domingo, 14 de junio de 2020

JARABE DE PALO, o una forma de vivir



No tengo que olvidarme de las cosas que me hacen bien

FITO PAEZ


Estar vivo no es lo mismo que sentirse vivo. O eso creo yo...
Estar vivo es una entidad biológica.
Sentirse vivo tiene más que ver con sentir la vida. Sacarle el jugo.
Estar vivo indica una forma mental pasiva de enfrentarse al tiempo.
Sentirse vivo es afrontar los hechos, y sus consecuencias, a lo largo del tiempo
de forma activa, participativa, eligiendo.

A veces, y sólo a veces, siento que vivimos sin sentirnos vivos.
Para vivir no se necesitan razones, para sentirse vivo sí. 
La vida con sentido florece a través de múltiples propósitos.
El sentirse vivo nos requiere energía. Movimiento.

Si te sientes vivo, las expectativas te irán cambiando como te va cambiando la vida.
También los deseos. Y las relaciones. Lo que habita fuera de ti.
Si te sientes vivo, el amor que sientes por ti, por tu propia vida, 
el auto-aprecio a lo que eres, tu valoración sobre ti mismo, no cambiará. 
Si te sientes vivo, aunque todo cambie en tu entorno, 
el poder interior siempre mantendrá su llama.
Y esa será la verdadera belleza, la interior.
Quizás sea entonces cuando no necesitas forzarte para nada.
Actuarás como actúa un árbol, que da sombra sin tener que hacer nada.
O como el viento hincha las velas de los barcos. Simplemente soplando.
Y el agua de un río moja las piedras a lo largo de su curso.

La vida es más sencilla de lo que parece, ...,
somos nosotros quienes la complicamos.

Y todo esto me viene a la cabeza porque esta misma semana se nos ha ido
de esta vida alguien que se sentía muy vivo, incluso esos días que no eran
sus mejores días, donde su propia biología le ponía a jaque.
Me refiero a Pau Dones, el que nos dio tanto Jarabe de Palo.

Creo que nos ha dejado una especie de testamento para no olvidar.
Para tenerlo muy presente. Aprendamos. Y hagamos.
Algunas de las ideas que escribió en sus últimos días son esencias
para sentirnos vivo, ... o así lo creo yo.

Por compartir, nos ha dicho que no se nos olvide
que el secreto está en vivir el presente, y no perdernos por pensar tanto en el futuro.
Que dejemos de creer en la suerte y creamos más en cada uno de nosotros.
Que ríamos, mucho.
Que cantemos en los bares, en la ducha, en las cenas, ,,, cuando nos venga en gana.
Que abracemos y nos achuchemos. Que nos besemos. Nos toquemos.
Que nos escuchemos, a la vez que respetemos el silencio.
Que el enfado es una estupidez sin sentido. 
Que mandemos a la mierda al ego y al orgullo.
Que pare estar vivos y sentir la vida, perdamos el miedo a la muerte.
Y también perdamos el miedo a la vida.
Que cuando la vida nos cierre una ventana le rompamos el cristal. Y salgamos volando.
Que le demos calidad a la vida porque belleza ya tiene.
Que digamos "te quiero" con frecuencia y sin vergüenza.
.......

¡Gracias Pau!




Vive sintiendo la vida.
No es más que un montón de muchos instantes. 
A veces, repetidos. A veces, nuevos.
Elige los que puedas. Acepta los que no.

Y por todo ello,

 AGRADECIDO !

Y recuerda esto:

LA SALIDA 
SIEMPRE ESTÁ 
HACIA ADENTRO




domingo, 31 de mayo de 2020

LA VIDA ES MARAVILLOSA



"No sé si soñaba,
no sé si dormía,
y la voz de un ángel
dijo que te diga:
Celebra la vida"

Alex

El día del cumpleaños es uno de los modos que hemos creado los humanos
para llevar la cuenta de los años que habitamos este mundo.
Para mi es mucho más una fecha para CELEBRAR LA VIDA.
El motivo principal:
porque nadie sabemos cuánto tiempo más estaremos aquí.
¿Serán minutos? ¿Años, ...quizás? ¿Cuánto más?

La festividad del cumpleaños te lleva, mentalmente, a reflexiones y pensamientos que, 
generalmente, revisan lo vivido. 
Para mi, tiene más sentido relacionarlo con el futuro, con todo lo que queda por hacer,
sea lo que sea, con todo lo pendiente, con lo que esta disponible para seguir aprendiendo, viviendo.

Celebrar el cumpleaños debería ser darle un "like" a la vida. ¡Celebrarla!
Decir en voz alta que estás ¡VIVO!

El cumpleaños, bien visto, debería ser un momento para renovar compromisos, 
un momento para los cambios, de abrirte a lo nuevo, de seguir creciendo, 
... de entender el paso del tiempo como lo mejor que nos puede pasar.
Lo contrario no es una buena alternativa.

Los verbos que a mi me evocan mi cumpleaños son muy energéticos, me generan moviendo.
Algunos como abrazar, sonreír, avanzar, parar y correr en un mismo paquete, 
saber más sin creer que sabes, elegir con más consciencia, mirar adelante, ...,. amar.
Y agradecer. Agradecer cada instante vivido, y esperar lo que llegue con agradecimiento.
No es sólo dar las gracias, es también sentirte bien con tu entorno y en paz contigo mismo.

Celebrar la vida es el arte de vivirla.
No sólo deberíamos celebrarla cuando es un día especial, por ejemplo el cumpleaños.
Este día debería ser sólo la referencia. Pero la celebración mejor es la cotidiana.

La vida es desafiante. Insegura en muchos aspectos. Incómoda, ...
Pero por todo eso la vida es maravillosa.

¡Feliz de cumplir años!


domingo, 19 de abril de 2020

¿Y si te duele el dedo? Cuando llegan malos momentos...


Toda Luna tiene dos caras, y siempre una de ellas se queda en oscuridad
                                                                                             Nota de autor

Un enfermo fue a su médico y le dijo "doctor, me duele todo".
El médico le replicó: "¿Qué quiere decir con que le duele todo?
"Que si me toco aquí, me duele, y si me toco en este otro lugar también me duele...
me duele todo el cuerpo", respondió el paciente.
A lo que el doctor dijo: "ya sé lo que le pasa"
Y añadió: "Tiene ese dedo roto".

Este es un cuento que leí a Prem Rawat. Y que me encantó como analogía de lo cotidiano...
Cuando tocamos nuestra vida con un dedo roto, metafóricamente hablando, todo nos duele.
Y, a veces el problema está en el dedo con el que la tocamos.

Los malos momentos nos arrojan oscuridad sobre la luz que nos rodea.
Ahora estamos, la humanidad entera, pasando un mal momento. Muy real.
Podemos haber perdido seres queridos, o trabajos, o posibilidad de estar con la familia, ,,,.
Aún así, ¿por qué tocar este momento con el dedo que más nos duele?
¡Es una elección!
Sé que no hay respuesta fácil cuando la vida, o sus circunstancias, nos lo pone difícil. Lo sé...
La vida va de esto, de unas veces ir hacia delante y otras hacia atrás.
Y también de saber parar.

Cuando atravesamos momentos malos en la vida coexisten dos realidades:
la mala, que normalmente habita la mente, y la buena, que normalmente habita el corazón.
Siempre podemos intentar, aunque nos sea difícil conectar con la buena.
Entrenar la mente para que conecte con le corazón.
Usar un lenguaje interior diferente, para potenciar esta conexión.
Y elegir, entre todos los hechos, cuales nos hacen sentir mejor y cuales no,
para, si podemos, restarles foco.
Lo sé, no es fácil.

Mirar la salida de la luna, los días que se puede ver, si tu balcón lo permite,
o disfrutar de esa fiesta en remoto con los amigos de siempre, de una buena película sin prisa,
de una cena familiar preparada con delicadeza, o de un paseo a marcha rápida durante una hora
del salón a la habitación y de allí de vuelta al salón.
Es decir, desde la realidad, que ahora no podemos cambiar, visualizar un presente positivo.
Y esconder o dejar para otra ocasión el dedo roto, ese que más duele.
Cuando no hay nada que hacer para cambiar una situación, 
lo mejor es cambiarnos a nosotros mismos.
Son aspectos de la vida que se nos escapan de nuestro control.
Ser realista consiste en no intentar tenerlos bajo control, porque eso no nos aportará mucho valor.
Ni vitalidad. Sólo resta.

Fiódor Dostoievsky lo explicaba muy bien cuando nos decía:
"La naturaleza no nos pide permiso".
O como lo indicaba el boxeador Mike Tyson sin ningún tipo de rodeo:
"Todo el mundo tiene planes, ...hasta que le parten la cara".

Puede que te sientas a oscuras, pero no olvides este viejo proverbio:

"Es mejor encender una vela
que pasar todo el tiempo
maldeciendo la oscuridad"

Y no pongas el foco ni intentes tocar todo con el

DEDO R O T O




domingo, 22 de marzo de 2020

CORONAPRENDIZAJES


LA VERDADERA FELICIDAD 
ES LA AUSENCIA DE MIEDO


 La llegada del COVID-19 a nuestras vidas está siendo un huracán de cambios de proporciones inimaginables incluso para los que, como yo, estamos habituados a vivir el cambio permanente como un elemento cotidiano y que, por nuestra profesión, ayudamos a otros a surfear los cambios con naturalidad y sin dramas. Pero esta crisis, que no es sólo sanitaria, sino social y económica, supera con mucho cualquier medida y previsión, obligándonos por las malas y sin elección a reinventar nuestra capacidad de aceptación, de adaptación y de respuesta. 

La buena noticia es que, pasado el shock inicial, la sociedad ya ha puesto en marcha todos sus mecanismos individuales y colectivos para enfrentarse a esta amenaza. Y, aunque en medio de la tormenta es difícil ponerse a pensar en más allá de lo inmediato, eso debería incluir empezar a dejar un espacio para la reflexión acerca de lo que deberíamos hacer a partir del día uno, post coronavirus. Porque, aunque ahora mismo no podamos visualizarlo, esta crisis también nos está dejando lecciones valiosas para el futuro. De lo contrario, muchos de estos enormes esfuerzos que todos estamos realizando no serán útiles para aprovechar oportunidades de futuro.

Pero para que eso sea posible, lo primero es comprender la naturaleza del momento incierto que estamos atravesando. La incertidumbre ha formado parte desde siempre de nuestra vida, …eso ya lo sabemos. 
En eso consiste el vivir.
El ser humano está acostumbrado a vivir en entornos inciertos.
Así ha sido en las últimas décadas, fruto especialmente de la globalización y de la revolución tecnológica. Sin embargo, el modo en el que con vivimos con la incertidumbre en la situación actual, debido al ataque del virus, presenta algunas particularidades que la hacen especial. 
Hay un tipo de incertidumbre que forma parte de la normalidad de la vida para la que estamos, hasta cierto punto, preparados. 

Es decir, a nadie le gusta perder su trabajo, sufrir una separación de pareja o tener que afrontar un desembolso económico grande por un gasto inesperado. Pero, en cierta forma, asumimos que esos riesgos forman parte del juego de la vida y podemos anticiparnos a la incertidumbre que generan, y adaptarnos a nuevos modos de gestión. Y lo mismo podría decirse a nivel empresarial, donde pérdidas, despidos o crisis reputacionales son como esas temidas casillas de la cárcel del juego del Monopoly o de la Oca, compañeros de viaje incómodos pero tolerables y asumibles, viejas barreras que encontramos en el camino cuando menos lo esperamos, pero que son conocidos, sabemos el modo en el que se comportarán.

Sin embargo, existe otro tipo de incertidumbre para la que difícilmente estamos preparados. Entraría en esa categoría que el investigador libanés Nassim Taleb denomina “cisnes negros”, acontecimientos totalmente imprevisibles que además tienen un enorme calado social a nivel planetario, tales como fueron las Guerras Mundiales, los atentados del 11-S o la actual crisis del coronavirus. 

Existen diferencias y similitudes entre estos dos tipos de incertidumbre, las conocidas, aunque no esperadas y los llamados “cisnes negros”.
Se parecen en que ambas se producen en un momento inesperado. 
Se diferencian en la manera en que nos relacionamos con ellas. 
Mientras que para las incertidumbres que podríamos calificar de cotidiana, las personas y las empresas cuentan con numerosas herramientas para enfrentarse a ellas, porque ya las han vivido antes o conocen casos similares que les sirven como referente; con los llamados “cisnes negros” no sucede así. Nadie podía esperar una pandemia tan virulenta y global, como tampoco nadie podía esperar tener que recluirse en casa con su familia durante semanas, o puede que meses. Y nadie, en realidad, sabe muy bien cómo gestionar esta situación de forma excelente porque, además de inesperada, esta situación también es inédita. 
Al no haber precedentes de algo así, es imposible estar preparados para ello. La ‘preparación’ la tenemos que empezar a construir sobre la marcha, mientras ocurre. Diferente será cuando, en el futuro, lleguen nuevas pandemias.

Kant decía que el cerebro humano más inteligente es aquel que es capaz de gestionar mejor la incertidumbre. Y esta máxima es válida también para estos tiempos tan complejos. Esa gestión incluye la capacidad de incorporar aprendizajes valiosos para el futuro. Elementos que no sólo nos ayuden a sobrellevar estos días de confinamiento, teletrabajo y bajada de actividad, sino que nos sirvan para aprender, crecer en lo personal y profesional, que podamos incorporarlos con éxito a nuestro archivo provocado por los diferentes “cisnes negros”. 

Estos son para mí algunos de esos aprendizajes: 

Diferenciar Ruido de Conocimiento. Son días de sobreinformación, de actualización de datos de forma permanente, de noticias de todo tipo. Y es lógico; “el público” estamos inquietos y necesitamos satisfacer la incertidumbre con información. El problema es que junto a los verdaderos expertos que aportan luz, están surgiendo multitud de voces menos autorizadas que también quieren hacer oír su punto de vista. 
Pero hablar de lo que no se sabe e introducir datos que no aportan valor, lo único que consigue es alimentar la incertidumbre. Un ejemplo son esos nuevos psicólogos, nada formados para ello, que aparecen en cualquier red social, dándonos consejos y proponiéndonos terapias que nos confunden. No me refiero al acompañamiento social que unos nos hacemos a otros, ni de la oferta de conocimiento, de aquellos que lo tienen, al resto de personas, para tranquilizarnos, para divertirnos en este momento de confinamiento. Me refiero a los creadores de bulos, de fake news, que crean ruido social dañino.  Es importante que los que alimentan el ruido callen y dejen hablar a quienes tienen realmente algo que aportar, sea por talento o por humanidad.

Autorresponsabilidad. Uno de los males de nuestro tiempo es la facilidad con que las personas nos escudamos en normas o en el criterios de otros para cumplir o dejar de cumplir con nuestras obligaciones. Lo hemos visto demasiado a menudo durante estos primeros días de la crisis, cuando mucha gente desoía las advertencias sanitarias y seguía saliendo a la calle a hacer deporte, pasear o irse de fiesta. Muchos se justificaban en desconocimiento, en que aun no había entrado en vigor el estado de alarma o en la ausencia de multas. Pero no necesitamos a ningún policía para saber cual es nuestra responsabilidad y empezar a predicar con el ejemplo. Esta crisis debe servirnos para madurar en ese sentido. ¿Por qué, de una vez por todas, no aprendemos a vivir en nuestra zona de influencia? ¿Por qué dependemos para ser responsables de las circunstancias que otros nos marcan en lugar de poner toda la fuerza sobre las que están bajo nuestro poder?

Calma. La paz y el sosiego son actitudes mucho más productivas para gestionar la incertidumbre que la agitación y los ánimos encendidos. Calma no entendida como sinónimo de ‘pasotismo’, sino como una actitud clave para ‘activarse’ frente a la adversidad. La calma no es inacción. La calma es vivir los hechos con paz interior. Asumiendo lo que no se puede cambiar, sin resignación, aceptando la realidad, y añadiendo a la misma la mejor versión y actitud positiva posible. La calma, la serenidad, es la fuerza motora más potente para atender los estados en los que requerimos de paciencia.

Fuerza de lo colectivo. No hay que olvidar que la incertidumbre es un estado mental provocado por hechos reales. La activa la realidad (el virus), pero se gestiona desde un estado mental. Por eso es importante entrenar la mente de forma adecuada. Un concepto importante en este entrenamiento es el de toma de conciencia. No solo a nivel individual, la de mi actitud, mi aportación y mi capacidad de resistencia, sino también como colectivo. La verdadera resiliencia consiste en salir fortalecidos de esta crisis. Y hacerlo juntos es la mejor manera. El reflejo de esto lo estamos viendo durante estos días en los balcones de toda España en forma de aplausos, canciones y otras muestras de interacción grupal. También lo vemos en los medios de comunicación social, especialmente en las redes sociales.

Sentido del humor.  Provocado por la disponibilidad positiva de nuestra mente ante los hechos a los que nos enfrentamos. 
Mantener una actitud positiva es otra de las claves en periodos de incertidumbre. Positiva pero no necesariamente optimista. Porque el optimismo necio, en el que se empeñan algunos, no deja de ser un cerrar los ojos ante la realidad. Y eso sólo conduce a la frustración y a la irritación social. ¿Cómo vamos a ser optimistas ante las muertes o el desplome de la economía? Pero sí debemos contemplar esta realidad con positivismo, que nos permitirá salir antes del desastre que un virus nos está provocando y afrontar el futuro con una visión lucida y desde la acción. Desde ahí vamos a poder ser más generosos con nosotros mismos y con los demás. 
No perdamos la fe en el futuro porque perderemos la fuerza en este momento presente.

Acción. Las circunstancias mandan y nos han impuesto una pausa, una ralentización. Pero la incertidumbre no se trabaja desde una posición de stop. No sólo Europa, el mundo, en su globalidad, se encuentra en estado de alarma, lo cual no significa que debamos inmovilizarnos. Desde nuestras casas estamos dando lo mejor de cada uno de nosotros, de nuestro saber hacer, agudizando el ingenio para entretenernos en las largas horas de confinamiento, para que los niños se diviertan, aunque no puedan ir al parque, y sigan estudiando, para hacer ejercicio físico, aunque ya no haya gimnasios, para reinventar y sacar adelante nuestros negocios, … Mantenernos activos es la mejor manera de mirar hacia el futuro.
Y sacar partido, ahora más que nunca, a nuestro poder más humano y valioso: la imaginación.

Solidaridad. Paradójicamente, en una situación de distanciamiento social y en la que los contactos físicos se han visto reducidos a la mínima expresión, es cuando más íntimamente nos sentimos conectados con los demás. Una corriente de solidaridad recorre el país, y el mundo; la vemos a diario con las permanentes muestras de reconocimiento a los colectivos que más de cerca están combatiendo la enfermedad. Y también con las iniciativas de empresas e individuos para tratar de arrimar el hombro. Ese reconocimiento, generosidad y empatía son valiosas enseñanzas a aplicar en el mundo de la empres, las organizaciones sociales, la política, y un largo etcétera, cuando todo esto pase.  

Coraje. Ser valientes no consiste en no tener miedo, sino en afrentarse a él, en coger al toro por los cuernos. Estas situaciones nos sirven para darnos cuenta de lo frágiles que somos. Son una cura de humildad, pero también una oportunidad para hacernos grandes plantándole cara a los problemas. 
El término coraje nace de “cor-cardia”, el corazón por delante. Algo que todos estamos viendo estos días. Aprendamos del personal sanitario, que demostración de coraje, incluso en muchas ocasiones no disponiendo de los medios necesarios. El coraje de enfrentarse al virus con trajes hechos con bolsas de basura o mascarillas de papel, cuando no hay otros recursos a mano. Aprendamos, en el futuro a centrarnos en qué si podemos hacer con lo que tenemos.

Agilidad. Más que nunca, la agilidad de respuesta y de adaptación adquiere una importancia capital. Hay que tomar decisiones difíciles, con recursos limitados y sin contar con todos los datos, y hay que hacerlo a toda velocidad porque nos va la vida en ello. Y por ello no dejamos de ser excelentes. Aprendiendo de los errores. Creciendo de forma iterativa.

Ojalá todas estas valiosas enseñanzas no se queden en meros recursos de emergencia mientras dura esta crisis, sino que perduren y nos sirvan como vacuna para enfrentar el futuro. Ojalá no pase como ocurre con el espíritu navideño, que nos dura únicamente entre el periodo comprendido de la Noche Buena y los Reyes Magos, sino que, en este caso, lo aprendido durante la crisis, y muy especialmente la solidaridad entre las personas, 
sirva para que todo lo bueno se prolongue en el tiempo, 
como algo que debe perdurar para siempre.


 Post escrito por Fernando Botella, extraído de la web de Think&Action


domingo, 16 de febrero de 2020

LA SAL DE LA VIDA



La sal de la vida

Como es abajo es arriba.
Como se es a un lado, se es al otro.
Como se mira adelante se mira atrás.
Como saltamos nos agachamos.

Utilizamos la expresión LA SAL DE LA VIDA
al referirnos a esos placeres que nos llegan de vez en cuando.
Llamamos la sal de la vida a aquello que nos hace reír, chipotear, vibrar, ...
La sal es oro blanco, sin ella el organismo humano no puede vivir.
Sin la sal de la vida tampoco.
En exceso puede matar.
Sin embargo, en exceso la sal de la vida, puede hacer que dispongas de una vida mejor.
En esto se diferencian...

Me gustan los días que tienen cierta dosis de sal, ...de sal de vida.
Son días que se convierten en especiales, sin tener nada especial, ...
Son tan sólo especiales por algún pequeño detalle, por su sal.
Me refiero a esos días en los que prefiero saltarme una comida y cambiarla por un paseo, sin destino,
esos en los que una copa de cava sabe diferente, más burbujeante que sus propias burbujas.
Días en los que un libro que ya leí sabe diferente, más salado;
esos días en los que me encuentro un paisaje hermoso sin haberlo buscado;
días en los que escucho un gran concierto en la esquina de una calle por la ciudad, sin esperarlo.

Son días en los que suelo citarme en mi agenda. A mi mismo. Y los lleno de sal.
Sin necesidad de nada más. De nadie más.
Días en los que tan sólo necesito un buen libro, el artículo que me tiene atrapado,
o practicar nuevas escalas con mi bajo eléctrico.
O también días en los que no sería nada sin su mirada, su tacto, o su sabor salado.
Días en los que no puedo apartar la mirada de sus ojos.

Y es que de eso va estar vivo, de momentos salados,

de poner sal 
a la vida