tener esto en tantas ocasiones si hablamos de relaciones humanas.

Sigamos con la historia,....
Da la casualidad que los huevos son del tamaño que podría haberlos puesto la liebre.
Es casual que la liebre esté sentado sobre los huevos.
Es una verdadera casualidad que la hendidura puede ser, sin dudarlo, hecha por las patas de la liebre. Nos sería la primera vez que una liebre hace cosas parecidas en el terreno.

No nos cuesta nada, de hecho es lo más natural, hacer caso omiso a la valoración de otras POSIBILIDADES.

Damos como verdadero lo primero que vemos. Un verdadero uso del prejuicio.
La mente humana tiende a completar la historia, a rellenar el hueco, a crearse un relato,
sobre una observación que ha hecho será real o no.
A sacar conclusiones de inmediato.
Y una vez creado el relato, se fija en nuestro sistema de creencias
aunque no corresponda a nada real, y tan sólo sea el resultado de una brecha entre la realidad
y la interpretación de la realidad.
Lo peor: las consecuencias que esto lleva con tanta frecuencia.

Ver una correlación de hechos, aunque sean falsos, y de ahí inferir causalidad
forma parte de la naturaleza de las personas.
Pero en realidad es un "factor de confusión", ...por momentos peligroso.

Lo ideal sería antes de pensar en consecuencias saber distinguir lo real de lo imaginado.
No caer en el factor de confusión porque las consecuencias pueden ser terribles.
No todos los factores en la vida que están correlacionados tiene un efecto causal
en lo que nos sucede. Mucho menos, si son el producto de la imaginación.

CORRELACIÓN,
demostrada o no,
no implica CAUSALIDAD,
ni REALIDAD