domingo, 21 de octubre de 2012

TENER RAZÓN

LANDING ON NIBIRU
Michael Huygen

Una historia del judaísmo jasídico nos contaba que una vez una pareja 
fueron a ver al rabino porque tenían problemas con su convivencia.
Una vez allí el rabino les dijo:

“lo primero que quiero es que me cuente usted señora 
su visión del problema”.

El rabino escuchó atentamente, y cuando la señora acabó añadió:

“¿sabe lo que le digo? Que tiene usted toda la razón”

El marido se quedó con cara de asombro.
Pero si a él ni siquiera le había preguntado.
Protestó. Por lo que el rabino pidió también que le contase su 
forma de ver ese mismo problema en la pareja.
De nuevo el rabino escuchó con toda su atención el relato.
Cuando el marido terminó de hablar, el rabino dijo:

“¿sabe lo que le digo? Que tiene usted toda la razón”

En ese momento, tanto la señora como el caballero,
se quedaron sorprendidos y sin dudarlo ambos empezaron
a quejarse al rabino, ...pero cómo podían tener lo dos razón.
El marido, que no podía aguantarse más le dijo al rabino:

“Rabino, con todo mi respeto, o yo tengo toda la razón
o toda la razón la tiene ella, pero los dos a la vez es imposible.
Le hemos contado dos versiones completamente diferentes”.

El rabino les miró dulce y amorosamente y le confesó al marido:

“¿sabe lo que les digo? Que tiene usted toda la razón”.

Que corto de vistas somos al querer tener siempre razón.
Como perdemos la capacidad de amar y de dar afecto al luchar por nuestra idea.
Como intentamos interponer nuestra realidad en "defensa de la verdad”.
En vez de escuchar otros puntos de vista y aprender,
darnos el permiso de cambiar, de vivir desde otro lado,
lo que hacemos es defender a ultranza nuestra razón.

Vivimos pillados bajo el principio de la doble opinión
que viene a decirnos que existen dos opiniones: la nuestra y la equivocada.

Que bien, por el contrario, cuando aprendemos a escuchar,
a valorar realidades diferentes, a no querer tener siempre razón.
Cuando las personas descubrimos lo saludable que es no
querer tener siempre razón empezamos a ser más felices.

¿No es la mejor forma de abordar una situación el considerarla
desde todos los puntos de vista?
¿Por qué nos gusta tanto vencer al contrario?
¿Por qué nos hace sentir tan bien si no existe una única verdad, ni razón?

La realidad es subjetiva !!!

Cuando nuestras percepciones son diferentes, nuestras verdades son diferentes.
Y en ese momento también nuestro lenguaje es diferente.
Nuestras historias se hacen diferentes, aún habiendo vivido lo mismo.
Hay tantos modos de vivir una misma cosa como seres humanos.

Por ello el lenguaje es limitado el afecto y el amor no.
El lenguaje no puede transmitir la totalidad de la emoción.
El amor sí.
Y no quiero decir con esto que la amabilidad sea necesaria a cualquier precio.

Mi mensaje es de respeto, de respeto por los demás,
por sus ideas, por sus razones.
Ya se trate de un encuentro interpersonal casual o de una larga amistad, 
de tu pareja o de tus colaboradores en una empresa,
de los vecinos en el barrio o de la cola de un cine,
el respeto es darnos cuenta que los demás “SON”
y por ello tienen sus propias interpretaciones de todo lo que viven.
Debemos aspirar a respetar las actitudes de otros. 
A cada ser humano, y es la magia de la vida, nos hacen vibrar cosas diferente.

Las vivencias de cada uno son distintas, los conocimientos también, 
y mucho más las creencias, los ideales y los valores.
Todos ellos están para ser cambiados si se considera necesario.
Con consciencia, recibiendo el cambio, pero también con respeto.

Al adquirir esta habilidad de ocuparnos de los demás, nos 
transformamos en terapeutas de la vida.
Terapia viene del griego, “cuidar”.
Regalar amor, comprender a los demás aún no compartiendo sus ideales,
expresar nuestra razón y escuchar la razón de los otros,
mostrar cariño y cercanía, mejoran la naturaleza del ser humano.

Ante situaciones de estrés, de indefensión , de bajón, de pérdida
inconsciente de la realidad, de angustia, de miedo,
de incertidumbre, de tristeza, ...,
si te cogen la mano, si te abrazan, si te regalan una mirada de compresión, 
puede que nada afuera cambie, pero dentro de ti todo cambiará.
Las hormonas de la felicidad, como la serotonina, aumentan en 
cantidades importantes en sangre y las catecolaminas, 
productoras del estrés, disminuyen sustancialmente.

Numerosos estudios demuestran que al tener relaciones con una mirada 
dedicada al cuidado del otro,
las personas somos más felices, soportamos mejor el estrés,
tenemos menos miedo, hablamos más de amor y además

NO SIEMPRE 
QUEREMOS 
TENER RAZÓN


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