domingo, 17 de abril de 2016

LAS PALABRAS NO SE LAS LLEVA EL VIENTO




No! Las palabras no se las lleva el viento...

Esta semana he tenido una experiencia personal que me ha traído a la mente el recuerdo
de una historia que oí contar a Benjamin Zander, director de la Orquesta Filarmónica de Bostón,
durante un curso de Liderazgo en el que él fue mi profesor, hace ya más de 10 años.
No os contaré mi experiencia. Se queda para mi, (¡perdón!).
Pero sí la que Zander nos contó...

Decía que una mujer judía, sobreviviente del campo de concentración de Auschwitz,
cuando era niña, con 15 años, viajaba en un camión militar de prisioneros, camino del campo
de exterminio acompañada de su hermano pequeño, de 8 años de edad.
Tras cientos de kilómetros recorridos y varias paradas se dio cuenta, al mirar hacia abajo,
que su hermano iba descalzo, había perdido sus zapatos.

Y le dijo:

"Eres un niño estúpido, ni siquiera puedes cuidar tus cosas, 
... ¿cuando aprenderás?
por el amor de dios..."

Por desgracia fue lo último que le dijo a su hermano. Jamás volvió a verle.
Ella en ese momento no podía imaginar que al llegar al campo de concentración
los separarían para siempre, y que su hermano no sobreviviría muchos días
a los malos tratos que fue sometido.

Cuando ya mayor y la mujer salió de ese infierno a la VIDA,
se hizo esta promesa:

" NUNCA DIRE NADA A NADIE
QUE NO SEA LO QUE PUEDA QUEDAR
COMO LO ÚLTIMO QUE QUIERO QUE SEPA"

Ojo con lo que decimos, las palabras no se las lleva el viento.
Se quedan.
O se van.
Pero, en cualquier caso, puede que sea para siempre.
Cuídalas.
Cuida así a la gente que te acompaña en tu vida, a las que amas, a las personas que te importan.
Cuando te descubras a ti mismo con esas palabras que nada te gustaría que quedaran
como las últimas, corrígete cuanto antes, cambia tu tono, tu modo, tu lenguaje,
tu forma de decir, de sentir, tu sentido del humor, ...
Todo lo que sea necesario, por si son las últimas palabras.

También cuida las palabras si son contigo mismo.
¿Imaginas que sean las últimas que te digas? Uf!, ¿como quieres quedar contigo mismo?

Piensa en ello antes de decirlo.
Y si ya lo has dicho, cambia...

¿Y si fuera lo último?



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