domingo, 12 de abril de 2015

MICROPOST: Las tres “L"






La vida cambia en un instante.
Estás,...
y ya no estás.

Si esto lo sabes bien, de verdad,
todo lo demás,
está de más


Y tres focos hacen que el tiempo que ESTÁS
...que estás vivo, valga la pena.
A saber:

LEARN

Sentirla como un aprendiz siempre. Vivir en este estado.
Descubrirla en cada rincón.
Explorarla.
Crecer. 
Aprender a borrar.
Pasar de un estado a otro sin dolor.
Aprender hasta el último segundo de vida.


LAUGH

Reír.
Responder con alegría.
Dibujar en la cara ante los hechos el agradecimiento de estar ahí.
Vivirla con sentido, ...con sentido del humor positivo. Es lo más inteligente.
Saber que la risa se elige. Para tenerla o para dejarla guardada para otro momento.
Pero saber que está ahí, esperando...
Y entender, desde la risa, la vida como un balbuceo lúdico. Con todo. En todo.
Drogarnos de endorfinas.
Regalarnos salud.
Hacer bailar a las emociones.


LOVE

Amarnos y amar.
Nos da la energía para estar vivos.
Drogaina necesaria para seguir estando.
Disfrute de lo corporal.
Generador de pasión y de entusiasmo.
Nos da poder para sentir y sentirnos.

La  VIDA  es eso que haces con tu tiempo.
No lo pierdas. No la pierdas.
No está para ser despilfarrada.
Regálatela !

Pon foco en aprender de todo, de todos.
Pon foco en reír con todo, con todos.
Pon foco en amar todo, y a todos.




domingo, 5 de abril de 2015

FILOSOFÍA PERENNE, días de pasión, muerte y resurrección



“Deja de moverte
y quédate quieto
que la tranquilidad te moverá”

(Poema Zen)


Se acaba la semana de pasión.
Todos hoy, al tercer día,  después de muertos podemos haber resucitado.

Tres palabras que han vivido en estos días muy juntas:

PASIÓN
MUERTE
RESURRECCIÓN

Tres palabras que deberían vivir juntas cada día del año.
Forman parte esencial de la Filosofía Perenne
tan bien descrita por Aldoux Huxley
y explicada de forma poética por el maestro José Luis Sampedro
en su libro póstumo La vida Perenne

Amar con PASIÓN lo que eres, lo que haces, lo que sientes.
Pasión para mantenerte vivo. Para conectar con tu centro productor de energía.

Dejarte MORIR un poco cada día para poder acabar con lo viejo,
para desprenderte de lo tóxico, para finalizar lo acabado, 
para desapegarte de lo que te entristece.
Para dejar ir las creencias que paralizan, que nos deshabilitan frente a lo deseado.

Y re-nacer, darte el permiso de la transformación continua.
RESUCITAR a nuevos momentos, a nuevas experiencias, a nuevas vivencias.
Estar abierto a la vida. A lo que está por llegar. Al nuevo instante.

Como las olas del mar, que a estas horas en este domingo de resurrección,
contemplo desde mi ventana.
Vienen y van.
Traen y se llevan.
Aparecen y desaparecen mezcladas en el azar y el caos de sus elementos.

La PASIÓN, del latín patior que significa sentir.
Entendido como un sentimiento de gran fuerza hacia una persona, 
una idea, un objeto, un tema, …
Cuando se siente pasión se intensifica el entusiasmo por algo.
Son los momentos en los que la ilusión genera la pulsión vital necesaria
para creer en los sueños, para despertarlos, para perseguirlos.
También se usa el término pasión para referirnos a algo o alguien a quien admiramos.
Y para referirnos a estados sublimes de gozo.

La pasión tan necesaria y tan insuficiente, al unísono.
Necesaria como energía. Como catalizador básico de una acción deseada.
Si la pasión no está, no se es.
Pasión como elemento esencial del talento.
De la verdadera sabiduría.

Insuficiente porque se trata sólo de uno de los elementos necesarios
que a las personas nos predisponen a hacer que las “cosas” ocurran.
Pasión que debe ser acompañada del conocimiento y de la acción.

En estos días de Semana Santa, entendemos también la pasión como
los momentos de sufrimiento que Cristo pasó en sus últimos días hasta su muerte.
Y es que la pasión, con frecuencia, suele traer sufrimiento.
En algunas ocasiones, por esfuerzo desmedido.
En otras porque debes desprenderte de algo para seguir en otro camino.
Porque suele requerir compromiso.
Y comprometerse es, entre otras cosas, estar dispuesto a renunciar a algo.
Lo bueno es que generalmente, si la pasión es verdadera, 
es una “renuncia” que no duele.


Y MORIR,
… morir que es acabar con algo. Finalizar un periodo.

Morir que es cambiar. Darse una nueva oportunidad.
El río que muere en el mar para seguir siendo agua viva.
Cambia su entorno. Cambia su potencial. Cambia su fuerza.

Morir, un verbo que viaja próximo al deseo.
Me muero por viajar por todo el mundo
Me muero por un beso suyo.
Me muero por un vaso de vino frío
Me muero por …

La muerte es la extinción de un proceso.
No sólo los seres vivos mueren.
Todo muere. Todo se acaba.
La muerte como fin de un tiempo.
Fue y se fue.

Muerte que puede ser súbita, cuando algo ya no interesa de forma inmediata.
O sólo cerebral, cuando todo sigue igual de vivo, pero no se comprende ya.
Esta es una muerte previa a la muerte total.
O muerte como contraste, entendida como necesaria para volver a nacer.
Es la muerte que vive en el polo opuesto al nacimiento,
la que se necesita para que algo nuevo surja.
La que hace que al morir el invierno, llegue la primavera. Época de nuevo florida.


Y al tercer día resucitó.
RE-SUCITAR, surgir de nuevo.
Re-nacer, volver a nacer. Estar muy vivo de nuevo.
Re-aparecer.
Re-novarse.
Re-aprender.
Re-inventarse
Re-lanzarse.
Re-VIVIR

Resucitar como necesidad para RE-VIVIR varias veces en una sola vida.

Resucitar para poder de verdad llegar a ser lo que se es.
Para perseguirlo con pasión, con talento y muriendo las veces que sea necesario.
Y resucitar también para saber aceptar lo imprevisible
Y, aún así, poder renovarse.

RESUCITAR para poder vivir desde el SÍ afirmativo.
RESUCITAR para poder vivir de una forma más digna.
Con propósito. Con sentido.

No podremos evitar la agonía, la enfermedad, ni el sufrimiento, ni la maldad,
tampoco la riqueza que nos llega sin ser esperada, la alegría instantánea,
el súbito goce, ni tantas cosas buenas o malas que se acerquen a visitarnos.
Como no podremos evitar las decisiones a tomar en momentos “decisivos”,
(no podrían llamarse de otra forma…).
Pero sí podemos afrontar todo lo inesperado 
dejándole su espacio, su paso, el hueco en nuestra vida.
Como Sampedro diría “convirtiéndolo en nuestra biografía”.
Como si naciese de nosotros lo que nos ha sobrevenido sin ser esperado.
Aceptándolo.
Diciéndonos qué SÍ con ello podemos hacer, aprender, vivir, …
RESUCITANDO !!! 
…porque en esto consiste vivir.
En saber, que lo que no muere no puede re-nacer.

Vivir una vida perenne,
celebrada, agradecida por todo lo que significa estar vivo,
aún sabiendo que algunas “hojas” se pierden.
Se van. Se caen. Nos dicen adiós.
Vivir aprendiendo de todo. De cada luz. De cada mirada. De cada palabra.
Vivir bajo la lupa del descubrir continuo. Explorando.
Vivir como las olas del mar.
Vivir sabiendo que la vida son instantes. Tiempo. Su uso.
Y siendo consciente de que en cada instante te puede cambiar la vida.

Vivir con pasión,
para morir muchas veces
y así poder resucitar




domingo, 22 de marzo de 2015

¿Qué tienes en tus manos?




Foto de Moises y su báculo
Los Diez Mandamientos
Película de Cecil B. DeMille
Charlton Heston
1956


Empieza la primavera. Es domingo.
Sus primeras horas son frías y lluviosas, grises.
Pero, ...muy pronto, las tardes serán más largas, luminosas, coloridas.

Mientras escucho el estupendo y recomendable disco de Joan Chamorro y Andrea Motis,
Feeling Good, trabajo preparando un nuevo proyecto sobre liderazgo organizativo.

Mientras mis dedos se deslizan por el mac, recuerdo una ponencia sobre líderes de Rick Warren,
viniendo así a mi mente la historia bíblica sobre la vida de Moises,
príncipe egipcio, adoptado, que se convertiría en un verdadero líder 
de la nación hebrea, "director" del éxodo del Monte Sinaí,
donde recibió el encargo del "presidente" Dios  para que hiciera
un buen "cascadeo" y "management"de los valores corporativos universales,
llamados también Los Diez Mandamientos.

Moises era pastor. Nómada.
Cuenta la historia que cuando Dios se le apareció, él estaba con su rebaño, pastoreando.
Y portaba en sus manos, como cada día, su báculo. Su bastón de pastor.
No hay pastor que los sea sin cayado.
Dios le pidió que se desprendiera del bastón. Que lo arrojara al suelo.
Y así lo hizo, convirtiéndose el bastón en una serpiente.
Posteriormente le ordenó que cogiese la serpiente del suelo, y ésta se convirtió de nuevo en báculo.

Con esta demostración, que algunos llamaron milagro, le informaría a Moises
que había sido el elegido para dirigir al pueblo hebreo en el éxodo más conocido de toda
la historia de la humanidad.
Le nombró   L í D E R 

Pero, … ¿por qué Dios usó la metáfora del bastón para hablar de liderazgo?

La respuesta parece sencilla.
Tres elementos representa el bastón en un pastor,
en un profesional que conduce a otros individuos de un punto a otro,
que permite el desarrollo de un pueblo,
que hace que las cosas sucedan.

El bastón no es sólo símbolo de fuerza.
Ni sólo de mando.
El batón no indica sólo poder. Ni autoridad.
El bastón no es sólo la "chapa" indentificativa de que Moises es el jefe del rebaño.
Como demostración, cuando no está en manos de Moises, no vale nada.
Los demás lo ven como serpiente.
El secreto está en él.
Él da valor al bastón. El bastón es bastón porque está en manos de Moises.

El primer elemento que representa el bastón es sin duda la

I D E N T I D A D 

Lo que se es, lo que se hace, (…pastor).
En filosofía se conoce como la entidad que se mantiene consigo misma.
Es decir, la pureza de ser lo que se es. De hacer lo que se sabe.
De huir de la farsantería.
De saber para que se está ahí. Cuál es el cometido. Conocer el camino, la meta.

En matemáticas, identidad es la igualdad que permanece verdadera
sin importar los valores que se le asignen.
Así es, valores que permanecen constantes, si así se decide, en entornos de continuo cambio.

En ciencias sociales, identidad es el conjunto de valores, creencias, símbolos, costumbres
a respetar por un conjunto de individuos.

Y en psicología, identidad es el término que se utiliza para referirse a desarrollo social y personal.
Es la búsqueda para lo mejor.
Que importante para un líder todas estas versiones de un mismo término lingüístico.


El segundo elemento que el bastón representa es la

I N F L U E N C I A

Al pastor le ayuda a movilizar las ovejas de un lugar a otro.
Sin dañarlas. Sin excesos. Indicando los caminos posibles.
Con el ejemplo de ir delante apartando la hojarasca.
O atrás vigilando las espaldas, ayudando a lo que va quedando retrasado.
En el caso de Moises, primero fueron las ovejas, después el pueblo hebreo.
Ovejas o pueblo que tiene que conducir, llevar de un lugar a otro.
Todas, ovejas y personas, en su conjunto, y una a una en su unidad.
Todas en la misma dirección.

Y, al mismo tiempo, el báculo también le ayuda a él mismo.
A sostenerse cuando lo necesita.
A avanzar más rápido.
A detectar los baches del camino.
A destruir obstáculos.
A apartar lo que sobra.
A acercar lo que no se alcanza fácilmente.
A defenderse de lo tóxico, de lo maléfico.
A tener siempre algo en lo que abrazarse.

El bastón, que ayuda a pedir lo que si no se pide, no se recibe.
A la vez que sirve para dar. Generosamente.
Para hacer que pase lo que tiene que pasar porque para todos es bueno.
No hay, en mi opinión, mejor definición de influencia.
No es un elemento para manipular, no pone en juego jamás la confianza.
De hacerlo no sería bastón, sería serpiente.


El tercer elemento que el bastón representa es el

F I N 

Las ovejas que dan la mejor lana, la mejor leche, el mejor queso una vez trabajada la leche.
Las personas, el equipo y sus resultados.
El desarrollo, el talento, la creatividad, la gestión de las emociones, la libertad, las oportunidades,
las ideas, las conexiones de unos con otros, la imaginación, la escucha interesada, la paciencia,
los ingresos, ...
Los motivos finales sin los cuales no estaríamos haciendo lo que hacemos.

El fin es el propósito. Es la meta que nos mueve. El driver.
Es autonomia. Sentirse útil. Conseguir. Ponerse en valor.
Es maestría. Aprender. Crecer. Renacer. Avanzar.


Esto representa el bastón en la historia de Moises.
Es lo que él tiene en sus manos.

Y tú, …

¿qué tienes 
en tus 
manos?






lunes, 9 de marzo de 2015

E S P E R A N Z A, un viaje al futuro






Cuenta la mitología que Prometeus, el gran titán que creó
la humanidad regaló a los mortales, bajo secreto, el fuego del Olimpo
además de los conocimientos que había recibido de la diosa Atenea.
Al enterarse Zeus, el dios superior, se enfadó y le castigó a él
atándolo a una columna y torturándolo salvajemente.
También quiso castigar a todos los mortales.
Para ello mandó a la Tierra a la bella Pandora con una caja
en la que había guardado todos los males y calamidades
posibles imaginados.
Pero Zeus estaba ese día tan ofuscado por el enfado que,
sin darse cuenta, dejó en la caja también a la

E S P E R A N Z A

Un día Pandora destapó la caja por curiosidad y de ella salieron
todos los males que atacaron a los mortales.
Todavía viven entre nosotros, según cuenta la leyenda.
Pero afortunadamente tapó la caja antes de que se escapara
la esperanza, el único consuelo que le quedó a la humanidad.

La esperanza, en sentido genérico, es un estado de ánimo basado 
en la expectativa de un resultado favorable.

Existen dos tipos de espranza.
Una se refiere a las expectativas generales que aguardamos
para un futuro.
Es decir, se trataría del significado positivo que le damos al destino.
Es el grado de fe que ponemos en lo que está por llegar.
Vive cerca y alimenta los sueños.

El otro tipo de esperanza es más concreto.
Se basa en la fuerza de voluntad.
En la energía que utilizamos para conseguir nuestros deseos.
Se trata del esfuerzo que invertimos en alcanzar nuestros objetivos
y la planificación estratégica que diseñamos para lograrlos.

Ambas formas de esperanza nos alimenta el sentido de futuro
desde una valoración positiva de su consecución.
Tan necesaria la esperanza en momentos de consuelo, 
en situaciones de dificultad.
Pero también tan necesaria en momentos en los que la perseverancia
es el motor de consecución de metas o de solución de problemas.

Perder la esperanza es perder el sentido de futuro.
Cuando más incapaces nos sentimos de anticipar el mañana
más espacio dejamos para que la angustia y la incertidumbre
nos invada y se haga la protagonista de nuestros días.
En esos momentos el entusiasmo, la alegría y la voluntad
se van de vacaciones.
Perdemos la confianza en nosotros mismos y en lo que nos rodea.
La sensación de seguridad se vuelva precaria.

Ni la seguridad ni la certeza son inherentes a la vida.
No es posible estar vivo y no estar inseguro.
No es posible estar vivo y vivir sin estar rodeados de incertidumbre.

Es la esperanza el aceite que nos permite engrasar
y gestionar adecuadamente la incertidumbre y la inseguridad
natural que la vida nos regala.

La esperanza también es un relajante vital.
Buenas dosis de esperanza es un relajante del sistema nervioso central.
Nos permite no tener que estar todo el tiempo vigilantes de
que se pueda disparar alguna de las alarmas vitales.

Vivimos la vida muy preparados para “por si acaso”.
Esto, que es biología en estado puro, 
nos mantiene más de lo que nos gustaría
en estado de alarma continua.
Vivimos intoxicados por las señales de peligro inventadas
por nuestra propia imaginación.
Lo cual no nos permite relajarnos demasiado.
E interfiere en la capacidad creativa, 
en la capacidad de relación con los demás,
nos paraliza en el trabajo, 
no nos permite concentrarnos bien
y no nos permite disfrutar de nuestro tiempo de ocio.
También nos debilita nuestro sistema inmunológico.
Y nos debilita físicamente.
Nos predispone a sufrir enfermedades y dolencias.
Y nos apaga el sentido del humor.


Suficientes razones para que cada día no se nos olvide
desear a nuestros seres queridos y a nosotros mismos una
gran dosis de E S P E R A N Z A
el mejor medio de transporte al
futuro


domingo, 22 de febrero de 2015

A C T I T U D, una cuestión de Epigenética



Hoy es siempre todavía
Antonio Machado


No son nuestras ideas las que nos hacen pesimistas u optimistas, decía sabiamente Unamuno
sino que es nuestro talante a la hora de hacer algo lo que hace 
que nuestras ideas sean optimistas o pesimistas.
Es decir, el talante con el que nos enfrentamos a las circunstancias cotidianas
que la vida nos va poniendo de frente es lo que va desarrollando nuestras creencias, 
la personalidad de cada uno, nuestra identidad.
A ese talante se le llama con frecuencia con la denominación de 

A C T i T U D

¿Traemos con nosotros un determinado 
temperamento al mundo cuando nacemos?

Parece que la biología ha demostrado, bajo epígrafe de numerosísimos trabajos, que así es.
Traemos una carga genética de nuestros padres que nos llevan a ser cada uno diferente a otro.
No hay dos bebés iguales.
Ni en lo físico, ni en el comportamiento inicial a la hora de enfrentarse a los primeros días de vida.
El conjunto de genes que heredamos de nuestros progenitores forman nuestro genotipo.
Cada genotipo determina un tipo de individuo diferente.

Esa carga genética con la que nacimos se queda, al menos en parte, para siempre a “vivir” 
en nosotros, en nuestras células.
Ahora bien, también la ciencia ha demostrado que nos vamos haciendo poco a poco, 
y que en el camino, deja de tener tanto peso esta carga genética
para ir empezando a adquirir mucho más poder la influencia del ambiente ,
del entorno en el que aprendemos, en el que vivimos,
del impacto que ejerce en cada uno lo que le rodea, el conocimiento que adquirimos,
las experiencias vividas,  las creencias conformadas, …

A este efecto que el entorno ejerce en el individuo se le denomina fenotipo.
Y a la ciencia que trata de estudiar el impacto del entorno en el  individuo
se le conoce como Epigenética.

Los estudios del profesor Lykken y otros tanto conocidos en el mundo de la genética humana, 
han demostrado que el impacto sobre nuestro desarrollo de la carga genotípica 
sólo supondría un 30% del total, es decir, que la genética nos hace ser 
a unas personas y a otras diferentes pero con un impacto 
mucho más pequeño de lo que se había pensado.

La mayor parte de los estudios científicos, bajo las reglas de la significancia estadística,  
se han llevado a cabo con parejas de gemelos idénticos, univitelinos, 
para poder así observar la diferencia entre hermanos idénticos.
Si habían vivido en los mismos entornos tenían personalidades y comportamientos similares.
Si habían sido separados de pequeños, aún con la misma carga genética, 
cada uno era "de su padre y de su madre".

Parece ser que nuestra  personalidad y la forma con la que nos enfrentamos a cualquier hecho,
 eso que llamamos  actitud,
está más bien relacionado con el ambiente en el que habitamos que con la carga con la que nacemos.
Y sobre todo, según demuestran varios estudios, con la interpretación que sobre lo vivido hacemos.
La forma en la que nos enfrentamos a lo que en el entono vamos encontrando
tiene una capacidad  de impacto en nuestra personalidad impresionante.
Algo obvio que, como siempre, ha tenido que ser demostrado.
Bruce Lipton lo cuenta muy bien y con numerosos ejemplos en su best seller 
sobre la Biología de las creencias.

Ya lo sabíamos.  …aún siendo poco observadores.
El resto de animales se comportan, e incluso pueden cambian su dimensión y forma,
dependiendo del entorno donde viven.
Así el famoso pececito llamado gold fish habitante de una pecera doméstica
nadie diría que es la misma carpa carnívora que nos podemos encontrar en el lago 
de cualquier parque de una ciudad.

La carga genética con la que venimos al mundo condiciona nuestro ser.
El entorno en el que habitamos también condiciona nuestro ser.
En definitiva, somos la suma de lo heredado más la forma en la que vivimos en el ambiente 
en el que estamos presentes.

La buena noticia: 

hay una importante diferencia entre el resto de animales y nosotros, los humanos.
Nosotros podemos elegir cambiar cómo nos comportamos
en cualquier ambiente que nos toque vivir,
y podemos elegir la forma en la que nos enfrentamos a los estímulos 
que en ese ambiente se produzcan.

Podemos  también elegir cambiar de ambiente, de entorno.
Alejarnos de las personas que nos acompañan y nos afectan negativamente,
huir de la toxicidad de otros o de sus ambientes dañinos. 

Incluso podemos cambiar hasta la forma de visualizar e interpretar cualquier hecho.
Esto nos hace únicos.
Y nos da la libertad humana más poderosa.
Es nuestra verdadera esencia: la capacidad, al elegir, de ir formándonos a nosotros mismos,
de ir creándonos cada día, de labrarnos nuestro propio

C A M i N O


El final del camino está en tu mano.
El final de la historia está sin escribir.
Todo está por HACER.

Con que sencillez lo escribió Machado, sin despeinarse …

CAMINANTE,
NO HAY CAMINO,
SE HACE CAMINO AL   
A N D A R